#MesDelTerror: El legado de Ed Gein en el cine

Cuando hablábamos de The Texas Chain Saw Massacre (1974), mencionamos a Ed Gein como una de sus principales influencias. Este asesino nacido en Wisconsin dejó un legado en el cine de terror sumamente importante, el cual también incluye otros clásicos como Psycho (1960), de Alfred Hitchcock y Silence of the Lambs (1991), de Jonathan Demme. Sin embargo, la descripción de asesino serial no le hace justicia a los actos macabros cometidos por Gein, quien técnicamente sólo fue encontrado culpable de dos homicidios a pesar de que su nombre también fue investigado en relación con la muerte de su hermano, Henry George Gein, en 1944 y la desaparición de la joven niñera Evelyn Hartley en 1953.

Contrario a la creencia popular o a las descripciones que se hacen de su persona, Gein sólo se dedicó a desenterrar cadáveres, desollarlos y mutilarlos con el fin de recrear la presencia de su madre a través de una especie de disfraz que él usaba para convertirse en ella. Y fue justo en estas escalofriantes actividades que los personajes de Norman Bates, Leatherface y Buffalo Bill encontraron aspectos importantes de su personalidad: Bates creó la peligrosa identidad de Mother vistiéndose con la ropa de su madre mientras que Leatherface y Buffalo Bill usaron la piel de sus víctimas para distintos fines. A continuación, te contamos un poco más de Ed Gein y el legado que sus crímenes ha dejado en el mundo del cine.

La primera víctima

Nacido el 27 de Agosto de 1906, Edward Gein vivió una infancia marcada por el alcoholismo de su padre y la rígida educación que su madre le impuso a él y a su hermano Henry. Al ser una ferviente católica, Augusta Wilhelmine Gein leía la Biblia a sus hijos todos los días y predicaba a ellos la innata maldad de las mujeres en la sociedad. Creyendo que el mundo estaba lleno de tentaciones, Augusta evitó que sus hijos tuvieran amigos en la escuela, obligándolos a regresar a casa después de asistir a clases para trabajar en la granja de la familia. En la escuela, Ed llamaba la atención de sus maestros y compañeros por los ataques de risa que tenía constantemente y que parecían surgir de un diálogo interno consigo mismo.

Tras la muerte de su padre en 1940, los hermanos Gein se hicieron cargo de la granja y de su madre. Sin embargo, mientras Henry se alejaba de Augusta con el paso del tiempo, Ed se volvía cada vez más cercano a ella hasta el punto de preocupar a su hermano. Henry Gein aparecería muerto en 1944 después de que su hermano lo reportara como desaparecido durante un incendio que se salió de control dentro de la granja. El reporte oficial indicó que Henry había muerto de asfixia; no obstante, años más tarde, cuando la policía descubrió los crímenes de Ed, la muerte de Henry adquirió un matiz alarmante: muy probablemente, él había sido la primera víctima de su hermano. Por su parte, Augusta sufriría un infarto que la dejaría paralizada hasta su muerte en diciembre de 1945.

Butcher of Plainfield

En noviembre de 1957, Bernice Worden, dueña de una ferretería, desapareció de su tienda tras tener a Gein como último cliente. Esto llevó a Frank, el hijo de Bernice, a investigar a Gein y obligar a la policía a registrar su hogar, en donde finalmente encontraron el cadáver de Bernice y otros restos de cuerpos humanos en distintos estados de composición. Por si esto no fuera suficiente, la investigación descubrió que Gein había decorado muebles y ropa con huesos y piel de los cadáveres que había desenterrado en distintos cementerios.

Fueron cerca de 40 las visitas que Ed hizo a 3 cementerios cercanos a su hogar para exhumar cadáveres femeninos. Con ellos, él se construiría un disfraz que le permitía vivir con (y como) su madre el resto de su vida. Desgraciadamente, Ed fue declarado esquizofrénico y no apto para un juicio, lo cual lo llevó a permanecer en un psiquiátrico hasta su muerte en 1984.

Al día de hoy, Ed Gein es también conocido como The Butcher of Plainfield.

El legado

Aunque el autor de Psycho, Robert Bloch, afirma que nunca había escuchado hablar de Ed Gein hasta que iba a terminar su novela, el escritor se aseguró de escribir, al final de su libro, una nota en la que admitía que Norman Bates compartía algunas características de la personalidad de Gein. En 1960, un año después de la publicación de la novela, Alfred Hitchcock se encargaría de hacer la adaptación que más tarde se convertiría no sólo en un referente del cine de suspenso sino también del cine en general. En esta película, el actor Anthony Perkins interpreta a Norman Bates, un joven que desarrolla una segunda personalidad en honor a su madre y a través de la cual comete varios asesinatos.

Psycho, de Hitchcock, sentaría las bases de lo que más tarde se conocería como slasher y revolucionaría a la industria del cine al sentar nuevos estándares de la violencia y perversión que eran permitidos desplegar en la pantalla grande. No obstante, Psycho sólo se enfocó en la compleja relación psicológica que Norman mantenía con su madre (y que era similar a la que Gein había vivido con su progenitora), dejando a The Texas Chain Saw Massacre (1974) explorar la violencia y la maldad que se relacionaron inmediatamente con Gein.

Tobe Hooper y su Texas Chain Saw Massacre explorarían la maldad en su más puro estado y dotarían a Leatherface con la fascinación que Gein sentía por la piel y los huesos humanos. A diferencia de Hitchcock, Hooper no tuvo ningún reparo en mostrar la violencia a través de Leatherface, quien al estar en parte basado en Gein, permite a la audiencia imaginar el nivel de daño mental que ambos sufrían para desollar cadáveres de esa manera. Finalmente, la novela The Silence of the Lambs (1991) y su posterior adaptación, dirigida por Jonathan Demme, retomarían el disfraz que Ed Gein trataba de construir para dotar al personaje de Buffalo Bill con esta misma ambición (pero con una distinta motivación).

Al día de hoy, Psycho, The Texas Chain Saw Massacre y The Silence of the Lambs son consideradas tres de las mejores películas en la historia del cine por distintas razones. La maestría irrepetible de Hitchcock, el inesperado genio de Tobe Hooper y la memorable historia y actuaciones que Jonathan Demme logró capturar se han asegurado, indirectamente, de que el legado de Ed Gein siga vivo hasta nuestros días y probablemente, hasta el fin de la humanidad. Sin embargo, a diferencia del vacío que dejó el asesino con cada uno de sus crímenes, estas tres películas (como muchas otras del género de terror) buscan exactamente lo opuesto: ser un espejo para que la audiencia tenga la oportunidad de examinar sus propios vacíos y, al mismo tiempo, una ficción que les permita limpiar estos espacios a través de la catarsis que sus historias ofrecen. Lila Crane, Sally Hardesty y Clarice Starling, las heroínas de estas tres cintas, sugieren que quizás es imposible erradicar la maldad por completo, ¡pero vaya que es posible darle batalla y sobrevivir a ella! Y ese es un mejor legado que recordar: el que el cine de terror ha construido alrededor del miedo y las innumerables posibilidades que tiene el ser humano de enfrentarlo en todas sus formas.

Aquí puedes revisar todas nuestras entradas del #MesDeTerror:

  1. The Texas Chain Saw Massacre (1974)