El mundo ideal según Guy Ritchie es más que digno

Guy Ritchie fue el encargado de llevar a cabo la reinterpretación de la historia de Aladdin, y al ser una de las películas más amadas de Disney, la tarea ya de entrada no fue nada fácil. La marca del ratón ha empleado a diferentes directores de renombre para que le impriman su sello particular a sus obras ya clásicas, para evitar que sean un copy y paste: Kenneth Branagh, Jon Favreau, Bill Condon, Tim Burton, entre otros. cada uno de ellos ha sabido impregnar, para bien o para mal, su sello característico con resultados desiguales, y Guy Ritchie también lo ha hecho. ¿Bien o mal? Aquí, en este artículo, te lo comentamos.

Un cuento infantil

Ritchie, desde el comienzo, nos deja claro que lo que estamos a punto de ver es una película para niños, una historia simple con personajes estereotipados que sabemos que no tendrá muchas complicaciones. Ese el espíritu de la cinta: pura diversión familiar.

Desde ese punto de vista se nos presenta a Aladdin, un ladrón de poca monta, quien se enamora de una princesa y está dispuesto a todo con tal de conquistarla. Los ladrones y el mundo criminal en el que se devuelven son temas recurrentes en la filmografía de Ritchie y aquí lo recrea perfectamente. El mundo de Aladdin (Mena Massoud) contrasta radicalmente con el de la realeza al que pertenece su enamorada, la princesa Jazmin (Naomi Scott).

Los protagonistas de esta versión son desconocidos, ya que es la primera vez que Disney se atreve a no hacer white washing; sin embargo, se logran interpretaciones adecuadas, sobresaliendo el trabajo de Naomi Scott. La actuación de Will Smith, tanto en lo actoral como en lo musical, es aceptable pero nada comparable con la que nos dejó de legado Robin Williams. Además, en el papel de Jafar, el malo de la historia, se encuentra el genial actor danés Marwan Kenzari .

La atención está en los detalles

Todo cambia cuando aparece el genio de la lámpara (Will Smith) quien con toda su magia transforma la historia, la narrativa y los personajes. El estilo particular de Ritchie aprovecha la entrada de este mago azul para explotar en la pantalla llenándola de secuencias rápidas, cortes violentos y, sobre todo, un humor muy particular que en algún momento logra romper la cuarta pared.

Otro elemento que podemos resaltar es el arreglo de las piezas musicales y la inclusión de una nueva a cargo de Pasek and Paul(La La Land y The Greatest Showman): sus arreglos le dan un nuevo aire a las piezas, lo que se nota mayormente en el cambio de las letras. Es este rubro, en el que también Ritchie imprime su estilo, algunas secuencias de baile son manipuladas acelerando la velocidad de los cuadros, lo que le da un aspecto más caricaturesco. Esta manipulación del tiempo también la hace en algunas baladas para darle más emotividad a las escenas.

Una historia de ladrones

Si comparamos esta versión con la original animada, obviamente la nueva saldrá perdiendo: no es casualidad que la versión de Robin Williams haya pasado tan bien la prueba del tiempo; aún conserva esa magia que nos cautivó en la década de 1990. Sin embargo, Ritchie lo sabe muy bien y no espera que su versión remplace la animada; al contrario: le sabe rendir homenaje, que inmediatamente nos lleva a tener un déjà vu de cuando vimos la original por primera vez.

Aladdin es una película palomera, disfrutable, regular dentro de la filmografía de Guy Ritchie. Si deciden verla en familia o con los amigos no se arrepentirán; ahora, que si van en plan de compararla contra la original animada… pues, seguro saldrán de malas.