Inmigrante mexicano es el rey de las bicicletas bajitas

Sus bicicletas son fruto de su mente creativa e inquieta
Inmigrante mexicano es el rey de las bicicletas bajitas
Manny Silva es dueño de Manny's Bike Shop en Compton./ foto: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

A los diez años, Manny Silva empezó a arreglar bicicletas en Ciudad Juárez, México donde nació. No imaginaba que el hambre tan grande que tenía de salir de la pobreza, lo llevaría a emigrar y a convertirse en el famoso creador de las bicicletas bajitas, una extensión de los autos que en inglés se conocen como low riders.

Cuando emigró a California a los 17 años, Manny trajo consigo su talento para diseñar las llamativas bicicletas bajitas e impuso en la década de los 80 esta tradición en el gusto de los estadounidenses.

A mi negocio vienen a rentarme bicicletas, artistas como Selena Gómez y muchos raperos de la talla de Snoop Dog, Lil’Romeo y muchos otros”, platica orgulloso.

El negocio de reparación y ventas Manny’s Bikes Shop se ha convertido en un ícono de la ciudad de Compton en el condado de Los Ángeles. Al pasar por el local, a nadie se le ocurriría pensar el mundo de coloridas bicicletas que hay dentro. “Mis bicicletas gustan mucho en la comunidad afroamericana”, dice.

Manny aprendió a reparar y armar bicicletas desde niño. Aprendió también mecánica. Para los 16 años, ya era dueño de su propio taller.

Manny Silva, dueño de Manny’s Bike Shop en Compton, creador de las bicicletas bajitas. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Obligado por la necesidad

“Desde muy pequeño fui muy trabajador. Empecé a los siete años como bolero y me iba muy bien porque hacía todo un show a mis clientes. Les bailaba y aventaba el cepillo por el aire. La gente se arremolinaba para ver mis actuaciones”, dice.

Además para desempeñar su trabajo de bolero, se ponía muy guapo. “Me llevaba mis zapatos de charol, camisa blanca, tirantes, pantalón negro y corbata de moño. Me iba mejor que a los boleros adultos. Me pagaban hasta 3 pesos por boleada y a ellos 40 centavos”, narra.

Manny revela que todo su esfuerzo era por ayudar a su madre quien quedó viuda cuando él apenas tenía tres meses de edad.

“Ella lavaba y planchaba ajeno. Un día que la vi arrodillada llorando ,de lo cansada que estaba de tanto trabajar, le prometí a Dios que le daría la mitad de mis galletas si me ayudaba a ganar dinero. Todo lo que ganaba de las boleadas se lo entregaba a mi mamá”, recuerda.

“Después cuando a los 16 años, puse mi propio taller de bicicletas en Ciudad Juárez, le cambié el trato a Dios, y le dije que si me ayudaba a ganar dinero, le daría la mitad de todos mis ingresos y todo lo que comprara a mi madre. Si compraba una sandia, la mitad era para ella”, dice.

Manny cuenta que así fue hasta el final de los días de su madre. “Me di el gusto de comprarle no una sino dos casas”, relata.

Las bicicletas bajitas que Manny diseña en papel y luego crea en su taller, son una extensión de los vistosos carros que se conocen como low riders, y que están equipados con un sistema electro-hidraúlico para subir y bajar.

Yo tuve mucho éxito porque me dediqué a transformar bicicletas podridas. Las dejaba ‘peor que nuevas’, y las daba más baratas que una nueva”, explica.

Además de bajitas, sus bicicletas están tan adornadas que no pasan desapercibidas.

“Aquí hacemos todo. Las diseñamos, soldamos, pintamos”, precisa.

Pero de dónde le vienen tantas ideas para crear bicicletas extravagantes y únicas.

“De repente voy manejando por el freeway y me tengo que parar, para apuntar la idea que se viene a la cabeza. A veces, me levanto en la madrugada con una idea y la escribo o me pongo a dibujar para no perderla. Si no lo hago, se me olvidan”, observa.

Manny Silva trabaja con su hijo Manny Jr. Silva . (Aurelia Ventura/La Opinión)

Menor no acompañado

A los 17 años, Manny emigró de Ciudad Juárez directo a Compton, California donde tenía una hermana.

“Vine como de vacaciones. Ya estaba casado”, precisa.

Pero inquieto como él solo, consiguió empleo en un taller de reparación de bicicletas.

“Dije me voy a quedar un poquito de tiempo y luego me regreso. Pero me quedé y mandé traer a mi esposa antes de que me la fueran a ganar. Era muy guapa”, platica.

Manny dice que conoció a su esposa a los 13 años y se casó con ella cuando tenía 16 años. “Yo fui su primer y último novio. Ella falleció hace 20 años. Nuestro amor fue mejor que el de Romeo y Julieta. Duramos 33 años juntos. Murió a los 46 años de un derrame cerebral. Tuvimos cinco hijos que nos han dado 25 nietos”.

A pesar de que a este inmigrante, quien ya es ciudadano estadounidense, le iba bien en el taller para el que trabajaba, decidió abrir su propio negocio Manny’s Bikes Shop hace 45 años. “Cada vez que yo me quería salir del trabajo, me aumentaba más y más el sueldo. Hasta que ya no acepté aumentos y me independicé tres años después de haber llegado de Ciudad Juárez”, cuenta.

Al principio solo se dedicó a reconstruir bicicletas. “Las dejaba como nuevas. Sus propietarios no las reconocían cuando venían por ellas”, expone.

Fue en 1984 cuando se puso a diseñar las bicicletas bajitas.

“Una de las cosas de las que más me siento satisfecho es de diseñar bicicletas para personas con algún tipo de discapacidad o que están paralizados o les falta un brazo o una pierna”, dice.

Sus bicicletas bajitas son muy cotizadas. Algunas llegan a costar hasta 15,000 dólares. Las más baratas cuestan 500 dólares.

Manny Silva trabaja aprendió desde niño a reparar bicicletas, y con el tiempo se hizo diseñador de las bicicletas bajitas.(Aurelia Ventura/La Opinión)

A puro trabajo duro

Manny se siente muy feliz porque asegura que él personifica el sueño americano.

“A mi lo que me dio fuerza, fue el hambre y la pobreza. Quería salir de una manera honesta con valores morales”, sostiene.

Confía que su familia era tan pobre, que cuando él era niño ni siquiera soñaba con poder comprarse una paleta. “Yo me conformaba con una chupadita. Se me caía la baba cuando veía a otro niño comer una naranja o tomar una soda”, externa.

Junto a Manny trabaja su hijo del mismo nombre quien espera que continúe con el arte de crear a mano las llamativas bicicletas bajitas adornadas con colores brillantes cromados y detalles retorcidos, espejos y otros ornamentos que atraen la atención en las calles. Algunas bicicletas tienen tres ruedas, y otras van adaptadas con aparatos para escuchar música a todo volumen. Al igual que los autos low riders, están adaptadas para bajar y subir.