La reacción positiva de la comunidad ante la adversidad de la 187

Los latinos en California supieron sacarle provecho a la ley antiinmigrante que apoyó el gobernador Pete Wilson
La reacción positiva de la comunidad ante la adversidad de la 187
Visita del gobernador Pete Wilson a La Opinión en 1994. En ese momento, Gerardo López (de saco blanco) era jefe de redacción del diario.
Foto: Gerardo López

Cuando la vida te da limones, haz limonada, reza el refrán. Y eso mismo fue lo que hizo la comunidad latina de California en 1994 con los limones que le dio la Proposición 187.

1994 escenificó un choque de fuerzas en California muy parecido al que se vive hoy en el país. Incluyendo la imagen de fondo: un muro.

La actriz principal de esta escena fue la Proposición 187, la iniciativa electoral anti inmigrante sometida a votación en noviembre de 1994, que sembró y marcó la división en la población.

En mi opinión, todo comenzó con la caída del muro de Berlín en 1989 y su destrucción en 1992. Esa caída vino a secar las partidas multimillonarias asignadas por el Congreso federal al complejo industrial armamentista, asentado principalmente en California.

Portada de La Opinión un día después de la victoria de la Proposición 187.

Ante esa sequía de fondos federales, el cierre de muchas empresas grandes y de muchas otras que funcionaban como abastecedoras, o satélites de las primeras, no se hizo esperar. Miles de personas perdieron sus empleos en California. El Estado pronto se hundió en una depresión económica.

Y comenzó el jaripeo.

Ese era un año electoral en California. El republicano Pete Wilson se enfrentaba a la demócrata Kathleen Brown para el cargo de gobernador.

Recuerdo a Pete Wilson quien, durante una conversación con el consejo editorial de La Opinión, nos dijo que el primer acto de discriminación contra un ser humano se comete en el seno de una madre a quien se le niegan o le resultan inaccesibles los cuidados prenatales.

Hasta ese punto, Wilson era un republicano con corazón, moderado. Pero aparecieron las encuestas que favorecían a la señora Brown. Se intensificaban las voces de la Proposición 187, que culpaban a los inmigrantes de todos los males económicos por los que atravesaba el Estado. Subía el tono de la retórica en contra de los inmigrantes. Sólo hay que recordar la imagen de dos figuras humanas con niños corriendo en la oscuridad y la voz de un anuncio en TV que decía: “siguen llegando”.

En la década de los 90s grandes personalidades pasaron por la redacción de La Opinión. Gerardo López saluda al expresidente de México, Ernesto Cedillo.

El republicano Wilson se unió a esa ola de protesta. Abandonó la postura moderada de su discurso y comenzó a llevar la voz cantante en contra de los inmigrantes. Ganó la elección. Pero eventualmente perdió la guerra en los tribunales y comenzó su desaparición del mapa político. Y con él, se fue a pique el Partido Republicano en California.

El bien triunfó sobre el mal. La Proposición187 fue declarada anticonstitucional. Pero el calor de la retórica electoral anti inmigrante, su tono racista y discriminante, estrujó a la comunidad latina hasta sus raíces. Y de su seno brotaron movimientos renovadores: activismo político, aumentó en el número de residentes que se hacían ciudadanos, mayor participación electoral, mudanza a otros estados y la creación de miles de pequeños negocios.

Y los impulsores de ese movimiento revolucionario en la comunidad latina fueron los jóvenes. Enfurecidos por la retórica anti inmigrante que escuchaban y que no podían reconciliar con la realidad en la vida de sus padres y familias, se echaron a las calles a protestar. Se brincaban las cercas en las “high schools” para marchar y protestar por las calles. Eventualmente, miles de latinos se les unieron y realizaron enormes manifestaciones, las más grandes que se recuerden.

En este ambiente caldeado y ante la escasez de trabajos, muchos latinos se enfrentaron a esta disyuntiva: irse del estado o buscar alguna forma de ganarse la vida. Muchos de los que decidieron quedarse, establecieron un sinnúmero de pequeños negocios. Y muchos tuvieron éxito en esa aventura a tal punto que, Jack Kyser, el gurú de la economía del Sur de California por muchos años, en una oportunidad comentó que los pequeños negocios, en su mayoría creados por latinos, habían sido los motores que sacaron a California de la peor depresión económica en muchos años.

En La Opinión, creamos la sección de Negocios para ofrecer información útil y práctica, al igual que para contar los arranques y éxitos de estos emprendedores.

Los que decidieron irse, iniciaron lo que llegó a llamarse la diáspora latina. California se tornó en ese momento de un receptor de inmigrantes a un exportador de inmigrantes y latinos a diferentes partes del país. En 1990, según cifras del Censo, los latinos eran el grupo de minoría más numeroso en 13 estados, cifra que aumentó a 23 estados para el año 2,000.

En La Opinión intensificamos nuestros proyectos de periodismo cívico que nos llevaba a conversar con los lectores, recoger sus preocupaciones y aspiraciones para transformarlas en suplementos especiales y cobertura noticiosa diaria más relevante. Muchos de los jóvenes latinos que salieron a las calles a protestar contra la 187, son ahora políticos, activistas y profesionistas en diferentes especialidades.

Las cifras de naturalización aumentaron marcadamente a partir de 1994. Según estadísticas del INS, ahora ICE, en 1994, 16,403 latinos se nacionalizaron en California. Esta cifra subió a 44,121 en 1995 y 188,627 en 1996. Entre 1990 y 1999, se registraron un total de 573,299 nacionalizaciones de latinos en California y 1,800,168 en todo el país, de acuerdo a cifras recogidas por el Dr. Ricardo Ramírez en estudio realizado en 2005.

Las cifras de votantes latinos que participaron en elecciones presidenciales aumentaron igualmente. En 1988, según cifras del CPS del Censo, 3,710,000 votantes latinos acudieron a las urnas en una elección presidencial; 4,238,000 en 1992; 4,928,000 en 1996 y 5,713,000 en el 2000. Su fervor electoral, como nuevos votantes, era mayor que el de muchos nativos.

De acuerdo a datos de NALEO, en 1994 existían 5,459 funcionarios latinos electos en el país y 20 latinos en el Congreso. Hoy en día, esas mismas cifras aumentaron a 6,700 y 42 latinos en el Congreso. Y hasta el 2016, la cifra de latinos elegibles para votar era ya de 27.8 millones.

Incuestionablemente, los latinos de California supieron sacarle jugo a una fruta amarga. Ante los ataques de últimas fechas, la comunidad latina del país haría bien en imitar lo hecho por los latinos de California en 1994.

* J. Gerardo López, fue director editorial de La Opinión de 1995 al 2004.