Un viaje al pasado y los orígenes de Hooded Justice – Watchmen

Watchmen está logrando algo que casi me cuesta creer: episodio tras episodio, cuando termino de verlos, digo “este es el mejor de la temporada“, pero a la semana siguiente, la adaptación de Damon Lindelof me sorprende nuevamente y tengo que volver a repetir “este es el mejor de la temporada“. Así, desde el primer episodio hasta el sexto, que es el que vimos el domingo pasado.

En This Extraordinary Being, como suponíamos, viajamos a los recuerdos de Will Reeves de la mano de las pastillas de Nostalgia que Angela Abar se tomó de golpe para evitar que cayeran en las manos de Laurie Blake. Debemos destacar, antes de empezar a desenredar el episodio, la dirección de Stephen Williams, quien creó una obra de arte en blanco y negro.

Una de las teorías que se venía manejando desde hace algunos episodios era que Will Reeves era, en realidad, Hooded Justice. El misterioso personaje salido de los cómics nunca había develado su identidad, ni siquiera en las viñetas, aunque había algunas sugerencias acerca de quién podía ser y, en ningún lado, se lo imaginaba de otra forma que no fuera blanco. Pero como lo racial es lo que atraviesa esta adaptación, no sorprende la decisión de Lindelof de convertir al encapuchado en un miembro de la comunidad negra, perseguido por los fantasmas de una época en la que el racismo y la supremacía blanca lo dominaban todo.

Will Reeves es un hombre enojado: tras haber visto morir no solo a sus padres, sino a mucha de su gente en la masacre de Tulsa, se convierte en policía solo para descubrir que el mundo no ha cambiado nada. En Nueva York, se topa con el KKK de nuevo, con la organización Cyclops, y descubre que su placa de policía no le sirve para nada pues nadie va a prestarle atención. Es más, cuanto más se involucre en esos asuntos, más en riesgo pondrá su vida. Así, Will Reeves se pone la capucha y se transforma en Hooded Justice y, con la capucha, da rienda suelta a su enojo contra ese mundo injusto y discriminador.

Ahora, más allá de lo interesante que fue ver una historia de origen de Hooded Justice, y las apariciones de personajes como Capitán Metrópolis, lo importante (para nosotros y para Angela Abar) es descubrir que Will es realmente responsable de la muerte de Judd Crawford. A pesar de que no fue él, físicamente, quien lo colgó, fue quien lo obligó a hacerlo a través de la tecnología de luces que el KKK utilizó en el pasado contra la comunidad negra. Sin embargo, no queda del todo claro qué secretos sabía Will de Crawford que merecieran condenarlo. Todo parece rondar alrededor del traje del KKK que Crawford guardaba en su clóset, que dijo pertenecía a su abuelo.

Está bien, es bastante tétrico tener un atuendo completo del Ku Klux Klan, pero ¿es esto suficiente para matarlo? ¿Será que Will sabía más de lo que dejó ver en sus recuerdos? Crawford llama al atuendo “su legado“, y sabemos, por lo que dijo Keene cuando se encontró con Looking Glass en el último episodio, que trabajaba junto a la 7ma Kaballería para evitar que las cosas se salieran de curso. ¿Cuál es el verdadero pecado que Judd Crawford pagó con su vida? ¿O, sencillamente, Will Reeves es un hombre enojado aún y, por eso, se dedica a eliminar a todos aquellos que demuestren una mínima pizca de simpatía con el KKK?

El episodio finaliza con Angela despertando al cuidado de Lady Trieu, quien es la creadora de las pastillas de Nostalgia. También sabemos, por episodios anteriores, que Trieu trabaja codo a codo con Will. ¿Será este el momento en el que estos dos personajes le cuenten sus planes a Angela? Habían dicho que necesitaban 3 días para que se llevara a cabo algo “imperdonable”, ¿qué será?

Sin duda, nos acercamos al final de temporada y la tensión continúa escalando. Los múltiples frentes del show (la muerte de Crawford, la 7ma Kaballería, Adrian Veidt, la presencia de Dr. Manhattan) van escalando la tensión hasta su punto cúlmine. ¿Cómo terminará esta historia?