Mexicano construye las Misiones de California a puro palillo de dientes

Ha edificado miles de figuras como terapia ocupacional, y ahora quiere donarlas a un museo
Mexicano construye las Misiones de California a puro palillo de dientes
Sergio de Alba Luna, construye cientos de figuras de madera con palillos de dientes. (Araceli Martínez/La Opinión).
Foto: Araceli Martínez / La Opinión

Cuando hace más de una década, el mexicano Sergio de Alba Luna Pérez vino de vacaciones a los Estados Unidos y visitó la Misión de San Diego de Alcalá, quedó fascinado al grado tal que al regresar a México, decidió construirla a base de palillos de dientes.

Pero se inspiró tanto con la Misión de San Diego que se fue de largo, y sin nunca haber visto el resto de las misiones edificadas por los franciscanos españoles a lo largo de la costa de California, se puso a construir las 21 misiones.

“Fuimos a misa a la Basílica de la Misión de San Diego, pero antes visitamos el museo que tiene las réplicas de todas las misiones de California. En ese momento, se me vino la idea de hacerlas en palillos de madera. Fue como un reto”, reconoce Sergio.

Sergio de Alba Luna Pérez, orgulloso de sus trabajos a base de palillos de madera. (Araceli Martínez/La Opinión).

Para conocer el resto de las misiones, de las cuales nueve se le atribuyen al fraile Junípero Serra, Sergio se basó en las imágenes y fotografías que encontró en el Internet.

“Me gusta hacer series de figuras en palillos; y la Misión de San Diego era una puerta muy abierta que me invitaba a crear con palillos el resto de las misiones de California que están en Los Ángeles, San Francisco y otras ciudades”, platica. 

Hacer las 21 misiones de California le llevó unos cuantos meses. “En esa época pasé una temporada con mi hija que vive en Tijuana, y prácticamente me dediqué de tiempo completo a edificarlas porque tenía mucho tiempo libre”, narra.

Sergio de Alba Luna Pérez muestra la Catedral de Mazatlán, México, hecha con palillos de dientes. (Araceli Martínez/la Opinión).

Sergio tiene 81 años. Nació y radica en Mazatlán, Sinaloa al norte de México. Es ingeniero agrónomo. La mayor parte de su vida productiva, la trabajó en el Banco Rural de México. Después de jubilarse hace 30 años, se dedicó a asesorar a productores de Sinaloa en la siembra de aguacate. 

Fue cuando andaba estableciendo huertas en Culiacán que le descubrieron un absceso hepático producto de su afición a comer almejas crudas.

“Me recetaron mucha cama y reposo. Me fui a recuperar a la huerta de uno de los agricultores para los que trabajaba, y pedí colores para entretenerme. Pinté una casita como Dios me dio a entender. Vino el dueño, y me dijo ‘este dibujo es como los que hace una señora muy famosa que pinta como niño chiquito. Desilusionado, dejé de dibujar de inmediato”, platica.

Una lancha de Sergio de Alba Luna Pérez. (Araceli Martínez/La Opinión).
Sergio de Alba Luna Pérez muestra una pulmonía, un transporte típico de Mazatlán, México. (Araceli Martínez/La Opinión).
Un carruaje de Sergio de Alba Luna Pérez. (Foto cortesía Paloma Nafarrate).

Pero ahí no quedó todo. No se dio por vencido. Necesitaba encontrar algo para pasar el tiempo, se acordó entonces de sus habilidades durante la infancia.

“Cuando era niño, me gustaba mucho la geometría. Hacía en cartulina el cubo y el triángulo”, comenta.

En la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar de Ciudad Juárez donde fue a la universidad, había hecho una casita de cartulina. “Le gustó tanto al maestro que me pidió que se la dejara para las siguientes clases. Bueno, dije cuando estaba enfermo, voy hacer lo que estaba haciendo. Mi papá había sido dueño de un motel, y me puse a hacerlo en cartulina”, recuerda.

Sergio no imaginaba que estaba a punto de descubrir una gran pasión que mantendría ocupada su mente y sus manos.

El interior de las casitas de Sergio de Alba Luna Pérez. (Foto cortesía Paloma Nafarrate).
Interior de una de las casitas de Sergio de Alba Luna Pérez. (Cortesía Paloma Nafarrate).

“De las primeras cosas que hice con palillos fueron cuatro casitas. A algunas les puse muebles”, dice.

De ahí no hubo quien lo parara. “Me piqué. Tendría como 50 años de edad cuando comencé a construir con palillos”, afirma.

Sin embargo, platica que tras la recuperación del mal hepático que sufría, regresó al trabajo, y no fue hasta dos años después que retomó la creación de figuras con picadientes para ya no dejarlas más.

Luego se puso a hacer carritos, trenes, bicicletas, ruedas de la fortuna. Creó todos los complementos de una estación de un tren de carga, pero construyó además embarcaciones, aviones, cabañas del viejo Oeste, y una amplia variedad de figuras. 

“Cada una de mis casitas es diferente. No hay una igual. El tamaño, el techo, las puertas o ventanas son diferentes”, dice.

Sergio de Alba Luna Pérez disfruta mucho hacer sus creaciones con palillos de madera. (Araceli Martínez/La Opinión).

Ha creado asimismo casi todas las basílicas de México, empezando por la Catedral de su querido Mazatlán, y la de casi todos los pueblos sinaloenses. Pero también ha hecho la Catedral de Morelia, Guadalajara y la ciudad de México.

“Yo sigo construyendo catedrales porque ahí tengo un campo enorme”, admite.

Pero, ¿construir figuras con picadientes es caro? le preguntamos. “Yo uso palillos planos, no redondos. También abatelenguas (una paleta usada por los doctores para bajar la lengua y examinar la garganta). El problema es que ya no los consigo en México. Solo los encuentro chinos en las tiendas Northgate de California. Tengo una hija que vive en Tijuana, y otra en Escondido. Ellas me los compran. Cada cajita cuesta un dólar. De una cajita con 750 palillos, me salen dos casitas”, dice.

Además de los picadientes y abatelenguas, según sea la figura que quiere crear, emplea picadientes redondos, palillos para brochetas y los usados para la comida asiática.

Los palillos de dientes o picadientes, el insumo principal del trabajo artístico del mexicano Sergio de Alba Luna Pérez. (Araceli Martínez/La Opinión).

Sergio cuenta que empezó a pegar sus creaciones con resistol, pero más tarde encontró un pegamento para madera llamado Sigma. “Es más efectivo y barato”, dice.

Platica que su método consiste en primero pegar los palillos, luego decide lo que quiere construir, lo dibuja sobre tablitas, y pone manos a la obra.

Con los años, Sergio ha acumulado mucha pericia para la construcción de sus figuras, aunque admite que ha tenido sus tropiezos. “En mis inicios, quise construir una montaña rusa. Como no me gustó como quedó, la destruí. Ahora que tengo más experiencia, voy a intentar de nuevo”, comenta.

En sus años de jubilación, Sergio encontró en la creación de figuras con palillos de dientes, una gran pasión que le requiere manos, mente, pero sobre todo una buena visión.

Un trabajo muy detallado es el que hace Sergio de Alba Luna Pérez. (Araceli Martínez/La Opinión).

“Me ayudó con una lupa, y a veces tengo que cortar los palillos a ojo de buen cubero (a puro cálculo)”, precisa.

¿Y no le tiembla la mano con la edad? … “Si me tiembla, pero ya tengo maña”, dice riéndose.

Además de cuidar a su esposa, quien sufre de osteoporosis, Sergio se le pasa entre el jardín y los palillos. “Crear figuras me ha ayudado y lo disfruto mucho. Es una verdadera terapia ocupacional. Cuando me pongo a construir, no pienso en otra cosa”, dice.

Ha creado más de 3,000 figuras que guarda con celoso esmero en cajas, pero llama la atención que nunca ha vendido una.

Sergio de Alba Luna Pérez encontró un sentido a su vida con la creación de figuras a base de palillos de dientes. (Foto cortesía Paloma Nafarrate).

“He regalado algunas, pero nunca las he vendido. Quiero donarlas a un museo. También me gustaría enseñar a otros adultos mayores a hacer estas figuras”, dice este mexicano quien a su edad, se mantiene muy activo, goza de cabal salud y una mente completamente lúcida.

Su mayor satisfacción, acepta, es ver terminada sus obras, y mostrarlas a su familia, amigos e hijos de sus amigos.