Un melancólico retrato francés de un romance en la década de los noventa

Después del éxito que fue 120 battements par minute (120 latidos por minuto, 2017), los franceses regresaron al Festival de Cannes en 2018 con Plaire, aimer et courir vite (Vivir deprisa, amar despacio), una cinta que lidia con dos generaciones distintas de hombres homosexuales, los cuales se aproximan a las relaciones, al amor y a la vida desde polos opuestos. Dirigida y escrita por Christophe Honoré (Les Chansons d’amour), Plaire, aimer et courir vite es un entrañable y emotivo retrato de una relación homosexual que aún se ve marcada por los estigmas y obstáculos que conllevaba esta preferencia sexual en la década de los 90.

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Es 1993 y Jacques (Pierre Deladonchamps) es un escritor con una larga lista de amantes que nunca son algo más que un amorío pasajero. Jacques sólo tiene dos constantes en su vida: su hijo Loulou (Tristan Farge) –el cual tuvo con su amiga Isabelle (Sophie Letourneur)– y Matthieu (Denis Podalydès), su mejor amigo y vecino que trabaja como coreógrafo de hombres más jóvenes que él. Su perspectiva sobre la vida cambia radicalmente cuando conoce a Arthur (Vincent Lacoste), un joven idealista y soñador que encuentra en Jacques a un hombre mucho más interesante que los chicos que acostumbra frecuentar. Aunque desde su primer encuentro ambos quedan fascinados con el otro, sus distintas realidades serán un obstáculo para la relación que Arthur quiere iniciar y aquella que Jacques se encuentra temeroso de dejar entrar en su vida.

Tratar de describir el conflicto de Plaire, aimer et courir vite sería complicado porque la cinta no muestra urgencia alguna por llegar a cierto punto. Por el contrario, el director Christophe Honoré se muestra más interesado en darnos la oportunidad de observar y contemplar algunos días en las vidas de sus personajes, los cuales evocan vívidamente distintos sentimientos y emociones en el espectador. A través de Jacques (Deladonchamps) y Arthur (Lacoste), Honoré obliga a su público a vivir y sentir contrastes de la forma más cruda posible: la ilusión de un nuevo amor, pero también la desconfianza que esto conlleva; la emoción de ser joven y tener ideales, pero también el cansancio que se queda conforme la vida pasa y el reloj avanza, así como la energía e ilusión de la juventud, pero también el miedo que trae consigo la posibilidad de la muerte.

Describir a una película como queer es riesgoso por los prejuicios que el público puede tener al respecto. No obstante, Plaire, aimer et courir vite es una película queer por naturaleza, ya que esta no sería la misma si no tuviera un romance homosexual como su eje central. Incluso parte del conflicto que surge después de la mitad de la cinta tiene que ver con cuestiones sociales de la década de los noventa respecto al tema del VIH y cómo la comunidad LGBTQ+ se enfrentó a esta enfermedad y a sus (entonces) mortales consecuencias. Si 120 latidos por minuto retrató el conflicto social al que se tenían que enfrentar los portadores y aliados de esta enfermedad, Plaire, aimer et courir vite es una meditación más íntima y personal de los estragos que podía causar este padecimiento en aquellos individuos que lo sufrían.

No es una decisión arbitraria que el azul predomine a lo largo de toda la cinta. A través de este color, Honoré evoca visualmente melancolía y nostalgia por aquellos momentos que hacen de la vida un poco más cálida. En el filme, es evidente que existe una constante tristeza en la vida de ambos protagonistas, pero algunas secuencias sugieren que tanto Jacques como Arthur están dispuestos a encontrarse a la mitad del camino. Ya sea bailando una coreografía que Matthieu (Podalydès) les puso o conversando en el teléfono sobre los tipos de amantes que existen, los momentos que Jacques y Arthur comparten sugieren un poco de esperanza y estabilidad para ambos, características que desaparecen de sus respectivas vidas cuando están separados.

Este memorable romance no sería posible sin el carisma que Vincent Lacoste (Lolo) le brinda a Arthur y la experiencia con la que Pierre Deladonchamps (conocido por su participación en Stranger by the Lake) interpreta a Jacques. Vistos de lejos, Jacques y Arthur podrían ser el mismo personaje en distintas épocas. Al inicio del filme, Jacques es un escritor cuya profesión no parece satisfacerlo del todo y que no le consigue los lujos que cree merecer al mismo tiempo que cuida en su casa a uno de sus amantes infectado por el VIH, mientras que Arthur es un joven que se encuentra descubriendo su sexualidad y que defiende los amoríos ocasionales bajo la premisa de que el placer también es una excusa válida para vivir experiencias. Y aunque ambos terminan en lugares muy similares a donde los conocimos, es evidente que el desenlace no es tan importante para Honoré, quien sugiere que los momentos más ordinarios son también aquellos que encierran una mayor sabiduría y belleza y que en Plaire, aimer et courir vite son los que dejarán una mayor impresión en la audiencia.

En Plaire, aimer et courir vite es necesario dejarse llevar por los sentimientos que provoca contemplar este romance y todos los escenarios franceses que visita. La película transcurre a un ritmo lento (y como ejemplo de esto sólo basta mencionar que los personajes principales no se conocen hasta ya cerca de media hora iniciada la cinta) y en un inicio podría parecer que Honoré no tiene un rumbo claro con su guión, pero esto es parte del encanto que el proyecto posee y que se revela una vez que el filme termina.

La traducción literal en español del título original es “gustar, amar y correr rápido”, una frase que es una divertida contradicción de lo que hace esta cinta y que contiene un adjetivo que el espectador debe borrar de su vocabulario si pretender disfrutar de estos personajes y su historia.