Llevando la paz a los tiros (o estos son mis amigos) – Generation Kill

Serie del creador de The Wire… Por HBO

EEUU va a derrocar a Saddam, está por invadir Iraq, la adrenalina se acumula: años de entrenamiento y estudios topográficos están por verse sometidos a prueba. Acompañémoslos, subámonos a la Humvee, vivamos de primera mano la experiencia.

Esto es lo que hace Evan ‘Scribe’ Wright, de la revista Rolling Stone. Ahora, lo que es muy interesante es que este personaje pasa a un cuarto plano total: su incidencia es ínfima, se corre del centro y deja “desnudos” a los soldados, a los que él observa, con sus muchas luchas internas y de relación entre ellos.

Son varios cuerpos los que avanzan juntos, cada uno con un liderazgo distinto y todos bajo el comando del teniente coronel Stephen ‘Godfather’ Ferrando. Pero, quienes realmente están al mando son las drogas. Sí, aquellos medicamentos que mantienen alerta y despiertos a los soldados a cambio de hacerlos muy agresivos, parlanchines, etc.

Aquellos que quieren hacer las cosas lo más correctamente posible encuentran un limitante entendible: no pueden estar en todos lados al mismo tiempo y, esa sábana corta tiene como consecuencia que, por algún lado, algo estalle. Sumemos a esto psicópatas con escalafón, a los que hay que explicarles que no pueden disparar con una AK-47 robada porque su característico ruido los hace pensar que un soldado enemigo está cerca. El desconocimiento del porqué están en ESA guerra es supremo.

Nuestros dos protagonistas son Brad Colbert (Alexander Skarsgard) y Josh Ray Person (James Ransone), quienes llevan a Wright (el de la RollingStone) en el “Tour de la invasión”.

Los errores, originados en la política (les dan ropas antiagentes químicos, porque Saddam tenía -mentira- armas de destrucción masiva con camuflaje para selva) y los tácticos se repiten, en muchos casos, debido a comandantes que se encuentran muy cómodos a millas de la acción, descuidando -de este simple modo- la vida de los soldados norteamericanos y de los iraquíes que viven allí, cuya convivencia, además de violenta, es fortuita.

A medida que la invasión avanza, todos los luchadores se encuentran ejecutando tareas de regularización de la vida civil, cosa para la que no fueron entrenados y, nuevamente, se exacerban las miserias y diferencias entre ellos: los intercambios de opinión dejan de ser amigables, los partidos de football, pasan de ser para aflojar tensiones a prácticas de lucha cuerpo a cuerpo donde los subordinados encuentran la posibilidad de golpear a los superiores.

Esta serie es un muy interesante examen sociológico; qué sucede con humanos con límites éticos nada definidos en un lugar totalmente fuera de contexto para la generalidad de los personajes, donde creen que los controles han desaparecido temporalmente. Veremos la cordura de algunos esfumarse, mientras que a otros, como Person (por falta, quizá, de pastillas), les surge, solo para espantarse con el espectáculo ante sus ojos. Todo dentro de un sistema a punto de explotar, en el que gente como el teniente Nathaniel Fink (Stark Sands) se la pasa demorando la tan temida detonación del grupo.

Es central llegar a comparar la naturaleza del militar estadounidense, sus pasiones, para compararse con la de los noruegos de Nobel (Netflix), mucho más desapasionados en momentos críticos. Consejo: acordarse de los apodos, ya que, con casco, son todos parecidos. ¡¡¡Vaya alegoría!!!

Finalmente, por más alienados que estemos, la serie nos demuestra que no nos gusta confrontar con la realidad de nuestros actos… una verdadera joya que se ilumina al final.