La importancia del diputado migrante 

Se estima que de los 500 mil chilangos que viven en el extranjero, en esta elección votarán unos 12,200

La importancia del diputado migrante 
Cámara de Diputados.
Foto: Agencia Reforma

Uno de los sueños acariciados durante largo tiempo por los migrantes originarios de la Ciudad de México finalmente se ha concretado: el de tener a un representante en el Congreso de esa entidad para darle voz a sus intereses y necesidades específicas.

Por primera vez en la historia, los oriundos de la Ciudad de México podrán votar por un diputado migrante en las elecciones intermedias del 6 de junio en las que estarán en juego 20 mil cargos públicos, entre ellos los 500 miembros de la Cámara de Diputados federal y 15 de las 32 gubernaturas del país.

La conquista del derecho a tener representación en el Congreso capitalino no es menor.

Aunque como bien explica Mauricio Huesca, consejero del Instituto Electoral de la Ciudad de México, se trata de un derecho consagrado en la Constitución local, estuvo a punto de perderse debido a que Morena, el partido mayoritario, se opuso en 2020 a que se ejerciera, bajo el argumento de que iba a resultar muy costoso. Al final, sin embargo, se impuso la ley gracias al esfuerzo de legisladores de otros partidos y de organizaciones defensoras de los mexicanos en el extranjero como Fuerza Migrante.

Los migrantes podrán elegir, ya sea por correo postal o por vía electrónica, entre 11 candidatos que representan a los distintos partidos políticos de México.

Se estima que de los 500 mil chilangos que viven en el extranjero, en esta elección votarán unos 12,200, la mayoría establecidos en Estados Unidos en los estados de California, Texas, Nueva York y Chicago.

Entre las razones que podrían explicar el bajo número de votantes para esta elección está el hecho de que la ley electoral mexicana prohíbe a los candidatos migrantes hacer campaña en el extranjero. Si bien, como dice Huesca, esto se hace para respetar la soberanía de otros países, es una seria limitante para difundir las propuestas de los aspirantes y el interés por el voto.

Pese a estos obstáculos, es de esperarse que las autoridades electorales mexicanas apoyen los esfuerzos para consolidar el voto en el extranjero. Es un derecho que los migrantes nos hemos a ganado a pulso puesto que el vivir fuera de nuestro país de origen no nos hace olvidarlo. Por el contrario, estamos siempre preocupados por los problemas que lo aquejan y dispuestos a ayudar, como lo demuestran los miles de dólares que enviamos cada año en remesas.

La aprobación de la figura del candidato migrante abre ahora la puerta para que en México no solo se reconozca esa contribución, sino que también se conozca la realidad de quienes vivimos en el extranjero.

El gobierno mexicano no puede limitarse a elogiar a los connacionales que mandan miles de millones en remesas. Debe reconocer el enorme esfuerzo y las penurias que hay detrás de esos envíos. Muchos mexicanos sufren persecución por carecer de documentos legales, son explotados y viven sin acceso a servicios esenciales. Otros son deportados, separados de sus familias y vuelven a su terruño con las manos vacías. Se necesitan, por ello, políticas y programas de apoyo que los rescaten del abandono e impidan que se vean forzados nuevamente a emigrar.

(*) María Luisa Arredondo es una periodista mexicana que reside en Los Ángeles.