Una producción que desafortunadamente flaquea en todo aspecto

Contadas son las producciones mexicanas que a lo largo del año destacan y reciben un tratamiento especial por su puro y valiente desarrollo, su temple y atrevimiento que les vale destacar dentro de un mar de películas que poco o nada aportan para el continuo fortalecimiento de nuestra industria cinematográfica. Pero tal caso no es el de Locos por la herencia, la cual con una rotunda contradicción nos muestra que incluso en nuestra época actual se siguen elaborando historias sin pies ni cabeza; cintas que carecen de lógica y justificación digna para su elaboración; desatinos que lastiman y hieren a la cultura y se vuelven una más del montón, destacando por ser incluso una de las peores producciones de la última década en México.

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Locos por la herencia es una producción que no funciona en ningún aspecto, y no solo es mencionar que la dirección de Juan Carlos de Llaca está perdida y se nota carente de rumbo, desvariando y provocando confusiones en el espectador, con movimientos de cámara descuidados y despreocupados, también debemos marcar un fraudulento desarrollo de guión (que recae en situaciones tales como el incesto, lo cual provoca una risa de incredulidad en quien lo ve, generando una silenciosa incomodidad que perdurará hacia el final de la película). Las actuaciones fracasan rotundamente y es resultado de lo que ofrece la psicología de los personajes, la nula construcción y el desangelado trabajo narrativo, pues nada pueden hacer para salir a flote de un barco en inminente hundimiento.

El cast está integrado por Alberto Guerra, Tiaré Scanda, Paulette Hernández, María Aura, Julieta Egurrola y Brandon Peniche, entre otros. La historia nos habla sobre una disputa familiar relativa a la herencia que ha dejado el patriarca de la familia en cuestión, cuyo conflicto es el motor principal para la construcción de esta comedia. Los personajes de Andrea y Héctor, que creen ser hermanos de sangre, se embarcan en una serie de discusiones con su tía , quien resulta ser la heredera universal, ya que sus sobrinos no cumplen con los requisitos establecidos en el testamento, y si quieren aspirar a ser herederos únicos, tendrán que contraer matrimonio y procrear algún hijo, situación que no cae nada bien en la familia.

Una extraña sensación es la que deja Locos por la herencia, involucrando por obviedad su paupérrimo desempeño en cada nivel de realización, pero en especial, el ánimo de desilusión de que en nuestra cinematografía nacional se siga permitiendo y fomentando la elaboración de cintas como ésta, que arrastran hacia la mediocridad a una industria por demás lastimada, que encuentra una queja en unanimidad. El permitir la amplia exposición de filmes sin envergadura como Locos por la herencia, que de manera desafortunada permiten una generalización en cuanto a nuestras nacientes historias y cineastas, catalogando el trabajo cimentado como burdo e insulso. Una exposición que desde las últimas dos década se ha tratado de cambiar, pues nuestra industria goza de un rico acervo cinematográfico, el cual pocas veces recibe la atención y distribución necesaria para ser contemplado a lo largo y ancho de nuestra República. Un sentimiento como tal genera este metraje elaborado por Juan Carlos de Llaca: tristeza, rabia y pronta resignación.

En general, Locos por la herencia pasará sin pena ni gloria por las salas de cine de nuestro país; una cinta que no da pie a su existencia. Solo nos quedará el anhelo de borrarla de nuestra mente apenas salgamos de nuestra butaca.