José José llegó a vivir en un taxi como desamparado por su adicción a la cocaína y al alcohol

"Inhalaba cocaína para estar sobrio y salir a cantar, porque la cocaína rebaja la borrachera", confesó en una entrevista

José José en una foto del 19 noviembre de 2014.
José José en una foto del 19 noviembre de 2014.
Foto: Madla Hartz / Efe

La gloriosa y productiva vida de José José no estuvo exenta de sombras; de vacíos que parecían insalvables.

Son múltiples los ejemplos de consagrados artistas que incapaces de manejar en su totalidad la fama, caen estrepitosamente en hoyos que, en momentos, parecen no tener salida.

Ese fue el caso del “Príncipe de la canción”. Sin embargo, contrario a otras historias más trágicas, el mexicano pudo salir a la superficie.

El intérprete murió este sábado como resultado de su padecimiento de cáncer de páncreas.

Sin embargo, fueron muchas las batallas físicas y emocionales que José José superó hasta que esa enfermedad lo sorprendió.

Una de las más difíciles fue la adicción a drogas como la cocaína y al alcohol.

En los 80, debido a las intensas jornadas de trabajo, el cantante se habituó al alcohol como un medio para calmar la ansiedad, y de ahí, pasó a la cocaína.

Sin embargo, perdió el control al punto que terminó viviendo un tiempo con otros cuatro adictos dentro de un taxi abandonado en las calles del pueblo de Tulyehulco, delegación Xochimilco.

El propio artista lo reconoció en una entrevista con la periodista Lorena Corpues del periódico El Norte.

“Acabé viviendo en un taxi con otros cuatro adictos en Tulyehualco, cerca de la Ciudad de México“, declaró.

“Inhalaba cocaína para estar sobrio y salir a cantar, porque la cocaína rebaja la borrachera”, confesó en la entrevista realizada en el 2015 cuando ya llevaba 22 años de estar sobrio.

El divorcio de su esposa Anel Noreña y la crisis económica que pasaba agravó el panorama, y, por ende, su adicción.

El intérprete dijo que era “todo huesos” y que fue su tercera esposa -hoy viuda, Sara Salazar, quien lo ayudó a levantarse.

“Para poder salir a trabajar la usaba. Los dos últimos años de mi crisis, 91 y 92”, detalló.

Agregó que se estaba suicidando lentamente.

“A diario, el suicidio lento, pero seguro. ¿Me entendió? Con esas cantidades de alcohol y de droga pues nos estábamos matando. Yo acabé viviendo en un taxi con otros cuatro adictos en Tulyehualco”.

El estrés bajo el que vivía el artista también lo llevó a usar cortisol para disminuir los niveles, pero esto desencadenó en una prótesis, ya que dicha sustancia mató los vasos sanguíneos de su fémur.

Adicional, su adicción al alcohol le afectó la cuerdas vocales, problema del que no logró recuperarse hasta el día de su muerte.