Juez da residencia a padre soltero y evita el sufrimiento de sus seis hijos

Vivió más de tres décadas como indocumentado con miedo a la deportación y estafado por un notario
Juez da residencia a padre soltero y evita el sufrimiento de sus seis hijos
Eduardo Chamu Urieta,muestra contento su tarjeta de residente permanente. / foto: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Eduardo Chamu, un inmigrante mexicano a quien su esposa lo abandonó con seis hijos, logró uno de sus más grandes sueños, obtener la residencia de los Estados Unidos después de más tres décadas de vivir en la sombras. Un juez de migración se la otorgó para evitar el sufrimiento extremo de sus hijos nacidos en Estados Unidos en caso de ser deportado.

“Me siento muy feliz, muy contento”, exclama Eduardo quien confiesa que vivió muchos años con miedo a que lo fueran a deportar y que sus hijos se quedaran huérfanos. 

Y no le faltaba razón, tenía una orden de deportación que le salió después de que puso su suerte en manos de un notario y un par de abogados que lo hicieron pasar como centroamericano y le solicitaron el asilo político.

Eduardo de 50 años de edad dejó su pueblo Coyuca de Catalán en el estado de Guerrero en 1989 para venir a Estados Unidos en busca de una mejor vida.

Eduardo Chamu Urieta, padre soltero de seis hijos celebra su residencia permanente. (Aurelia Ventura/La Opinión/cortesía Paulina Herrera)

En 1995 se casó con una mujer centroamericana que conoció en el condado de Costa Mesa donde trabajaba en la agricultura de los ranchos de los alrededores.

La pareja tuvo seis hijos varones. Lo más chicos son gemelos. En 2009 decidieron separarse. El juez determinó que los hijos se dividirían, tres con cada padre. Sin embargo, un día, la esposa le llamó por teléfono para decirle que se fuera al apartamento a hacerse cargo de los hijos.

La esposa se fue y nunca volvió. El más grande de sus hijos tenía entonces 13 años. En los últimos diez años, Eduardo la hizo de papá y mamá.

Eduardo Chamu Urieta espero 30 años para ser residente de los EE UU. (Aurelia Ventura/La Opinión)

En busca de estatus

Pero previo a sus problemas maritales, en 2001 había acudido a un notario en busca de alguna solución a su estatus migratorio.

“Ellos me dijeron que me iban a arreglar por el tiempo, pero en 2006 me salió una orden de deportación porque me hicieron pasar por centroamericano, solicitaron el asilo político y me lo negaron”, recuerda.

A partir de entonces y durante varios años, peinó el condado de Orange en busca de algún buen abogado de migración.

“Yo iba con todos los que salían dando entrevistas o se anunciaban en los medios de comunicación. Creía que eran buenos por salir en la tele. Me sacaron miles de dólares en un periodo de siete años. Nunca hicieron nada. Solo hubo en Los Ángeles, un abogado que no me cobró por la consulta. Fue honesto y me dijo que no podía hacer nada por mi”, precisa.

A medida que se le cerraban todas las puertas, Eduardo dice que iba acumulando mucho coraje y frustración.

“Por fin, fui a dar a la oficina del abogado Eric Price en Los Ángeles. A él, le pareció un caso especial. No me dio esperanzas, pero sentí confianza cuando me dijo que me garantizaba que no me deportarían mientras se llevaba a cabo el proceso, el cual iba a ser largo, me advirtió”.

Eduardo Chamu Urieta con su abogado en migración Eric Price. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Salió de las oficinas del defensor con mucha más seguridad y certeza sobre su futuro. “Ellos me consiguieron de inmediato un permiso de trabajo”, precisa.

Fue la abogada en migración Denise Cabrera del equipo legal de Price a quien se le asignó su caso.

“Él vino a vernos para una consulta en 2013. Nosotros revisamos todo su expediente y solicitamos en 2015 que se reabriera el caso en la Corte de Migración”, dice.

Un año después consiguieron la reapertura. “Esto fue posible cuando al investigar, nos dimos cuenta que los dos abogados que llevaron su caso, y que a su vez fueron contratados por el notario al que se acercó Eduardo, tenían problemas en la Barra de Abogados de California. Uno no tenía su licencia activa; y el otro había sido dado de baja”, sostiene.

Esas fallas fundamentales en la defensa orquestada por el notario le permitieron a la abogada Cabrera reabrir el caso en la corte.

“Eso significó en la práctica que la orden de deportación que pesaba sobre Eduardo, quedaba suspendida”, explica.

Después de varias audiencias en la corte de migración en Los Ángeles, el padre soltero acompañado de sus hijos, se presentó a juicio.

“Sus dos hijos menores de 13 y 18 años testificaron. El de 18 años, un estudiante senior de la secundaria habló de cómo había sido su vida desde que su madre los abandonó. Le dijo a la juez que su padre era todo para ellos, y no querían volver a ver a su madre”, narra la abogada.

Y a decir de la defensora, la juez quedó muy impactada por las declaraciones de los hijos de Eduardo.

“Ella pudo notar cómo estaban afectados”, afirma.

En esa audiencia y en ese mismo día, en enero de 2018, después de escuchar el testimonio de los hijos, la juez aprobó la residencia para Eduardo basado en el sufrimiento extremo que provocaría en sus hijos ciudadanos estadounidenses, la deportación de su padre y único proveedor.

Sin embargo, dice que debido a que solo se dan 10,000 tarjetas de residencia al año, a personas a quienes se les canceló la deportación, Eduardo tuvo que esperar casi dos años para recibirla.

Eduardo Chamu Urieta camina a la escuela a sus hijos más pequeños. (Aurelia Ventura/La Opinión/Cortesía Paulina Herrera)

Lecciones

La abogada considera que el caso de este padre fue difícil por todo el tiempo y esfuerzo que implicó.

“Hay muchas lecciones que deja, primero tener paciencia. A Eduardo le tomó cinco años obtener su residencia, entre 2013 y 2019; la segunda lección es que no pongan su destino migratorio en manos de personas que no tienen la preparación como los notarios públicos”, dice.

Aclara que un notario público en Estados Unidos no es un abogado como en otros países de Latinoamérica. “En ocasiones solo hacen un curso de cuatro horas para tomar un examen y convertirse en notarios. Algunos solo tienen la secundaria, y lo que hacen es complicar los casos de los inmigrantes”, comenta.

Eduardo Chamu Urieta sacó adelante solo a sus seis hijos. (Aurelia Ventura/La Opinión/Cortesía Paulina Herrera)

Una emoción muy fuerte

La semana pasada, a Eduardo le llegó la residencia por correo postal.

“Me llegaron tres sobres. En el tercero que abrí, venía mi tarjeta de residente”, dice esbozando una sonrisa de oreja a oreja. 

“Mi segundo sueño ya lo conseguí, comprarme un ranchito en Bakersfield a donde me llevé a mis hijos para que crezcan con más libertad y en un ambiente más sano”, dice.

Su tercer sueño es ir a visitar su pueblo. “En más de 30 años no he podido regresar a México”, comenta.

Pero lo mejor que le ha traído la tarjeta de residencia de los EE UU, es ver la alegría en la cara de sus hijos.

Están muy contentos. Ellos también vivieron por muchos años con miedo a que nos fueran a separar”, dice.

“Ni yo me explico cómo le hice para sacarlos adelante solo mientras batallaba con mi dolor por el abandono de quien era mi esposa y con los abogados de migración que solo me sacaban dinero ”, admite.

VIDEO

Los dos hijos mayores de Eduardo, José Eduardo de 24 años y Johnys Davis de 21 años ya se han independizado. 

Todavía viven con él, su hijo Adiel Adolfo de 20 años, Adrián de 16 años y sus hijos gemelos Jason y Jefferson de 13 años.