La complejidad del matrimonio abordado de una sobrecogedora manera, pero…

Uno de los sentimientos más hermosos y nobles que existen es el amor, el motor que nos hace realizar locuras, romper límites o encontrar versiones de nosotros que jamás hubiéramos creído que existían. Y cuando trasciende, cuando has encontrado a la persona ideal con la cual pasar el resto de tus días y es correspondido, llega una de las etapas más retadoras y preciosas que puedan ocurrir en una persona, el matrimonio, ese compromiso poderoso que regala los momentos más perfectos en la vida de quienes lo viven. Claramente es un vínculo que mantiene sus altas y bajas, y el respeto, la fidelidad, la comunicación, la generosidad y un sinfín más de elementos esenciales para poder llevar a través de los años una relación marital pura y sincera, poco a poco se van perdiendo. Es ahí, en ese complejo devenir de una conexión sentimental entre dos personas, que el director y guionista Noah Baumbach, toma los elementos justos para crear Marriage Story (Historia de un matrimonio), una de las historias más emotivas y desgarradoras del año.

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Con una simpleza en su primicia, pero una intrincada dificultad y detallada ejecución, es que Marriage Story es realizada, pues el personaje de Adam Driver, Charlie, es un director de teatro de Nueva York, y su mujer Nicole, interpretada por Scarlett Johansson, funge como actriz y su musa en la compañía teatral. En la historia, ambos luchan fervientemente para superar un divorcio que les lleva al extremo, tanto en lo personal como en lo creativo. Aquí es donde encontramos la crudeza que representa una separación y un rompimiento sentimental profundo.

De primera instancia es de destacar el nivel y compromiso de actuación de sus protagonistas; tanto Driver como Johansson, exploran facetas muy poco conocidas dentro de su repertorio actoral, llegando a límites inimaginables en su haber, con una construcción que pasa del estado más puro de enamoramiento y felicidad, hasta el odio y decepción más aterrador que se pueda experimentar. La calidad histriónica de ambos no es motivo de cuestión, han demostrado con el paso de los años que poseen los ingredientes justos para ser parte de las más grandes producciones hollywoodenses, así como de las historias más íntimas dentro del cine independiente. Pero es aquí, como esta pareja compuesta por Charlie y Nicole, que logran que el espectador se enamore de ellos, de su vida y pasado, pero a la vez, se vuelva parte de su separación, debatiendo sobre qué lado tomar, formando parte de su declive, deterioro y posterior levantamiento, entregan una relación para recordar, trascendental y extrañamente pocas veces explorada con tacto y elegancia. Ambos brillan con luz propia y sus personajes permiten que estallen actoralmente. 

El director, Noah Baumbach (Frances Ha, 2012), entiende a la perfección los elementos que debe abordar para mostrar esta trama sentimental, pues es una comedia romántica que así como entrega escenas cálidas, simpáticas y alegres, te lleva por los hechos más deprimentes y decepcionantes que puedan abordar, con elementos que conectan y dejan huella en quien la ve. Transita por todos los estados anímicos en los que cualquier persona que ha estado enamorada o en matrimonio pueda empatizar, jugando emocionalmente con eso y ejecutando con detenimiento su proyección. La manera en la que los personajes, que poseen una conexión interna brutal, tienen que dejarse, a través de un desarrollo simplista, roba el aliento y el alma, es algo que solamente se puede lograr con la forma en la que dirigió a su reparto y la manera en la que exprimió hasta la última gota de ellos. Los momentos que ambos viven se transmiten son total transparencia y es válido decir que uno sufre junto con ellos

Complementando esta fascinante historia tenía que destacarse el rubro que toca fibras sensibles, pues el apartado musical, compuesto por el galardonado y reconocido Randy Newman (Toy Story de 1995, Monsters, Inc. de 2001), eriza la piel y acompasa de manera extraordinaria las emociones y lo niveles sentimentales de cada personaje, creando una atmósfera que puede llegar a ser tanto acogedora, como algo inquietante, detonando con ligeros arreglos y toques estructurales que matizan de manera fina cada cuadro y detalle cinematográfico. Una belleza sonora y visual.

Además, también impera otro elemento fundamental, el del reparto que complementa la historia: Merritt Wever, Alan Alda, Mary Hollis Inboden, Azhy Robertson, Emily Cass McDonnell, Ray Liotta, entre otros, con mención sumamente especial para Laura Dern, quien representa a la abogada defensora de Nicole, y quien no duda en mostrar a un personaje riquísimo en cuanto a temple y añoranza, con una ferviente determinación para ayudar a nuestra adorada protagonista.

Pero…

La verdad que no hay peros que valgan: Marriage Story es un gran drama como para encontrarle una vuelta de tuerca diferente; es simple, tenaz y directa.

En resumen

Marriage Story es una de esas películas que marca la vida de quien la ve y de quien la realiza sentimentalmente como pocas, abordando el desgastante proceso de la separación familiar con una dulce y correcta dosis de comedia que enamorará a la audiencia. Driver y Johansson entregan las performances de sus vidas y nos llevan por un camino tanto excitante como decadente. Las lágrimas no tardaran en salir y la satisfacción por ellas igual.

Ah, y está en exclusiva en Netflix, otra gran ventaja.