Todo sobre las inyecciones sin insulina para la diabetes tipo 2

Antes de que se descubriera la insulina en 1921, las personas con diabetes tenían una expectativa de vida corta: no había mucho que los doctores pudieran hacer por ellos, excepto ponerlos bajo dietas súper estrictas, a veces hasta de 450 calorías por día. No morían por causas vinculadas a la diabetes, sino de hambre.

La insulina revolucionó la terapéutica de esta afección y ahora, un siglo después, una nueva generación de medicamentos sin este componente vital se presenta como una alternativa para que las personas manejen su diabetes tipo 2. Qué son las inyecciones sin insulina y quiénes pueden beneficiarse de ellas.

Secretada por el páncreas, la hormona insulina regula muchos procesos metabólicos que proporcionan a las células la energía que necesitan para funcionar. 

La producción de insulina se regula en función de los niveles de azúcar en la sangre y otras hormonas del cuerpo. En una persona sana, la producción y liberación de insulina es un proceso estrictamente regulado que permite al cuerpo equilibrar sus necesidades metabólicas.

Según explica la Endocrine Society, la insulina permite que las células de los músculos, la grasa y el hígado absorban la glucosa que está en la sangre. 

El problema más común asociado con la insulina es la diabetes. La diabetes ocurre cuando el organismo no secreta suficiente insulina, o casi nada de ella, o cuando ya no usa la insulina que secreta de manera efectiva. 

La diabetes se divide en dos categorías:

Diabetes tipo 1. Ocurre cuando el páncreas no puede producir insulina para ayudar a múltiples funciones orgánicas. Se presenta comúnmente en los niños y, aunque no se ha encontrado una causa exacta, muchos consideran que se trata de una enfermedad autoinmune. Algunos síntomas de la diabetes tipo 1 incluyen cansancio, aumento de la orina y la sed, y problemas de visión.

Diabetes tipo 2. Se asocia más comúnmente con los adultos y las opciones de estilo de vida. Las personas con diabetes tipo 2 producen insulina, pero a menudo no la suficiente para las necesidades de su cuerpo. También pueden tener dificultades para usar la insulina que producen de manera efectiva. Es posible que los pacientes no sepan que tienen diabetes tipo 2 hasta que se hacen un chequeo anual, ya que los síntomas tienden a ser leves hasta que la enfermedad se vuelve grave.

Solo en los Estados Unidos hay 37 millones de personas con diabetes, de las cuales del 90 al 95% tienen el tipo 2.

A nivel mundial, los casos de diabetes aumentaron de 108 millones en 1980 a 422 millones en 2014. En 2019, hubo más de 1.5 millones de muertes causadas directamente por la diabetes.

El descubrimiento de la insulina “sintética” cambió las reglas del juego, ya que le permitió a millones de personas poder controlar la afección no solo cambiando hábitos de vida.

Las personas con diabetes tipo 1 necesitan o bien recibir insulina a través de una bomba de insulina que libera cantidades de la hormona a intervalos de tiempo, o inyectársela varias veces al día.

Para las personas con diabetes tipo 2, generalmente los médicos recomiendan que controlen su afección con medicamentos orales o con la opción de las inyecciones sin insulina, especialmente en el caso de que les resulte complicado seguir una rutina de consumo de píldoras.

¿Qué son las inyecciones sin insulina?

Las inyecciones o plumas sin insulina es un término genérico que se utiliza para definir las medicinas inyectables sin insulina para tratar la diabetes. Se pueden combinar con medicamentos orales o utilizarlas solas. Algunas son descartables y se usan solo una vez y otras contienen varias dosis del medicamento.

Incluyen a una familia de seis medicamentos, cinco de los cuales son agonistas del péptido similar al glucagón (GLP-1), cuyos nombres comerciales son Byetta, Bydureon, Tanzeum, Trulicity y Victoza; y uno es un análogo de la amilina llamado Symlin.

Son útiles para personas que todavía no necesitan inyectarse insulina, pero requieren de medicación para controlar su diabetes. El paciente, junto con su equipo médico, debe determinar si es la medicación adecuada tanto para sus necesidades clínicas como para su realidad cotidiana (píldoras vs inyecciones, tiempo de administración, recursos, etc.)

Es muy importante que el médico indique cómo utilizarla para liberar el medicamento de manera eficiente en el organismo, sin lastimar la piel.

Una de las principales recomendaciones es no inyectar la pluma siempre en el mismo lugar, sino que rotar la inyección en áreas del cuerpo que no tengan moretones o heridas. Hay áreas del cuerpo donde una inyección provoca menos molestias, como en el abdomen o la parte superior externa de la pierna.

NUNCA deben compartirse las plumas inyectables que son reciclables.

Estas medicinas que aprobó la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) en 2005 estimulan la producción de insulina y también tienen el efecto de ralentizar la que produce el hígado, lo que tiene como consecuencia una disminución de los niveles de azúcar en sangre.

Expertos dicen que las inyecciones sin insulina pueden funcionar como puente de los medicamentos orales al uso de insulina. Con suerte, y sumando modificaciones de hábitos de vida, las personas que viven con diabetes tipo 2 pueden no necesitar usar insulina por largo tiempo, o quizás nunca.

Además de la acción de ayudar al cuerpo con su producción y niveles de insulina, algunos de los beneficios de estas inyecciones incluyen:

  • Ayudan a perder peso, NO son medicamentos para adelgazar, por eso solo deben utilizarse bajo una estricta estrategia de manejo de la diabetes, pero por su forma de acción promueven la pérdida de peso.
  • Las dosis de inyecciones son fijas, al menos que el doctor las modifique (esto marca una diferencia con las de insulina que usualmente la misma persona debe ajustar)
  • Pueden ayudar a bajar levemente la presión arterial.
  • Hay algunas versiones de inyecciones sin insulina que se administran una vez a la semana, lo que las vuelve muy convenientes.
  • No registran efectos secundarios graves (náuseas, dolor corporal, entre otros), solo algunos menores que suelen desaparecer cuando la persona ya se adaptó al nuevo tratamiento.

Una de las desventajas de estos medicamentos es su costo, que puede ser hasta más de 70% más alto que los medicamentos regulares, más aun considerando que es una medicina que se utilizará probablemente de por vida. Especialmente para las personas que no tienen seguro de salud. En general, los precios de los medicamentos para la diabetes han ido subiendo de manera consistente a lo largo de los años.