¿Acaso la serie de Charlie Brooker llegó a su límite? – Black Mirror

Ayer, 5 de junio, Netlflix estrenó la quinta temporada de Black Mirror. Volviendo al formato original, la serie de Charlie Brooker nos trajo tres episodios que nos sorprendieron, aunque ya no por la tecnología innovadora que plantean ni por el futuro lejano y oscuro que nos hacen presenciar, sino todo lo contrario: su actualidad. Entonces, luego de cinco temporadas y un especial interactivo, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Llegó Black Mirror a su límite?

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Los tres nuevos episodios de Black Mirror trajeron caras conocidas a la pantalla chica y problemáticas que ya casi no podemos acusar de ciencia ficción. El primero, Striking Vipers, está protagonizado por Anthony Mackie, el querido Falcon del MCU. La historia, que va de un vínculo platónico y no tanto entre dos amigos, plantea como innovación un videojuego al mejor estilo Mortal Kombat o Street Fighter en el que los jugadores, mediante un dispositivo, son capaces de experimentar en su propia piel aquello que experimentan los personajes. Una suerte de realidad virtual, pero con sensaciones físicas.

Mientras que la idea es interesante, el desarrollo no lo es tanto: los dos amigos que juegan, adultos, exitosos, cada uno con una vida resuelta, en seguida le encuentran la vuelta sexual a esta experiencia del videojuego. Mientras uno elige un personaje femenino, el otro selecciona uno masculino y, en lugar de pelear, como el juego dispone, tienen relaciones, sintiéndolo todo cada uno en el living de su hogar. Pronto, ambos amigos se hacen adictos a las sensaciones que el sexo entre ellos, a través del videojuego  y ponen en duda su oh tan frágil heterosexualidad. Tal vez, si Black Mirror se hubiera tentado por una problemática un tanto más oscura que el despertar sexual con tintes homoeróticos de los protagonistas, el episodio sería mejor. Lejos ha quedado el horror de Shut Up And Dance o la perversión y violencia de White Bear

Smithereens, por otro lado, es un episodio increíblemente dramático que, además, cuenta con el siempre brillante Andrew Scott (sí, Moriarty en Sherlock). Pero, de nuevo, está muy lejos de ser Black Mirror. ¿De qué va esta historia? De la adicción a las redes sociales y los peligros de conducir mientras utilizamos nuestro móvil. El episodio te mantiene atrapado casi exclusivamente por el talento de Scott de transmitirnos siempre sus dosis de desesperación y locura, pero no va mucho más allá. Es el más largo de la temporada y, a pesar de que habla de un peligro real, tiene mucho gusto a campaña de concientización. 

Y si destacamos los rostros famosos en esta nueva temporada de Black Mirror, por supuesto, lo hacemos por ella: Miley Cyrus es la protagonista del último episodio de la temporada, Rachel, Jack and Ashley Too. Creemos que la ex Hannah Montana no tuvo que actuar demasiado para lograrlo, ya que interpreta a una pop star cansada de fingir perfección para las cámaras. A pesar de que está lista para patear el tablero, Ashley, como se llama su personaje, descubrirá que ha perdido todo control sobre lo que se hace con su imagen y su música. 

Rachel, Jack and Ashley Too es el episodio más divertido, en términos de comedia, de esta temporada. Miley Cyrus tiene un magnetismo innegable y, al tratarse de personajes jóvenes, termina siendo una historia fresca. Pero, claro, estamos viendo Black Mirror, no queríamos una historia fresca. 

No podemos acusar a esta quinta temporada de Black Mirror de mala. Para nada. La mayoría de nosotros creímos que, al retornar al formato de tres episodios, Brooker y los suyos iban a plantear un retorno a las raíces (lo mejor de Black Mirror, sin lugar a dudas). Y, a pesar de que Striking Vipers, Smithereens y Rachel, Jack y Ashley Too cuentan historias consistentes, interesantes y bien logradas, no tienen el peso revolucionario que Black Mirror supo tener. 

¿Se habrán acabado las ideas oscuras en la mente de Charlie Brooker? ¿Acaso la realidad ha superado a la ficción y por eso Black Mirror ya no encuentra la veta para sorprendernos? La quinta temporada parece confirmarlo: se parece peligrosamente a nuestro día a día, pero ya no nos asusta. 

¿Y a ustedes?