Develan una estatua en honor a los braceros

Los trabajadores agrícolas mexicanos que llegaron a trabajar a Estados Unidos de 1942 a 1964 quedan inmortalizados a un costado de la Placita Olvera
Develan una estatua en honor a los braceros
La estatua que retrata a un trabajador y a su familia es de bronce y mide 19 pies de altura. (Jorger M)
Foto: Impremedia

Decenas de mexicanos, viudas, esposas, hijos y nietos vivieron una noche histórica al ser testigos de la develación de una estatua que honra la memoria de los héroes que surcaron los campos agrícolas, las minas y ayudaron a la construcción de las vías férreas de   Estados Unidos cuando este país más lo necesitaba, ya que sus soldados se encontraban combatiendo durante la Segunda Guerra Mundial.

Emocionados hasta las lágrimas, los “viejitos” esperaron con ansias que el escultor Dan Medina, el concejal José Huizar, su tío Gilberto -que fue bracero- y Baldomero Capiz, líder de los campesinos apretaran a un mismo tiempo el botón que corrió las cortinas que tapaban la obra de arte,

 “Después que develamos la estatua [del fallecido cantante ranchero] Antonio Aguilar, hace más de siete años surgió la idea de reconocer también a los braceros”, dijo el concejal Huizar, a La Opinión. “Lo más difícil fue conseguir los fondos, y luego, un lugar a un bloque de la Placita Olvera”.

A la inauguración de la estatua llegaron funcionarios, activistas, exbraceros y familiares de los trabajadores. (Jorge Macías)

Para la realización del proyecto, el estado otorgó 3 millones de dólares para componer las calles alrededor del área donde se encuentra la estatua -entre la calle Main y la avenida Cesar Chávez-.

Otros 200,000 dólares fueron donados por la compañía Crunnell Crow de desarrollo de vivienda para darle forma a la plaza.

La estatua de bronce de 19 pies de altura retrata a un migrante mexicano y su familia. Esta en un pedestal en la placita Olvera, donde se fundó la ciudad de Los Ángeles.

“La historia de los braceros no ha sido contada en los libros”, dijo Huizar, cuyo padre, don Simón Huizar Bañuelos, quien falleció en 1990 fue uno de esos hombres que cultivaron a la tierra desde Stockton al Valle Imperial, en Texas y Arizona, en la pisca de la fresa, algodón y manzanas. “Con este reconocimiento queremos decirle a Estados Unidos que recuerde la historia”.

Este es el primer grupo de braceros mexicanos que dormían en barracas y vivían en campos asegurados con alambres de púas. (Jorge Macías)

Bajo el Programa Bracero, -de 1942 a 1964- se firmaron 4,6 millones de contratos laborales y surgió una serie de acuerdos bilaterales entre México y estados Unidos que permitieron que millones de hombres mexicanos vinieran a trabajar,  principalmente en los campos agrícolas.

Los braceros también ayudaron en la construcción de las vías ferroviarias durante la Segunda Guerra Mundial (1941-1945), mientras los soldados estadounidenses se hallaban en combate.

“Ya era tiempo de darles gracias a los braceros por lo que hicieron por este país; sufrieron vidas difíciles; los mayordomos los maltrataban, no les pagaban bien y los explotaban”, dijo el funcionario angelino. “Trabajaban sin descanso y no les daban agua; los ponían a dormir en barracas y vivían como animales”.

En los contratos que firmaban los braceros, una cláusula establecía que les reducirían el 10% de sus salarios, con la promesa de que ese dinero se les reembolsaría a través del desaparecido Banco Nacional Rural (Banrural). El dinero “desapareció” de las manos del gobierno mexicano.

Martha Jiménez, activista comunitaria del Este de Los Ángeles y su padre, Rigoberto, uno de los héroes de los surcos agrícolas de California y Estados Unidos. (Jorge Macías)

“Yo vine a trabajar como cinco veces, pero uno no hacía cuentas “, recordó Rigoberto Jiménez, de 83 años de edad, un hombre nacido en Las Animas, en Nochistlán, Zacatecas. “Por suerte a mí me regresaron 3,500 dólares, algo pequeño, pero es mejor que nada”.

Su hija, Martha Ofelia Jiménez, una activista comunitaria en el Este de Los Ángeles enalteció la figura de su padre: “Mi papá es mi mayor modelo ejemplar e inspiración en mi vida y desde que tengo uso de razón ha sido un “guerrero de la luz” incansable. Él me dio mis primeras lecciones de siempre: abogar por la justicia social en diferentes ámbitos y ver a todo mundo con el corazón.  Él es mi soldado del riel y del campo”.

También, Cleotilde Razo Santoyo y su esposo Jorge, originarios de Morelia, Michoacán, dijeron que desde que se dio el veredicto oficial de la demanda colectiva en contra del gobierno mexicano que se dio en 2011, ellos no han recibido ninguna bonificación.

Elba Cueva lleva una foto donde aparece su padre, Salvador Cuevas, quien tiene 78 años y fue trabajador agrícola en ese tiempo.

“Yo reclamaba los derechos de mi padre, José Santoyo, pero nos hicieron dar muchas vueltas y nunca nos dieron un centavo”, dijo Cleotilde.

Es la misma situación de Juan Ávila, de 85 años de edad, quien nació en Fresnillo, Zacatecas, y de Gregorio Ibarra, de 83 años, un residente de San Pedro que expresó: “Nomás se hacen mensos y no pagan lo que nos robaron”.