¿La comida rápida es una droga?

El consumo de comidas rápidas es similar al efecto que causan las drogas en el cerebro, esto se debe a que activa los mismos resortes neuronales responsables de disparar los niveles de dopamina

¿La comida rápida es una droga?
El consumo de fast-food esta relacionado con la aparición de numerosas enfermedades degenerativas.
Foto: /Shutterstock

El concepto de fast food es un estilo de alimentación en el cual la comida se prepara y se sirve para consumir rápidamente, en establecimientos especializados o a pie de calle; se caracterizan por la homogeneidad que ofrecen en sus servicios, no cuentan con meseros, los empleados se apegan a estrictos manuales de operación para preparar los alimentos y atender a los comensales.

Los inicios de este tipo de alimentos surgen en Nueva York en 1912, año en el cual se abrió el primer automat un local que ofrecía comida detrás de una ventana de vidrio y se destacaba por tener una ranura para pagar. Este tipo de sistemas ya existían en Berlín y otros puntos de EU, con el paso de los años este tipo de servicios fueron evolucionando hasta que en 1940 llegaron los populares drive-through. Lo demás es historia, actualmente el negocio de los fast food ha crecido tanto que representa una de las industrias más millonarias en el mundo.

En la actualidad la comida rápida es un tema de salud mundial que ha adquirido mucha relevancia, sobretodo por la tendencia healthy que ha hecho que los especialistas y la sociedad se cuestionen sobre las peligrosas consecuencias médicas de su consumo. Sin embargo desde hace aproximadamente 20 años se han realizado diversos estudios para comprobar las razones por las que este tipo de alimentos, son tan adictivos. 

Existen tres ingredientes mágicos que abundan en gran parte de las opciones de comidas rápidas: azúcar, grasa y sal. Lo que sucede es que cuando mezclamos estos tres elementos en una misma comida, el organismo llega al llamado bliss point o punto de felicidad, que en la formulación de productos se conoce como la cantidad de un determinado ingrediente para optimizar lo delicioso de una comida. Debido a este mecanismo se crea una especie de adicción o enganche a este tipo de comidas, nos acostumbramos al “subidón” que provoca el azúcar del refresco, a la exquisita sensación en el paladar de la grasa de una hamburguesa y al inigualable sabor salado que ofrecen unas patatas fritas. 

Este tipo de comidas causan un golpe de sabor intenso en el organismo y también saturan las pupilas gustativas de manera inmediata. Otro de los aspectos que propicia que este tipo de alimentos sean de cierta forma “adictivos”, se debe a que causan la llamada dispersión de densidad calórica, que es la sensación de comer menos calorías de las que en realidad estamos ingiriendo.

También debido a las características de este tipo de alimentos su suave textura, escurridizos y fáciles de comer, es normal que de manera instintiva comamos más rápido y sobretodo que de manera automática comamos más. 

Debido a los factores anteriormente mencionados, cuando consumimos este tipo de alimentos el cerebro crea una sensación de “bienestar ficticio” que hace que necesitemos más; la explicación es simple su consumo aumenta de manera significativa los niveles de dopamina en el organismo. Esta liberación de dopamina “de golpe” genera en nosotros una sensación de felicidad, que a la larga nos lleva a no querer consumir otro tipo de alimentos.

Es importante crear conciencia sobre los efectos del consumo excesivo de comidas rápidas en el organismo y el cerebro. Sus devastadoras consecuencias están involucradas en la aparición de peligrosas enfermedades y condiciones degenerativas como son la diabetes, la obesidad, el sobrepeso, diferentes tipos de enfermedades renales y cardiovasculares, aumentan el índice de padecer cáncer, dañan el hígado y generan trastornos emocionales y psicológicos. Evitar el consumo excesivo de este tipo de comidas “vacías” sobretodo en las nuevas generaciones, es la llave de una vida saludable y equilibrada.