Una adorable lección de humanidad

Bastaría con mencionar que un pequeño lomito (perrito) es el protagonista de esta película producida por Fox 2000 Pictures para enamorar y alegrar el corazón de quienes disfrutan de historias notablemente nutridas con mensajes de amor, valores y un alto índice de lecciones de humanidad provenientes de un pequeño y peludo amiguito que anda en cuatro patas. The art of racing in the rain (Mi amigo Enzo) está basada en el libro homónimo de Garth Stein, una historia que nos muestra la belleza de lo simple y lo esencial que pueden llegar a ser estos lindos animales en la vida de un ser humano; una compleja relación que va más allá de la camaradería: es una intimidad familiar que nos enriquece el alma.

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A lo largo de los últimos años hemos presenciado un basto repertorio de producciones que apelan a esta cálida sensación, pues encontramos cintas como Hagen y yo (2014), Siempre a tu lado (2009), La razón de estar contigo (2017), Mis huellas a casa (2019) y Marley y yo (2008), entre muchas otras, las cuales apelan a un vínculo único emocional entre el humano y su querida mascota, un fuerte lazo que pasa de la realidad a la ficción y permite al espectador una inmersión emocional pura y directa, pues sin importar la circunstancia que se vea en pantalla, la conexión provoca una clara identificación de vivencias que generan empatía y relación entre los personajes y quienes los ven, pues al final, casi todos hemos vivido aventuras increíbles al lado de nuestros peludos amigos. 

Pero dentro de la película encontramos un aire diferencial, una sustancia especial que le permite dotarse de alma propia, pues el personaje central, Enzo, un Golden Retriever, rememora las lecciones de vida que ha aprendido a lo largo de su existencia con su dueño Denny (Milo Ventimiglia), un piloto de carreras profesional. Y es precisamente a través de esa remembranza que el director Simon Curtis juega estupendamente bien su papel, pues le permite al espectador involucrarse y gozar de un viaje elaborado de forma precisa por el guionista Mark Bomback, quien respeta a cabalidad el material de origen y lo adapta de forma impecable dentro de la pantalla grande, lo que inevitablemente ya nos tiene cautivos y sumergidos en este mar de sensibilidad. Por si fuera poco, la voz de Enzo es interpretada por el mismísimo Kevin Costner, una grave y rasposa que por si sola brinda una gran característica y personalidad al tierno protagonista, quien transmite de forma impecable lo expresado por su voz, dotándolo de gran humanidad. El reparto de actores que complementan la historia, como Milo Ventimiglia y Amanda Seyfried, son un añadido especial a la ecuación, pues ambos juegan su rol sentimental de forma sincera, aunque solo son un mero complemento de la atracción principal.

En diversas circunstancias hemos aprendido que las mejores lecciones de humildad y humanidad son provenientes de los animales, quienes poseen una extraordinaria sensibilidad y empatía hacia los demás seres vivos que convergen a su alrededor, almas alegres e inocentes que buscan un único deseo: vivir y ser felices, disfrutar de cada momento. Es por eso que esta cinta nos regala ese pequeño esbozo que hace falta en nuestra actualidad, un mensaje de que la vida está hecha para disfrutarla y para vivir, para estar en el presente y para atesorar a quienes amamos. Ese tipo de fuertes recordatorios son un valuarte para nuestros hijos y para nosotros, como lo dice uno de los diálogos del querido Enzo: “Vivir cada día como si se lo hubiéramos robado a la muerte, así es como me gustaría vivir. Sentir la alegría de la vida… Decir que estoy con vida, que soy maravilloso, que soy yo”.

Así que si su intención es buscar una historia que les enseñe el valioso significado de la vida y lo hermoso que puede ser tener a nuestro lado a un pequeño y puro ser como un perrito, este es el tipo de cinta que deberías ver, pero eso si, prepara una buena caja de pañuelos porque las lágrimas están garantizadas.

Bien dicen que no hay mejor vida que la de un perrito. 🙂