The Iron Throne – Game of Thrones

Y al fin llegó el final de Game Of Thrones en un episodio que seguramente hará hablar a los fans, no fans y etcéteras eternos.

Pasemos al recap. Todo el comienzo fue la reafirmación de la locura o ambición de poder de Daenerys mientras veíamos una King’s Landing bajo cenizas y los ejércitos de la blonda totalmente confiados y leales a ella. Aunque nos preguntamos: ¿qué tan loca fueron sus comentarios si en el fondo ella quería romper la rueda pero a su manera? 

No hay mucho más para contar del episodio hasta el punto de quiebre (ya lo nombraremos) más allá que Tyrion se llevó todos los laureles nuevamente por la soberbia actuación de Peter Dinklage, quien demostró que merece un premio tras otro. 

Acusado de traición por la misma Daenerys, el pequeño Lannister es encerrado en una de las pocas habitaciones en condiciones de la Fortaleza Roja y es visitado por Jon. En ese momento, Tyrion confiesa una de las teorías que circulaban por las redes después del episodio The Dragon and The Wolf: él también estaba enamorado de Daenerys.

:O

Lo cierto es que, a medida que la charla con Jon aumenta en sentimentalismo, el pequeño le da a entender al Snow/Targaryen que es momento que tome una decisión: que detenga a Daenerys de alguna forma, y esa debe ser matándola.

Acto seguido, vemos en el salón del Trono de Hierro a una Daenerys desencajada en sus ojos mirando al Trono, y llega Jon. Luego de una corta charla en la que ella le propone gobernar juntos y él vuelve a jurarle lealtad eterna, la mata. Sí, la mata. Y punto, se acabó la historia de la blonda para siempre.

Ok, ahí tenemos un sobresalto importante, pero casi obvio, y la verdad que el recurso fue demasiado veloz y el episodio fue soso al extremo total. No sentimos ni una puntada de emoción, por lo menos hasta este momento. ¿Qué nos pudo hacer ver algo simbólicamente interesante? Lo que anticiparía el final, y tal vez la clave del episodio (por no decir lo mejor de la temporada): Drogon llega al salón del Trono y, al darse cuenta de la muerte de su madre, en vez de prender fuego a Jon derrite para siempre el Trono. ¿Justicia poética? Sí, y más porque el dragón se lleva al cuerpo de Daenerys para siempre, borra todo tipo de marca de los gobiernos a venir.

Esto sí que estuvo bien como eje del episodio y lo celebramos.

En una suerte de epílogo, y como ya dijimos arriba, el destino del Trono fue anticipado por Drogon al destrozar el símbolo de poder: frente a un consejo de los lores y las ladies de Westeros, Tyrion es enfrentado, y al no haber Rey ni Reina, alguna solución debe haber. ¿Qué se decide? De parte de Tyrion, Bran es la mejor opción como Rey y así es votado, menos por Sansa que exige la liberación del Norte. Todos felices, hasta que Jon, preso por matar a Daenerys, es enviado al Norte como parte de la Guardia de la Noche

Y ahora sí, vemos el final – final, con el destino de cada uno de los Stark y de Jon cerrándose (Bran como Rey rodeado del consejo más chistoso de la historia, Sansa como Reina en el Norte, Arya siendo exploradora en un barco Stark y Jon siendo primero parte de la Guardia de la Noche para luego irse a vivir con los Salvajes), no hay mucho más para decir que llegamos a un cierre más agrio que dulce, más falto de emoción y coherencia con la serie misma de lo que pensábamos, con premoniciones que nunca se cumplieron dentro de la misma serie (el tema de los ojos verdes que debía cerrar Arya será una deuda eterna) que, realmente, esperábamos.

Ya el tiempo no puede volverse atrás, lo dicho hecho está. Esto fue Game Of Thrones y, a pesar de un final que no nos termina de convencer, agradecemos a HBO por darnos muchos años de buen contenido audiovisual.

🙂