Las 7 peleas que dieron las chicas fuera del cuadrilátero, y a mucha honra – GLOW

En sus dos escasas temporadas GLOW ha peleado luchas que atañen a una sociedad en cambio regresivo (en la actualidad), por más que sean extrapolables al resto del globo.

De todas formas, sin ponernos en sabelotodos, tenemos que entender que la serie transcurre en los ochentas, durante el gobierno de Ronald Reagan y el conservadurismo que llevó tanto a ocultar el HIV como a censurar a las vertientes más liberales del arte (por ejemplo, quitando sponsors) y exigiendo a estos últimos que hagan campañas públicas de los más ridículas.

Como forma de reconocimiento al show que escapa a la media y que es rescatable como uno de los mejores de la comedia actual, intentaré identificar algunas de peleas que GLOW ha dado fuera del cuadrilátero.

1. Sacar a la mujer de ser el adorno del varón

Desde el comienzo vemos a Ruth Wilder intentar no ser la típica actriz de reparto por culpa de no ser rubia de pechos inflados; lo que busca no es ser esa que consigue sus partes por la apariencia o siendo solo un adorno en el set, sino ser quien entregue los parlamentos más jugados y profundos de un guión. Persiste en su constante fracaso, hasta llegar a GLOW.

El programa que intenta desarrollar Sam Sylvia, en sí, es una demostración de poder femenino, pero allí no queda: él mismo “alecciona” a su propia hija Justine, al final de la segunda temporada. Cuando la adolescente, en un ataque de rebeldía, amenaza con acompañar la gira de la banda de su novio en Nueva York, para escaparse así nuevamente de su madre, el director le reprocha: “¿Vas a ser la acompañante de tu pareja? ¿Por qué no sos VOS en lugar de ‘la novia de…’? Deja de menospreciarte. ¿Quieres irte? Vete, pero no para ser el perro de otro”.

ÉPICO.

2. Acoso sexual en el show bussiness

Ruth, maltratada en el set de GLOW, es invitada por el dueño de la cadena de cable que las transmite (Tom Grant) a una cena de negocios. Como todos esperamos, la misma termina siendo una simple carnada para atraerla a sus aposentos. Allí, el superior, con su poder la avanza y ella se escapa. Obviamente, el programa es trasladado a las 2 AM para su lenta muerte.

Esta situación, denunciada hoy día con frecuencia, era inevitable que pasara. No hay un abuso de la coyuntura actual, era solo esperar para que, a un programa de todas mujeres, alquien aplicara su escalafón para obtener la carne de las protagonistas.

La sorpresa fue la reacción de la heroína, Debbie Eagan, que le reprocha no haber aceptado el avance y le sentencia El feminismo tiene principios, la vida compromisos”. El contraste lo da Sam Sylvia quien no solo la apoya con un “Fuck Tom Grant”, sino que luego le destroza el parabrisas al coche.

3. Las hipócritas campañas públicas de las estrellas

Durante los 80’s se popularizó que las estrellas hicieran campañas públicas, aun en contra de sus actitudes cotidianas. Allí vimos el “Winners don’t use drugs“, el “Stay in school” y otras.

En GLOW ocurre que, para intentar ir en contra de un grupo de lobbistas conservadores que presionan para que el único sponsor se retire, las chicas filman un aviso donde intentaban prevenir el sexo durante el secundario.

Está claro que, como realmente ocurría, ellas no están de acuerdo con el mensaje, pero es la única manera de intentar vencer a los diminutas agrupaciones que, con mucho dinero y tiempo disponible, solo viven de meter a la fuerza su propio estilo de vida en todos los demás.

Las GLOW originales hicieron su propia campaña (PSA).

4. Uso de drogas

Bueno, quizá el menos sorprendente de todos los tópicos. Hay no solo marihuana y alcohol sino cocaína circulando. Sam gusta de utilizarla, sin demostrar un gran cambio en su personalidad… AH, no hay una condena, no hay moraleja. Sí le ocurre a Debbie, quien la termina consumiendo en un episodio muy duro para ella y acaba por romperle la pierna a Ruth en vivo y directo. La rubia se arrepiente del hecho, pero no del uso de la sustancia.

5. LGBT

Todos suponíamos que Bash Howard podía ser gay y que su mayordomo (Florian) era su pareja, pero en la segunda temporada nos enteramos que él nunca se aceptó de esta forma, que él mismo está dentro del closet. Ante la desaparición de Florian y la inexplicablemente desesperada búsqueda que emprende del mismo, vemos al productor de GLOW totalmente desarmado, rompiéndonos el corazón. Pero él no se explica qué le pasa. Sobre el final le llega la noticia de que su amor ha muerto “oficialmente por neumonía”, destruyendo por completo a Bash. Expandiremos esto luego.

El otro exponente, pero por el lado de la ternura, acaba siendo el amor que nace entre Arthie Premkumar (Beirut) y Yolanda Rivas (Chola Junkchain). La segunda ya era lesbiana declarada, pero la hindú se ve en la situación de no poder más de pasión y de una forma muy natural y tranquila le estampa a Rivas un beso durante la pelea final del show.

Las dos caras de la misma moneda.

6. Aborto

Volvemos a Ruth. Ella, por causa del amorío con el marido de Debbie, se descubre embarazada. Lo que se ve a continuación no es una situación forzosamente traumática, sino la vida misma en un lugar donde las mujeres cuentan con sus derechos protegidos (lo que en la actualidad está más que menguado). Enterado Sam, la acompaña a una clínica, donde se practica una interrupción voluntaria del embarazo y vuelve al set.

Está claro que cada casuística es particular, pero lo que sí se ve es que, con la posibilidad de optar, nadie se juega la vida. Sobre esto se puede leer lo que ya comentábamos, aquí.

7. HIV

Como dijimos, Florian, el mayordomo de Bash, muere de “neumonía”, o sea, por causa de la baja de defensas por el HIV. En 1984/5 la administración Reagan ocultó la existencia de este virus, lo que llevó a que la pandemia creciera.

En GLOW, luego de que se le comunica la horrenda noticia al productor, la representante del hospital le hace entender que va a tener problemas para organizar la disposición del cuerpo, ya que el mismo no iba a ser fácilmente aceptado para el velorio y posterior entierro. Bash, ya en soledad, contrata a un equipo de desinfectadores para que laven con lejía toda su casa, tal el nivel de ignorancia que las políticas sanitarias causaron: es clara la intención de borrar hasta el último vestigio tanto de su homosexualidad como de la existencia misma de Florian en su vida.

Resumiendo

En escasas 20 entregas esta serie se enfrentó a los citados contendientes, venciendo, ya que no solo la presentación de lo temas ha sido impecable, sino también su definición (o la falta de ella en alguno de los puntos).

Sin perder jamás de vista de que al tratarse de una comedia de treinta minutos por episodio, el tiempo invertido debe ser siempre el justo. Solo los guionistas saben qué tópicos abordarán en la tercera temporada, ¿pudieron ya haber utilizados todos?

Lo cierto es que GLOW se suma a la pelea de todos.