Abuelos inmigrantes unen sus vidas y sus familias

Se casaron en la tercera edad, hoy sus nueve hijos y 15 nietos celebran la llegaba de la 'green card'
Abuelos inmigrantes unen sus vidas y sus familias
Dan Abud abraza a su esposa Adela Ochoa, quien muestra contenta su tarjeta de residencia permanente. / foto: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Cuando en junio de 2010, Adela Ochoa abordó el autobús en Los Ángeles para llevar su nieta Xitlali de seis años a Long Beach, nunca imaginó que en ese viaje a la playa encontraría el amor y la residencia permanente en los Estados Unidos.

“Mi nieta se durmió con la boca abierta en el autobús. Un hombre que se había subido, me dijo que se le iba a meter una mosca a la niña”, recuerda Adela riendo.

El comentario fue el pretexto para que comenzaran a echar la plática. “Yo le dije que era mexicana. Él me dijo que era Nicaragüense. Yo le respondí, mmm…”.

“Qué no le ha ido bien con los nicaragüenses”, le preguntó él. “Tuve una relación con un nicaragüense, pero no fue buena”, le confió Adela al desconocido.

Adela Ochoa con su esposo veterano Dan Abud y su familia. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

Antes de bajarse del autobús, ambos compartieron sus teléfonos.

El hombre que Adela conoció, resultó ser Dan Abud, un inmigrante de Nicaragua, veterano de Vietnam, ciudadano de los Estados Unidos, divorciado y padre de cinco hijas adultas y nueve nietos. Adela era divorciada, indocumentada de Puebla, México, madre de cuatro hijos y seis nietos.

‘Yo no volví a saber de Dan por tres meses hasta que un día me llamó por teléfono. ‘Soy El Nica del Bus”, me dijo. Yo lo saludé como si nada y platicamos por un buen rato “, recuerda Adela.

Dan dice que no la contactó antes porque no tenía dinero, pero cuando le dijeron que su cheque federal por haber ido a la Guerra de Vietnam iba a aumentar, decidió llamar a Adela para invitarla a salir.

“Nos reencontramos en la parada de autobús de Norwalk donde viven mis hijos. Y lo invité a la casa de uno de mis hijos”, comenta Adela.

Adela Ochoa con su esposo Dan Abud quien la ayudó a obtener su residencia permanente. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

Ahí inició la amistad entre la pareja y comenzaron las citas. “Tres meses después, Dan me invitó a irme a vivir con él. Vivimos tres años juntos hasta que me propuso matrimonio y nos casamos el 24 de mayo de 2014, cuatro años después de conocernos en el bus”, narra Adela. “Curiosamente a su novio anterior también de Nicaragua, lo había conocido en el Metro de Los Ángeles”, comenta divertida.

Dan reconoce que a su edad, él no tenía mucho tiempo que perder y buscaba la compañía de una mujer porque además ya era un hombre jubilado. Había trabajado durante 30 años como vendedor de todo tipo de seguros, y Adela le pareció una buena mujer.

En el año 2015, Dan solicitó la residencia de Adela. “A mi me habían mandado traer mis hijos de México en 1998. Ya todos vivían en Estados Unidos, y yo estaba sola en mi pueblo. Me cruzaron por una vereda en Tijuana y me entregaron en Corona a mis hijos”, dice esta madre, abuela y esposa.

Los primeros años trabajó en una fábrica hasta que sus hijos le propusieron contratarla como nana de sus nietos.

Adela Ochoa muestra orgullosa las fotos de sus nietos. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

Con la asistencia legal del abogado de migración, Eric Price, Adela consiguió hacerse residente sin necesidad de salir del país para pedir un perdón por no tener una entrada legal.

“Tuvimos la suerte de que en la entrevista para la residencia, al oficial de migración se le acababa de morir su padre que también era veterano de Vietnam. Se emocionó mucho con nuestra historia, y nos dijo que iba a agilizar la residencia de Adela. En cinco días, le llegó su tarjeta de residencia permanente por diez años”, dice Dan.

El 5 de abril de 2019, Adela se convirtió en residente permanente de los Estados Unidos.

Ella cuenta que nunca se unió a Dan por obtener su residencia ya que a través de sus hijos que habían cumplido la mayoría de edad, podía solicitarla.

Tan pronto le aprobaron la residencia, viajó a México para reunirse con su madre que estaba en la etapa final de una enfermedad que se le había complicado. “Yo me fui al siguiente día a México, regresé dos semanas después a Los Ángeles, y a los pocos días, tuve que volver porque mi madre falleció”, dice.

Adela Ochoa y Dan Abud encontraron el amor en la tercera edad. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

Sin embargo, la residencia le dio la oportunidad de reunificarse con su madre a la que no había visto en 20 años. “Me llegó justo a tiempo para ir a despedirme de ella”, recuerda con tristeza.

En la actualidad, Dan tiene 74 años y Adela, 61 años. Ambos han compaginado muy bien sus vidas. “Dan es muy alegre, muy abierto y no hace drama de nada”, dice Adela.  Debido a que Dan tiene una jubilación por ser veterano, le pidió a Adela dejar del trabajo y dedicarse a disfrutar la vida juntos, sin presiones.

Los hijos y nietos de ambos conviven como una sola familia. “Aunque a medida que han ido creciendo ya tienen sus propios compromisos, y ya no nos podemos verlos tanto como antes”, aclara Adela.

” A Dan lo quieren mucho mis hijos y mis nietos. Es un abuelo muy juguetón”, dice Adela.

Adela Ochoa y Dan Abud con su nieto, el día que recibió la residencia permanente en abril de 2019. (Foto suministrada)

Dan comenta que sus nietos lo hacen sentir viejo, pero a la vez gustoso de ver que su sangre sigue en este mundo.

Adela platica que sus nietos solo le dan alegría. “Mi papel no es educarlos ni corregirlos sino consentirlos y apapacharlos”, observa.

Para ambos, no hay distinción entre los nietos, no los los tuyos y los míos. Ellos son abuelos de todos.

El Día del Abuelo planean reunirse en su departamento en la ciudad de Paramount. “Es cumpleaños de uno de mis hijos. Voy hacer mole con hongos y vamos a aprovechar para celebrar”, dice Adela feliz.