Colapso en funerarias de LA

Dueña de cuatro de estos lugares dice que ya no se dan abasto para recibir más cuerpos de personas fallecidas por COVID-19 y que ahora los almacenan en contenedores

Magda Magdaleno habla de su experiencia en los últimos días.
Magda Magdaleno habla de su experiencia en los últimos días.
Foto: Impremedia

Magda Magdaleno, propietaria de cuatro localidades de Continental Funeral Home y sus más de 70 trabajadores ya no se dan abasto para atender los trámites administrativos de más personas cuyos familiares murieron a causa de COVID-19, al grado que compró un contenedor de cadáveres y renta otro donde ya tiene almacenados 105 cuerpos que posteriormente podrían ser reclamados para cremarlos o darles cristiana sepultura.

“¡Imagínese como estará la cosa, solo hoy [ayer] teníamos que recuperar 75 cuerpos!”, dijo Magdaleno a La Opinión “Esta situación es algo que nunca he experimentado en 40 años que llevo en la industria”.

Las muertes en espiral por coronavirus en el condado de Los Ángeles también han desbordado la capacidad de las morgues y las funerarias han tenido que rechazar pedidos de familias en duelo.

“Nosotros estamos dando prioridad a las personas que han muerto en sus hogares o en centros de convalecencia”, dijo. “Las familias de quienes fallecen en los hospitales tienen que esperar y tener paciencia porque no nos damos abasto”.

De hecho, tuvo que contratar a una compañía para construir columnas de madera y así acomodar hasta 200 cuerpos en uno de dos contenedores de cadáveres.

“En el más pequeño tenemos 45 y en el más grande ya tenemos 60 cuerpos”, informó.

“Los cuerpos los mantenemos a una temperatura de 43 grados; no tienen que estar congelados por si las familias deciden llevarlos al crematorio, embalsamarlos, sepultarlos o enviarlos a México u otro país”.

Comentó que, entre los fallecidos, todos a causa de COVID-19, la víctima más joven era un muchacho de 18 años la mayor, un hombre de 94 años. Ambos sufrían de condiciones médicas graves antes de sucumbir al coronavirus.

Magdaleno, originaria de Nayarit, México, dijo que ahora la primera pregunta que hace la gente es: ‘¿Están recibiendo cuerpos ahí’. “Les decimos sí, que tenemos un contenedor especial para esta necesidad”.

La persona más reciente que le llamó fue una mujer latina cuyo esposo murió de coronavirus. Él era el único sostén de la familia y estaba desesperada porque tienen varios hijos que han quedado en la orfandad y no tiene dinero para darle cristiana sepultura.

“Yo le dije que, aunque él quería que lo sepultaran, la mejor opción era cremarlo, pero ella insistía en querer enterrarlo completo”, expresó.

“Nosotros, dentro de lo que cabe, estamos ayudando a la gente, actuando con humanidad y compasión en su dolor”.

De hecho, mencionó que una de sus embalsamadoras “platica con los difuntos, les pide permiso para trabajar con sus cuerpos y ora por ellos para que descansen en paz”.

Magda Magdaleno, dueña de cuatro funerarias, junto al contenedor que tuvo que adquirir para su negocio. / foto: Jorge Luis Macías.

Sombría realidad en California

Este 1 de enero, las autoridades del Departamento de Salud Pública del condado de Los Ángeles informaron de otros 20,144 nuevos casos de COVID-19 y 207 muertes adicionales.

El número de pacientes con coronavirus en los hospitales del condado aumentó a 7,613, el número más alto visto durante la pandemia, con el 21% de esas personas en unidades de cuidados intensivos (ICU).

Durante la última semana de diciembre en promedio ingresaron 38 pacientes por día, a diferencia de 44 pacientes que ingresaron a las unidades ICU entre el 12 y 18 de diciembre.

Algunas ambulancias inclusive han tenido que esperar hasta ocho horas para descargar a los pacientes en hospitales y se ha generado una escasez de paramédicos en las calles; los tiempos de respuesta a emergencias en el 911 también se han extendido.

Ante tal panorama, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU., ha enviado expertos para ayudar a evaluar los sistemas de suministro de oxígeno en seis hospitales del condado.

“Un desastre oculto”

“El aumento actual de pacientes es una especie de desastre oculto”, declaró Cathy Chidester, directora de la agencia de Servicios Médicos de Emergencia del condado.

“No es un incendio. No es un terremoto. No es un tren descarrilado que está a la vista del público y pueden ver lo que está sucediendo y pueden evitar esa zona. Todo sucede detrás de las puertas de los hogares y hospitales. Así que el público en general no está realmente viendo lo que está pasando”.

Con 700 enfermeras de clínicas de atención primaria desviadas a hospitales y otras necesidades críticas, los funcionarios del condado se han visto obligados a cerrar temporalmente cinco clínicas públicas de atención primaria y reducir las horas de atención en la mayoría de las otras que brindan inmunizaciones a los niños y donde las personas con enfermedades crónicas obtienen sus medicamentos controlados.

“Hemos mantenido un equipo básico para continuar trabajando en nuestras clínicas ambulatorias”, dijo la doctora Christina Ghaly, directora de servicios de salud del condado de Los Ángeles, “pero en general, nuestra capacidad para los servicios ambulatorios es mucho menor de lo que es en tiempos rutinarios”.

El doctor Ilan Shapiro, director médico de educación sobre salud y bienestar en AltaMed Health Services declaró a La Opinión que, si bien la situación en las funerarias es difícil, “se va a poner más feo en febrero cuando ya no se pueda ampliar la capacidad de atención y espacios en los hospitales porque no habrá más enfermeros(as) y personal médico que puedan atender a los pacientes”.

“Estamos muy cerca del colapso en los hospitales”, vaticinó. “Todos sabemos que entre más abramos las puertas de nuestros hogares, damos paso a los contagios… Pensamos que si lo hacemos una sola vez o si en la casa de mi vecino o vecina me quito la mascarilla, no pasa nada. [Pero] no hay que bajar la guardia”.

Fortaleza en medio de su propio duelo

Blanca Zúñiga, una despachadora de Continental Funeral Home y sus hermanos sepultaron en agosto pasado a su padre, Julio Roberto Castro, quien falleció por COVID-19.

“Perdí a mi padre, y tristemente tengo que ser fuerte para ayudar a otras familias a mitigar el dolor de haber perdido a un ser querido”, dijo la mujer de origen salvadoreño. “Tenemos que aguantar nuestra propia tristeza y darle amor a quienes están en medio del luto”.

Blanca contó a La Opinión que el 5 de agosto, su hermano encontró tirado a su padre en el piso, muy cerca del baño en la casa donde vivía con su segunda esposa, en Los Angeles, donde seis personas se contagiaron de coronavirus.

“Había sufrido una caída y sangraba cuando lo llevaron al hospital; el sufría de hemorroides y diabetes”, dijo.

Aunque su padre no pudo hablarle, ella alcanzó a decirle cuánto le amaba y se despidió de él.

“Solamente me miró… No pensé que su enfermedad era tan grave, pero cuatro días después de que estuvo hospitalizado nos llamaron de madrugada y nos dieron la noticia de que había muerto. Y él estaba solo en el hospital”.

Blanca destacó que muchos de las familias que perdieron a un familiar por COVID-19, no tuvieron, como ella, la oportunidad de brindarle el último adiós a un ser querido, en un hospital o un centro de convalecientes.

Por ello, en su trabajo, hace propia la tristeza de los demás, dándoles consuelo.

“Me duele verlos sufrir”, dijo. “Pero me pongo en las manos de Dios y pongo a esas personas que han fallecido en la misericordia de Dios como a mi papá”.