La ambición desmedida de esta nueva propuesta de Netflix – Maniac

La ambición desmedida de esta nueva propuesta de Netflix – Maniac

El pasado 21 de Septiembre, Netflix estrenó una nueva serie limitada original. Titulado Maniac, este show prometía mucho principalmente por sus dos protagonistas: Emma Stone y Jonah Hill. Los dos actores, famosos por sus obras en la pantalla grande, sumados a lo que parecía ser una estética bastante particular y a Cary Joji Fukunaga, director responsable de series que supieron ser maravillosas, como True Detective, nos llenaron de expectativas. 

La historia de Maniac nos muestra a distintos sujetos que se someten a una prueba de un laboratorio para lanzar una nueva droga al mercado, que promete curar para siempre el dolor de diversas experiencias traumáticas. Entre estos sujetos, se encuentran Emma Stone y Jonah Hill, que interpretan a Annie y Owen respectivamente.

Annie es todo lo que le venimos viendo a Emma Stone desde que empezó su carrera: una chica linda, dura, que parece insensible, con algún que otro problema de adicción, pero que esconde un pasado triste que la formó de esta manera. 

Owen es el hijo de una familia adinerada, tímido, triste, opacado por su hermano mayor, un verdadero cretino, que sufre de algún trastorno del tipo esquizoide y que debe cumplir con su familia, aunque eso signifique ensuciar su propia consciencia.

Huyendo de sus vidas, ambos llegan a la Farmacéutica Neberdine, para someterse a este nuevo tratamiento que consiste en la toma de tres pastillas diferentes mientras se conectan a una súper computadora, dotada de inteligencia artificial, que promete encontrar la manera de curar aquello que tanto dolor les causa en su mente. Por supuesto, al ser una prueba, corren riesgos, pero ambos están lo bastante desesperados como para hacerlo.

Uno de los grandes problemas de Maniac es que la historia suena demasiado a cosas que ya hemos visto. A los dos capítulos nos damos cuenta de que es una reversión de Eternal Sunshine Of The Spotless Mind con algunos toques de Inception, y que la famosa estética que tanto prometía, huele un poquito a Legion.

Sin embargo, hay que saber disfrutar lo que Netflix nos da. Decididamente hay un trabajo de búsqueda en la cinematografía de Maniac. La presencia de lo analógico, la utilización de los colores y la caracterización de algunos personajes, sobre todo los relacionados con el laboratorio, hacen que la serie sea bastante bella de ver. 

Una vez comenzado el tratamiento, Annie y Owen terminarán unidos de manera fortuita dentro de esas realidades alternativas que les propone la súper computadora de Neberdine para superar sus traumas. Así, descubrirán que tienen mucho en común e irán, poco a poco, aprendiendo a quererse y protegerse.

Con una trama que no propone nada nuevo, las realidades alternativas le dan la posibilidad a Emma Stone y a Jonah Hill de desplegarse en diversos papeles: un matrimonio clásico, gángsters, ladrones de guante blanco, elfos, etc. A pesar de que se termina tornando un recurso algo repetitivo (tal vez diez episodios fue demasiado), quiero destacar la labor de Jonah Hill. El actor, que se encuentra radicalmente cambiado físicamente para este rol, demuestra que es mucho más que un actor de comedia, entregándonos lo mejor de la serie. Su Owen Milgrim es un personaje apagado, sensible, asustado por el mundo que lo rodea. Su caracterización, que va desde la utilización de la voz hasta la posición de su cuerpo y la forma en que evita el contacto visual, es tal vez lo más rico que nos entrega Maniac

Otro personaje destacable es el de la Dra. Azumi Fujita, la responsable detrás de la inteligencia artificial que lleva adelante el tratamiento. La actriz Sonoya Mizuno le da una postura única a esta doctora, que suele estar con los brazos en jarra y un cigarrillo colgando de la boca y que intenta mantener la calma aún en las peores condiciones.

El guión de Maniac juega a ser una comedia dramática. Mientras que en la comedia se basa casi exclusivamente en el absurdo, en esos doctores que hablan en japonés, a pesar de que todos también pueden hablar inglés, y que son bastante particulares (el personaje de Justin Theroux, sin embargo, me parece demasiado exagerado y termina haciendo ruido en la pantalla), en la parte dramática es bastante más afilada y nos entrega frases bellísimas que dan justo en el blanco de los corazones rotos. 

En conclusión, hay un trabajo interesante en Maniac, que tal vez no sea de lo más innovador, pero que vale la pena mirar.