Diana Trujillo, la inmigrante colombiana líder de la Misión Curiosity en Marte

Siempre supo que quería trabajar para la NASA y lo consiguió a base de mucho trabajo y estudio
Diana Trujillo, la inmigrante colombiana líder de la Misión Curiosity en Marte
Diana Trujillo llegó en el 2000 a EEUU sin saber hablar inglés. (Aurelia Ventura/La Opinión)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Desde que Diana Trujillo era una niña en su natal Cali, Colombia, le gustaba mirar las estrellas y sentía curiosidad por entender cómo funcionaba todo allá arriba en el espacio.

Jamás pensó que un día sería una ingeniera aeroespacial y trabajaría para la agencia espacial estadounidense (NASA, por sus siglas en inglés); y además, que sería líder de la Misión Curiosity, la más ambiciosa para explorar la posibilidad de vida en el planeta rojo de Marte.

“A mí me fascinó el espacio porque todo coexiste completamente perfecto. Tú te paras afuera y no ves estrellas estrellándose. Cuando uno mira para arriba y ves las estrellas, te dan paz”, dice Diana.

Diana Trujillo ha trabajado muy duro para estar donde ella siempre quiso estar, en la NASA. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Esta inmigrante colombiana, lleva 11 años de trabajar en la NASA, en la ciudad de Pasadena.

Todo comenzó en el año 2000, cuando a los 17 años decidió emigrar a los Estados Unidos.

“Me gradué de high school (secundariaen mayo, y tres días después me monté en un avión rumbo a Miami”, recuerda.

Lo hizo en parte motivada porque sus padres se habían divorciado en medio de una relación de violencia doméstica y quería ayudar a su madre.

“Mi papá dejó sin nada a mi mamá. Dije, yo me voy primero, así consigo dinero y trato de ayudarla. Luego vuelvo por ella y mis hermanos”.  Esos eran sus planes cuando emigró.

Diana Trujillo trabaja desde 2008 en el Laboratorio de Propulsión a chorro de la NASA contribuyendo a las misiones espaciales robóticas y humanas. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Llegó con 300 dólares en el bolsillo. “Cogí tres trabajos, uno de ellos en la limpieza de casas, pero eventualmente conseguí dinero para ir al community college a aprender inglés y estudiar ciencias espaciales. Después fui a la Universidad de la Florida a estudiar para ingeniera aeroespacial. No tenía idea que tenía buenas notas. Eso hizo que la universidad me pagara toda la carrera”, precisa.

Cuatro años más tarde pudo traer a su mamá a los EEUU. “Uno de mis hermanos se fue a Argentina, y el otro se quedó en Cali”, agrega.

En la Florida, su curiosidad por el espacio creció. “Cuando vine acá. Yo dije qué hay allá en el espacio que funciona tan bien, por qué, cómo coexiste, quiero entender”, se preguntaba.

Ya en la universidad venció su timidez y se atrevió a decirle a uno de sus profesores, que quería ser astronauta. “Me dijo que había una pasantía en la Academia de la NASA y que debía aplicar. La aplicación era muy larga, no menos de 300 palabras por pregunta. Yo no sabía mucho inglés. La llené, pero me quedé muy preocupada porque pensaba que podía haber escrito algo mal”, narra.

Por esa razón, decidió no mandar la solicitud. Sin embargo, no contaba con que un amigo, se metería a su computadora y mandaría la solicitud sin ella saberlo.

Diana Trujillo estuvo entre las primeras 30 personas en ver las imágenes de Marte. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Diana resultó seleccionada para la Pasantía de la Academia de la NASA en 2006. Fue la primera inmigrante hispana en ese programa.

“En esa pasantía a uno lo llevan a viajar por todos los centros de la NASA del país. Conocimos astronautas, a los directores de los centros y presidentes de las compañías que trabajan con vehículos espaciales. Fuimos al lanzamiento de un shuttle espacial en la Florida. Ahí me di cuenta que yo pensaba como todo el mundo que estaba en esa comunidad. Teníamos muchas cosas en común. Esta es mi gente”, recuerda.

Al final de la pasantía, once semanas después, Diana tenía claro lo que quería hacer con su vida y eso era, trabajar para la NASA.

“Lo que sucedió es que, en esa pasantía, escogen a los dos mejores estudiantes para que vayan a trabajar al Departamento de Educación de la NASA. Me seleccionaron a mí. Yo me propuse hacer bastantes contactos. Terminé trabajando por un año para la NASA”, relata.

Cuando dejó la agencia espacial, consiguió empleo con una compañía subcontratista de la propia NASA.

“Lo más chistoso fue que empezaba un lunes y me llamaron el domingo para decirme que ya no había trabajo. Casi me muero. Yo iba a comenzar a trabajar en una misión de Marte. Marte siempre ha estado en mi vida. Cancelaron el proyecto, pero me dijeron que no me iban a echar”.

A Diana la asignaron a un programa sobre una cápsula que iba al espacio del que nadie quería ser parte.

Diana Trujillo dice que no ha habido ninguna magia para llegar a la NASA, solo estudio y la ética hispana de trabajo. (Araceli Martínez/La Opinión).

“Ese proyecto me abrió las puertas en una forma que nunca creí. Me tocó ir a la Florida y trabajar con la NASA, pretender que era una astronauta, conocer astronautas y ver cómo íbamos a hacer el vehículo”, precisa.

Aunque le estaba yendo muy bien en la empresa para la que trabajaba, una vez más Diana confirmó que su sueño era trabajar con la compañía aeroespacial.

Para entonces ya se había casado. Un cambio de sede del trabajo de su esposo de La Florida a Los Ángeles definió su destino profesional, ya que se atrevió a presentar una solicitud para trabajar en la NASA de Pasadena.

“Yo pensé: es súper difícil. Esa vaina no va a salir. Pero gracias a Dios, me aceptaron. Me vine a Los Ángeles a trabajar en la NASA, ya llevo 11 años y estoy muy contenta”, comenta.

“He aprendido mucho con toda la exploración que hemos hecho en Marte. Es extremadamente interesante desde la perspectiva que podemos aprender más lo que pasa con la tierra y qué hacer para prevenir los daños a nuestro planeta”, explica

Adicionalmente han descubierto lo que hay en Marte. “En todas esas exploraciones, no hemos encontrado nada. Es como que te levantas y miras el desierto Mojave todos los días. Y en algún momento dices, qué más hay acá. Y si no encontramos nada, vamos para otro lado”, señala.

Diana Trujillo siempre tuvo muy claro que su pasión era el espacio y quería trabajar en la NASA. (EFE).

Ética hispana

Aunque de niña nunca se imaginó venir a EEUU y trabajar en la NASA, dice que una vez que decidió lo que quería hacer con su vida, se lo creyó todo.

“Yo me hice una película en mi cabeza. Me levantaba con visiones de lo que quería hacer. Veía dónde estaba, quién me hablaba, tenía conversaciones. Cuando llegué a la NASA y entré al cuarto de operaciones, dije, Dios mío este es el cuarto que yo veía en mi cabeza”, recuerda.

Pero para hacer realidad sus sueños, dice que no hubo nada mágico, más allá de estudiar y trabajar mucho.

“Es la ética del trabajo hispano, te levantas más temprano y te acuestas después de que todo mundo está dormido. Le das y le buscas”, dice.

Sus recomendaciones para que las jóvenes latinas, es estudiar, enfrentar los problemas, absorberlo todo y coger las herramientas para estar preparadas cuando la oportunidad se presente.

“Yo sugeriría coger todas las oportunidades, sean chicas o grandes, aún si te da miedo”, subraya.

El primer trabajo que tuvo en la empresa subcontratista de la NASA parecía insignificante, cuenta. “Resultó ser uno de los de mayor impacto en mi vida”.

Tuvo que aprenderse dos páginas de acrónimos porque el presidente de la compañía no sabía qué significaban.

“¿En serio? Yo fui a la universidad para aprenderme dos páginas. Estaba de mal genio. Pero dije, voy hacerlo, Dios tiene un plan. Me dio por decirle al señor que significaban los acrónimos y me llevó a todas las juntas de la NASA donde estaban los jefes. Yo era la más joven. Me hice amiga de todo mundo y ellos también me preguntaban. Eso me abrió las puertas, como no tienes idea”, asegura.

La colombiana Diana Trujillo que dirige el camino de exploración del “Curiosity”. (EFE)

Los retos

Y dice que en su ambiente profesional sí hay varios latinos, pero platica que existe la idea de que entre menos latino te veas, más aceptable estás en el trabajo. “Es muy difícil cuando, entras porque todos son hombres blancos. En ese momento, sientes que todo mundo se va a dar cuenta, y van a decir, tú tienes un acento, no entiendo lo que estás diciendo”.

Ella llegó a la conclusión de que si alguien en su entorno laboral, aun sabiendo toda la cuestión técnica no la entiende por su acento, se lo vuelve a explicar y qué importa.

“Pero es solo un segundo que te gustaría que no importara de dónde vienes; hasta que me di cuenta que sí importa de dónde vengo, porque eso me da empuje para dónde yo quiero ir”, exclama.

En cuanto si alguna vez se ha sentido discriminada, explica que ella decidió que no lo iba a permitir. “La discriminación viene de dos lados. Si yo no acepto la ofensa, no permito una discriminación hacia mí”, precisa.

En la actualidad trabaja para el Departamento de Ingeniería de Sistemas para la Superficie de Marte 2020, en el Laboratorio Propulsión a Chorro de la  NASA. “Mi grupo es el que está haciendo el trabajo. Trabajamos en las llantas, el brazo, en ver cómo vamos a colectar las rocas que vamos a recoger y cómo empacarlas para devolverlas a la tierra”, explica. Desde 2014 es la líder de la Misión Curiosity en Marte.

Está casada y es madre de dos hijos de 4 y 2 años.

“No hubiese podido hacer todo lo que he hecho si yo no fuera latina y sin la ayuda de mi familia. Mi madre María Patricia me ha ayudado impresionantemente a cuidar a mis hijos. Eso es algo que la cultura de nosotros lo tiene al frente. Todo mundo se mete a ayudarte. Hasta mi abuela Mery vino de Colombia por seis meses cuando le dije a mi mamá, voy a trabajar hasta muy tarde en las noches´´.  Y mi abuela respondió´´, yo me voy [contigo], yo te ayudo con los niños”.