Parejas latinas con décadas de casados renuevan votos matrimoniales

Comparten sus secretos para mantener viva por tantos años la llama del amor
Parejas latinas con décadas de casados renuevan votos matrimoniales
Lourdes y Sabás Falcón cumplen este año 45 años de casados. (Araceli Martínez/La Opinión).
Foto: Araceli Martinez / Impremedia

Vestidos con trajes típicos mexicanos, Lourdes y Sabas Falcón celebrarán este domingo 9 de febrero su aniversario de bodas número 45 en una ceremonia en la Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles junto a alrededor de 50 parejas que como ellos, festejan este año muchas décadas de unión.

La celebración de renovación de votos matrimoniales se da justo en el Día Mundial del Matrimonio. La misa en español será oficiada a las 12:30 del mediodía por el obispo de Los Ángeles, José H. Gómez quien al término de la ceremonia se tomará la foto oficial del recuerdo con las parejas.

Pero cuál ha sido su secreto para una vida matrimonial tan larga.

Lourdes y Sabás Falcón ya llevan 45 años de casados. (Araceli Martínez/La Opinión).

“La comunicación”, dice Lourdes, una inmigrante de Durango, México; mientras que Sabás su esposo, quien es de Guanajuato, México agrega que para que un matrimonio perdure, se necesita mucha paciencia y aceptación.

Ella tenía 16 años; y él, 27 años cuando se conocieron en Tijuana, México.

“Eramos vecinos”, dice Sabás quien nunca pensó que la relación fuera a fructificar por la diferencia de edad de 11 años. Lourdes también creía que solo se trataba de un noviazgo para pasarla bien porque ella solo había ido por una temporada a Tijuana.

Sin embargo, Sabás cuenta que Lourdes era muy madura y con mucho tesón para su edad, además de muy cariñosa. Al mismo tiempo, era una muchacha muy reservada, lo que daba un toque de misterio que le atraía mucho.

Lourdes y Sabás Falcón han sobrevivido todos los desafíos como pareja inmigrante y están cumpliendo 45 años de casados. (Araceli Martínez/La Opinión).

Lourdes dice que ella se enamoró de Sabás porque era responsable y trabajador.

Dos años después de conocerse, el 30 de junio de 1975, se casaron cuando Lourdes cumplió los 18 años.

Lourdes y Sabás viven en la ciudad de Montebello y son padres de cuatro hijos, Jorge de 44 años; Maya de 40; Cynthia de 38;  Gabriel de 34; y tienen dos nietos de 8 y 4 años.

¿Por qué muchos matrimonios no duran?

Sabás considera que se debe a que vivimos en una sociedad en lo que todo se reemplaza. “Las parejas llegan con esa mentalidad al matrimonio”, observa.

“Afuera hay muchas tentaciones que empiezan con una mirada, pero que a veces es solo un espejismo”, comenta.

Lourdes y Héctor Falcón satisfechos por los logros obtenidos en 45 años de matrimonio. (Foto suministrada)

Lourdes añade que el egoísmo es un factor en contra de las parejas, y el deseo de querer imponer las opiniones al otro.

Al emigrar a Estados Unidos, Lourdes y Sabás enfrentaron el desafío de una posible separación a causa de que los primeros años no tenían un estatus migratorio. No fue sino hasta que llegó la Amnistía de Reagan en los años 80 que pudieron obtener la residencia.

“Esos años como indocumentados vivíamos con mucho nerviosismo y miedo a que uno de nosotros fuera a ser detenido y deportado”, dice Lourdes.

Lourdes y Sabás Falcón con la familia que han formado. (Foto cortesía)

Además criar a los hijos solos sin ningún familiar cercano fue un reto. “Yo tuve mi primer hijo a los 19 años. Me acuerdo que me llegó una carta de mi mamá aconsejandome como cuidar el ombligo de mi bebito cuando ya se le había caído. Todo era por carta en esa época porque llamar por teléfono de larga distancia era muy caro”, platica.

La pareja coincide en que les ha ayudado mucho su cercanía a Dios, y su fe católica.

Ya jubilados los dos, su relación se ha enriquecido porque tienen más tiempo para ellos. “Platicamos mucho, desayunamos juntos todos los días, vamos a misa muy temprano; viajamos y nos gustar acampar en las montañas”, comenta Lourdes.

El día de la boda de Ana y Michael Betacourt en Norwalk, California. (foto cortesía).

Bodas de plata

Ana y Michael Betancourt celebrarán hoy sus 25 años de casados con una misa en la Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles, pero también harán un viaje a Roma en mayo para festejar su aniversario rodeados de 28 miembros de su familia, incluyendo a sus hijos Matthew de 21 años y Samuel de 18 años.

En Roma, el arzobispo de Fresno Joseph Brennan, antiguo arzobispo del Valle de San Fernando quien los casó 25 años atrás, el 24 de junio, en la parroquia de San Lino en Norwalk, oficiará la misa por su aniversario.

“Es un gran sueño que hemos planeado por tres años, y un gran honor que el arzobispo Brennan nos acompañe”, dice Ana.

La historia de amor de esta pareja hispana con residencia en La Mirada nació cuando ella tenía 17 años; y él, 16 años.

Ana y Michael Betancourt con el arzobispo e Fresno, Joseph Brennen quien los casó hace 25 años. (foto suministrada).

Hija de padres de Zacatecas, México, Ana dice que le enamoró de Michael, tercera generación de mexicanos, su buen humor, y le gustó que fuera católico como ella. “El que compartiéramos la misma fe para mi era algo importante”, dice.

Michael quedó prendado de los bellos ojos de Ana y su bonita cara. Pero le gustó mucho el amor por su familia. “Tiene una familia muy acogedora. Su mamá sabía muy poco inglés, y yo muy poco español, y nos ayudábamos uno al otro al practicar”, observa.

Ana no duda en decir que su fe en Dios y la práctica de sus creencias les ha servido mucho para mantenerse unidos.

“Pero también nos ha ayudado la paciencia, viajar juntos y las vacaciones en familia”, dice.

Ana y Michael Betancourt con sus dos únicos hijos Matthew y Samuel. (Foto suministrada)

Michael comenta que la comunicación es la parte más importante en la relación, pero también compartir los mismos valores y mantenerse fuertes en su fe.

“Vemos a muchas parejas que han fracasado que no tienen a Dios en sus vidas, o se apartan de Dios. Eso es un gran problema”, considera.

Y enfatiza que hoy en día los teléfonos y las redes sociales alteran mucho la vida en pareja.

Ana confía que ellos entienden muy bien lo que es un compromiso. “Al casarnos, nosotros entendimos que queríamos estar juntos en las buenas y malas; y que nuestro matrimonio es para siempre. En nuestra familia tenemos muy buenos ejemplos”, dice.

Y observa que ahora es muy fácil divorciarse y es muy aceptado. “El matrimonio es visto como algo desechable”.

Ana y Michael Betancourt comparten el secreto para su matrimonio de 25 años. ( Foto Cortesía).

La mayor recomendación que los Betancourt le han dado a sus hijos es que se casen con una buena persona, de su misma fe si es posible; porque consideran que así va a ser más fácil que se pongan de acuerdo en cuanto a las creencias que les van a enseñar y otros temas.

Michael ha aconsejado a sus dos hijos, que ante todo, si quieren que su matrimonio perdure, deben respetar siempre a su esposa, mantener a Dios en su matrimonio y aprender lo que es un compromiso.

¿Cómo mantienen la chispa del amor?

Ana dice que para ella viajar y pasear es muy importante y tratan de hacerlo lo más posible. “Salimos a cenar también muy seguido”, comenta.  Michel en cambio dice que él es feliz pasando tiempo con Ana, yendo a cenar, caminando juntos, platicando y compartiendo las cosas del día.

Ana y Michael Betancourt union sus vidas hace 25 años. (Cortesía)

¿Cómo resuelven un enojo?”

Ana dice que trata de poner las cosas en perspectiva y se pregunta, qué tan importante es eso. “Muchas veces me doy cuenta que me estoy enojando por algo que no tiene mucho valor, que a lo mejor ha salido porque estoy de mal humor. ¿De verás él hizo algo?…  A veces yo soy la responsable. Darme cuenta de eso, apaga el pleito; y digo, qué tonto pelear por cosas insignificantes”, anota.

A Michael le funciona pensar las cosas antes de hablar, dar un paso hacia atrás y escuchar a su esposa.

“A veces hay demasiado orgullo en las parejas. Yo he aprendido a escuchar y a no tener miedo a decir, lo siento”, dice.

Ana está muy contenta porque además del aniversario matrimonial,  Michael ha comenzado su proceso para convertirse en diácono en la Iglesia Católica.

Guadalupe y Héctor Guerrero celebran sus bodas de oro en la Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles. (Foto suministrada)

Bodas de oro

Guadalupe y Héctor Guerrero celebran hoy 9 de febrero, sus 50 años de casados. Ellos llegarán a la Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles, desde Goleta al sur del condado de Santa Bárbara acompañados de sus cinco hijos, Nellie de 49 años, Héctor Daniel de 48 años, Verónica de 47 años, Wendy de 45 años y Carlos Alejandro de 41 años

“Estamos muy felices. Le damos gracias a Dios por nuestros hijos y 13 nietos”, dice Guadalupe.

Tanto ella como su esposo son de San Francisco del Rincón, un pueblo en Guanajuato, México. Se conocieron en la cuadra del barrio cuando ella tenía 16 años; y él, 17.

“Nos miramos por primera vez cuando yo iba a la tienda, él me sonrió, yo le correspondí, y así fue hasta que se animó a hablarme”, recuerda Guadalupe.

Guadalupe y Héctor Guerrero con sus cinco hijos. (Foto suministrada)

Cuando ella cumplió 19 años, y él 20, se casaron. “A mi me gustaron los ojos de mi esposo. Los tiene muy bonito”, dice riendo.

Héctor confía que le enamoró de su esposa, su alegría y que le gustaba mucho bailar y andar en la fiesta. “Yo no sabía bailar, y ella me enseñó”, dice.

Unos años después de casarse, Héctor emigró a Estados Unidos en busca de una mejor vida para su familia, dejando a Guadalupe con tres hijos.

“Nos prometió que un día nos iba a traer, pero las cosas estaban muy difíciles en el pueblo, a pesar de que yo tenía mucho apoyo de mi familia. Agarré a mis tres niños y batallando me vine a Tijuana. Me tomó cuatro días llegar”, comparte.

Su esposo se enojó mucho cuando le avisó que ya estaba en la frontera. “Me dijo que no estaba preparado para recibirnos”, recuerda.

Al segundo intento, Guadalupe logró cruzar la frontera y reunirse con su esposo. “Me da escalofríos de recordar todo lo que pasamos. Fue una aventura muy difícil”, dice.

Guadalupe y Héctor Guerrero en su juventud. (Foto suministrada)

Instalados en Santa Bárbara, tuvieron dos hijos más.

“Hemos sobrevivido como matrimonio porque nos hemos apoyado uno al otro. Aunque él es corajudo, nos hemos entendido, teniendo a Dios por delante”, asegura Guadalupe.

Sin embargo, admite que la comunicación y el diálogo los ha salvado. “Y si que nos enojamos. Antes, a veces yo le dejaba hablar por días, pero luego pasaban cosas con los hijos y nos contentábamos. Eso sí las reconciliaciones eran muy buenas, y esas nos han mantenido unidos”, platica.

Hector reconoce que el machismo perjudica mucho una relación sobre todo cuando el hombre no quiere dar su brazo a torcer.  “Muchos prefieren separarse antes que ceder. Yo me di cuenta que mujer y hombre tienen los mismos derechos, aprendí a utilizar el diálogo y gracias a Dios aquí seguimos”, dice.