Ansiedad y depresión, las otras pandemias detrás de COVID

La pandemia de COVID-19 no solo disparó una infección a nivel mundial, sino también dos afecciones de salud mental: la ansiedad y la depresión.

En el primer año de la pandemia, la prevalencia global de estas dos afecciones aumentó un 25%, según reveló Organización Mundial de la Salud (OMS).

El análisis remarca que “las preocupaciones sobre posibles aumentos en las condiciones de salud mental ya habían llevado al 90% de los países encuestados a incluir la salud mental y el apoyo psicosocial en sus planes de respuesta al COVID-19, pero aún persisten importantes brechas y preocupaciones”.

“La información que tenemos ahora sobre el impacto de COVID-19 en la salud mental del mundo es solo la punta del iceberg”, dijo el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general del organismo. “Esta es una llamada de atención a todos los países para que presten más atención a la salud mental y hagan un mejor trabajo para apoyar la salud mental de sus poblaciones”.

Este aumento en la prevalencia de los problemas de salud mental ha coincidido con graves interrupciones en el acceso a los servicios que los tratan, lo que deja enormes brechas en la atención de quienes más la necesitan.

La falta de diagnóstico, que predomina en varias regiones del globo, incluido Latinoamérica y el Caribe, agrava el problema.

Trabajadores deprimidos

Esto justamente es lo que remarca una investigación realizada con 4,881 individuos de Argentina, Ecuador, México, Paraguay, Uruguay, Colombia y El Salvador, los cuales revelaron altos niveles -de moderados a severos- de ansiedad y depresión, por encima de la media, desde el comienzo de la pandemia de COVID-19.

Los niveles altos detectados de ansiedad y depresión fueron primero evidentes entre los trabajadores de salud, quienes han estado en el frente de batalla desde el comienzo de la pandemia. En Latinoamérica, el informe HEROES (The COVID-19 Health Care Workers Study) mostró que entre el 14.7% y el 22% de los trabajadores de salud presentaron en 2020 síntomas consistentes de depresión.

La investigación para el informe HEROES, realizada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Guatemala, México, Perú, Puerto Rico, Venezuela y Uruguay con 14,502 trabajadores de salud, enfatizó la urgencia de desarrollar estrategias para ayudar a esta población altamente expuesta no solo al coronavirus sino también a la fragilidad mental, así como entornos de trabajo más seguros.

Estas estrategias, dicen expertos, no deben retrasarse y deberían implementarse a la par de las acciones para combatir la infección. 

De la misma manera, las personas deben tomar control de su salud mental tal como lo hacen con otras afecciones, y hacer una consulta con especialistas ante la presencia de los primeros síntomas de depresión y ansiedad. 

Qué es la depresión

La depresión es un trastorno complejo que puede tener muchas causas: el abuso infantil, el haber sufrido violencia doméstica, la muerte de un ser querido, incluso un fracaso de pareja son los escenarios más habituales que suelen desencadenar el trastorno.

Pero el espectro es mucho más amplio: un accidente, baja autoestima, heridas que no sanan, medicamentos que la persona esté consumiendo por otras afecciones (como betabloqueantes, estatinas, corticoesteroides, medicamentos hormonales), historial familiar de depresión, las posibilidades son tantas que solo un especialista podrá llegar a la fuente y recomendar tratamientos apropiados.

Se trata de un trastorno del estado de ánimo que provoca un sentimiento constante o cíclico de desolación y pérdida de interés, en casi todos los aspectos de la vida de la persona.

No es fácil de detectar porque se “camufla” en un estado de tristeza temporal, o incluso de estrés.

Seguramente durante tu  chequeo médico anual, tu médico de cabecera te pregunte sobre tu estado de ánimo, pueda detectar señales de alerta, y dar el primer paso en lo que será una cadena de ayuda.

La Asociación Americana de Psiquiatría sugiere que la combinación de antidepresivos con tratamiento psicológico funcionan bien en la mayoría de los pacientes. Combinar estrategias tiene una explicación: la gente suele abandonar más fácilmente a las píldoras que a los psicólogos. Si esto ocurre, el terapeuta será el balance para volver a encarrilar el tratamiento.

No es una tristeza pasajera

La tristeza es una emoción humana normal, la depresión es un estado mental que no lo es. Muchas veces, las dos palabras se confunden o se usan como sinónimos, especialmente en la comunidad hispana, al decir que una persona “está triste”, cuando en realidad puede estar sufriendo de depresión, y necesitar ayuda.

El  Estudio SOL (Study of Latinos), que se llevó a cabo por una década en distintas comunidades latinas de los Estados Unidos comprobó que un 27% de los latinos que viven en el país presentan síntomas de depresión.

De todas las comunidades latinas, la que tuvo más síntomas de  depresión fue la puertorriqueña, seguida por la cubana.

Una distinción interesante que explica el doctor Guy Winch, autor de “Emotional First Aid: Healing Rejection, Guilt, Failure and Other Everyday Hurts”, es que, en general, estamos tristes por algo. Hay disparadores de la tristeza, como un evento difícil, una pérdida, una ruptura. Es una sensación temporal, y en un período de tiempo corto, se diluye, se supera, y de repente ya no estamos tristes.

En cambio la depresión invade todos los aspectos de la vida, es como si de pronto la vida se pintara de gris. Y la palabra “menos” comienza a regir: todo es menos interesante, menos atractivo, menos importante. Nada vale la pena. Domina el enojo y la frustración, y cada vez lleva más tiempo rearmarse.

Muchas veces, la misma persona no es capaz de reconocerse en ese pantano emocional, y es un amigo, una pareja, un ser querido, el que comienza a ver las señales de alerta. Es el momento de pedir ayuda.

La depresión es una de las afecciones de salud mental más comunes a nivel mundial: la padecen unas 350 millones de personas. 

En Latinoamérica, el  5% de la polación la sufre, aunque el porcentaje de personas que recibe tratamiento es muy bajo, indica la Organización Panamericana de la Salud (OMS).

El Instituto Nacional de Salud Mental estima que unas 16 millones de personas viven con depresión en los Estados Unidos. 

La entidad identifica los siguientes síntomas como las señales de alerta más notorias, aunque pueden no ser las únicas:

  • Un estado de irritabilidad permanente
  • Cambios en el apetito y el peso
  • Trastornos del sueño (puede ser insomnio o dormir mucho)
  • Sentir cansancio o una sensación de lentitud durante el día
  • Tener la energía muy baja
  • Tener sentimientos de culpabilidad, o sentir que nada tiene sentido
  • Problemas con la capacidad de enfocar en una actividad, o perder fácilmente la concentración.  
  • Perder la habilidad de tomar decisiones
  • Tener pensamientos de muerte o suicidio

Hay “depresivos sonrientes”

En el imaginario colectivo, la persona depresiva es aquélla que tiene una cara triste, desesperanzada, que se encierra en su casa y que apenas puede funcionar. Sin embargo, no todo el que padece de depresión encaja en ese estereotipo.

Un artículo en Psychology Today explica que hay una forma de depresión enmascarada tras una fachada de felicidad a la que se define como “depresión sonriente”.

La persona con “depresión sonriente” parece estar feliz, pero internamente presenta síntomas depresivos. Esta forma de depresión a menudo pasa desapercibida. Los mismos que la padecen la descartan, y dejan de lado sus propios sentimientos. Pueden no estar conscientes de su depresión, o querer ocultarla por temor a que se los considere débiles.

¿Por qué es muy peligrosa?

Expertos coinciden en que es muy difícil detectar la “depresión sonriente” (su término técnico es depresión atípica) y por ende, tratarla.

El sello distintivo de la “depresión sonriente”, algunos también la llaman la tristeza del payaso, es justamente la tristeza. La sonrisa y la fachada externa es un mecanismo de defensa, un intento de ocultar los verdaderos sentimientos que están minando el alma de la persona. 

La “depresión sonriente” comparte síntomas con la forma tradicional: sentimientos de ansiedad, miedo, ira, fatiga, irritabilidad, desesperanza y desesperación. Aquéllos que sufren de ésta y otras formas de depresión también pueden experimentar problemas para dormir, incapacidad para disfrutar de actividades que antes eran placenteras y una pérdida de la libido. 

Por supuesto, la experiencia de cada uno es diferente. Es posible sentir solo uno o varios de estos síntomas.

Las personas que sufren de esta forma de depresión suelen no ofrecer ningún indicio de su problema al mundo exterior. Puede hasta ser el amigo gracioso, el alma de la fiesta.

A menudo mantienen un trabajo de tiempo completo, tienen un hogar, participan en deportes y tienen una vida social bastante activa. Con su máscara puesta, todo se ve genial, incluso hasta perfecto. Sin embargo, debajo de la máscara sufren tristeza, ataques de pánico, baja autoestima, insomnio y, en algunos casos, pueden tener pensamientos suicidas.

Y esto puede ser particularmente peligroso. En la depresión clásica, la persona simplemente no tiene fuerzas para actuar. Pero el paciente con “depresión sonriente” tiene más energía para hacer realidad sus pensamientos.