Una cirugía le cambia la vida a niña mexicana y le devuelve la confianza

La menor tendrá que ser sometida a varias intervenciones durante su adolescencia para que pueda corregirse la malformación con la que nació

Mariela Cuevas fue operada en el Centro Médico para Niños Shriners de Pasadena. (Araceli Martínez/La Opinión).
Mariela Cuevas fue operada en el Centro Médico para Niños Shriners de Pasadena. (Araceli Martínez/La Opinión).
Foto: Araceli Martínez / Impremedia

Los ojos de Mariela Romero Cuevas se hicieron grandes de la felicidad cuando se vio al espejo después de la cirugía que le practicaron en el Centro Médico de Niños Shriners de Pasadena, California para corregirle el paladar hendido y el labio leporino con el que nació hace 11 años.

La malformación desapareció para dar lugar a unos labios bien definidos que dibujan una tímida sonrisa.

“Me sentí totalmente feliz, y me sorprendió verla así”, dice su madre Bertina Cueva de Jesús quien no cabe del gusto. Tanto así que inmediatamente mandó imágenes a su familia en México, orgullosa del cambio operado en el rostro de su hija. “Mi esposo está contentísimo”, afirma.

Mariela Romero al salir de la operación con su madre Bertina, su doctora Caroline Yao y la asistente Cassie M. Rodriguez. (Cortesía Shriners).

Mariela nació en Guerrero, México. Su madre cuenta que ella y su esposo se pusieron muy tristes cuando se dieron cuenta que la niña había nacido con el paladar hendido y el labio leporino, una deformación congénita que ocurre cuando el tejido que forma el paladar y el labio superior no se desarrollan y se unen antes del nacimiento, y esto causa una abertura en el labio superior. 

“Desde que ella tenía tres meses de edad, busqué ayuda en Guerrero, pero operarla nos salía más de 100,000 pesos. No teníamos donadores ni dinero”, recuerda Bertina.

Así que el tiempo fue pasando. La menor crecía como una niña normal, aunque con dificultad para hablar; y su apariencia la hacía objeto de escarnio en la escuela.

“Siempre le hacían burla. Le decían Chuckie y payaso”, dice su madre. 

Mariela Romero antes de la cirugía. (Cortesía Shriners)

Pero la vida les cambió cuando hace dos años, dejaron su estado natal para ir a trabajar en el campo al estado de Sinaloa en el norte de México.

“Mi esposo y yo trabajamos en el corte de chile para la Productora Agrícola San José en Guasave, Sinaloa”, dice.

Bertina cuenta que un día fueron a visitarlos y a llevarles donativos a la Villa Agrícola San José donde viven los trabajadores del campo, un grupo de personas de la Fundación El Zorro de la familia Balderrama.

“Un día después ellos nos comentaron de este programa de Shriners. Y nos dijeron que si estábamos dispuestos a venir a traerla a tratamiento a Estados Unidos. Al principio, tuvimos miedo. Pero quiero lo mejor para mi hija y decidí aceptar el apoyo”, dice.  

Juan Salvador Negrete, gerente administrativo de la Agrícola San José, explica que entre la Fundación El Zorro de la familia Balderrama en Los Mochis Sinaloa y la empresa unieron esfuerzos para cubrir los gastos del viaje de Bertina y su hija a Estados Unidos. La operación corre a cargo de Shriners.

El principal autor fue la niña Alegra Balderrama. Ella fue la que en una visita que su grupo del Colegio Andes a la Villa San José que alberga a los trabajadores migrantes de Guerrero, se conmovió al ver Mariela  y convenció a sus padres para que la ayudaran”, dice.

Una nueva vida empieza para Mariela quien ha sido operada de paladar hendido y labio leporino. (Araceli Martínez/La Opinión).

La Fundación El Zorro le consiguió un permiso médico para que madre e hija pudieran entrar a Estados Unidos, y no tuvieran ningún problema en migración para ser atendidas en Shriners.

Mariela y su madre Bertina salieron de Sinaloa a bordo de un autobús rumbo a Los Ángeles el pasado 17 de enero.

Y sin nunca haber pisado suelo estadounidense ni saber escribir ni leer en español, Bertina se las ingenió para tomar un taxi de la estación de autobuses en Los Ángeles rumbo a la Casa Ronald McDonald en Pasadena donde les dieron techo. “Todo se puede  y se logra con el favor de Dios”, dice la madre.

Llegaron el 18 enero, y después de una semana de consultas y preparativos, la chiquilla fue operada con éxito el lunes 27 de enero.

“Estoy muy feliz por mi hija y con todas las personas que nos han apoyado. Se pusieron en contacto conmigo las personas de la fundación en octubre de 2019, y no pasó ni un año cuando operaron a Mariela”, comenta Bertina.

Igual de emocionada con el cambio en su carita, está la menor cuyo sueño de grande es ser maestra.

La doctora Caroline A. Yao del Centro Médico de Niños Shriners está feliz por los resultados de la cirugía que le hizo a Mariela Romero. (Araceli Martínez/La Opinión).

Un viaje que comienza

La doctora Caroline A. Yao, cirujana plástica y reconstructiva del Centro Médico de Niños Shriners de Pasadena, quien llevó a cabo la cirugía de Mariela, estaba muy entusiasmada.

“Es un momento muy grande cuando termina la operación y le damos a los niños como Mariela, un espejo para que vean el cambio”, dice la especialista quien revela que para hacer este tipo de cirugías, los médicos como ella requieren nueve años de entrenamiento después de graduarse de la Escuela de Medicina.

“También somos como artistas porque cuando reconstruimos una cara, labios y nariz, cuidamos cada milímetro para que quede perfecto y haya un balance”, sostiene.

Y  explica que, “la cara es tan importante porque es con la que saludamos al mundo y cómo la gente nos ve toda la vida”.

Reconoce que para los niños con paladar hendido y labio leporino es muy difícil porque no se sienten incluidos.

Con frecuencia se ponen tristes y la gente no los entiende. Esta cirugía les cambia su vida entera”, exclama.

Mariela Romero y su madre Bertina Cuevas no caben de la felicidad. (Araceli Martínez/La Opinión).

Para Mariela tiene un mayor significado porque la cirugía se la hacen antes de que comience la adolescencia. “Es una etapa difícil para todos, y para estos niños que lucen diferentes es aún más”, considera la cirujana.

La operación les ayuda a restablecer la confianza en ellos mismos, añade.

Normalmente la corrección de esta malformación se hace entre los tres y seis meses de edad, pero debido a la falta de acceso, Mariela tuvo que esperar 11 años.

La doctora Yao señala que uno de cada 1,000 niños nacen con paladar hendido y labio leporino. Ella es parte de un estudio para profundizar en las causas. “No tenemos el resultado final. En parte, sabemos que el origen es genético; y en ciertas ocasiones, el medio ambiente lo dispara como el humo en interiores provocado por cocinar dentro de las casas”, dice.

Mariela tiene una versión severa de paladar hendido y labio leporino en ambos lados de su cara, por lo que es muy probable que requiere un mayor número de cirugías. 

“La mayoría de los niños necesitan por lo menos cuatro operaciones porque son varias malformaciones. Una para el labio; otra para el paladar; una extra para ayudarlos a hablar mejor porque les queda un hoyo entre los dientes que tenemos que cerrarlo con hueso”.

La última cirugía es una rinoplastia para poner en su lugar a la nariz que puede estar torcida y asimétrica. “Esta última se hace normalmente cuanto tienen 18 años, que es cuando la nariz deja de crecer”, precisa la cirujana. 

La doctora Yao dice que la operación del 27 de enero que duró tres horas es apenas el inicio. “A Mariela y a mi nos espera un viaje maravilloso juntas en el que vamos a ir viendo su progreso”, dice feliz.