Una serie documental tan vacía como llena – Nisman: El fiscal, la presidenta y el espía

The Irishman, la que para muchos críticos (me incluyo) fue la mejor película de 2019, no es solamente una historia de la mafia y/o gángsters, tampoco es una simple biografía de Frank Sheeran, un hampón a los servicios de la mafia italoestadounidense: en el fondo, y por más que Martin Scorsese nos engañe con su hermosa edición y perfecto timing, The Irishman es la resolución hecha y derecha de un misterio / caso que perturbó a los Estados Unidos durante años, décadas y podríamos aventurar Siglos, la desaparición del sindicalista Jimmy Hoffa. 

Scorsese da un punto final a un rompecabezas imposible y, queriendo o no, deja en la retina del espectador un sabor muy dulce: al fin un caso global como el de Hoffa, y otros que son sus hijos como la llegada de los no muy santos Kennedy a los más altos escalafones de la política estadounidense y la invasión a Bahía de Cochinos, parecen develarse. Sí, repito y enmarco entre comillas, “parecen”: el gran director y su grupo de producción se ponen en el lugar de jueces y abogados y cierran un tema que, aunque tal vez muchos no lo sepan, sigue abierto porque no hay pruebas fidedignas de lo relatado por Frank Sheeran en el libro en el cual se basa la cinta. Pero parece que todo está en orden finalmente.

Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía es exactamente todo lo contrario: no dice nada sobre las líneas pero sí comunica mucho por debajo.

https://www.youtube.com/watch?v=m1FLYniGT_c

La serie documental de 6 episodios disponible hace menos de una semana en la plataforma Netflix parece jugar solamente el rol, al hablar del caso de la desaparición física del Fiscal Federal de la Nación Argentina Natalio Alberto Nisman, de un ejercicio periodístico de investigación con muy buena post producción general. Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía no cuenta nada nuevo para quienes vivieron o viven en el país con la ciudad más al sur del continente americano: es un mero rejunte de datos que, organizados de manera no muy interesante y hasta repetitiva (muchas y hasta demasiadas escenas del final, que encima no hacen al desenlace, habían sido emitidas en los primeros episodios), no cumplen ningún rol más que el de hacer conocer el recorrido de una causa. Sin embargo, ese grado de objetividad sobre el caso es bastante alto, cosa que suele fallar en muchas series documentales, muy valorable.

Lo anterior debe ser aplaudido si lo ponemos en el foco del espectador otro: la objetividad a rajatabla le juega una buena pasada a aquél extraño a Argentina. Sin embargo, el disparador que se propone, la muerte de Nisman, es ínfimo si se lo compara con la riqueza de idas y venidas del quid de la cuestión, o sea, el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), ocurrido el lunes 18 de Julio de 1994. El relato pudo haber incluido muchísimo más de esa cuestión y no ser cortado tan transversalmente por la desaparición física del antes nombrado empleado de la Justicia Argentina.

Repito una frase que escribí arriba sobre el documental: “parece jugar solamente el rol, al hablar del caso de la desaparición física del Fiscal Federal de la Nación Argentina Natalio Alberto Nisman, de un ejercicio periodístico de investigación con muy buena post producción general”. Resalto el “parece”. Y es que si bien la lente y los micrófonos son apuntados al ya mencionado Nisman (el fiscal), Cristina Elizabet Fernández de Kirchner (la presidenta) y Antonio Horacio “Jaime” Stiuso (el espía), lo que Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía hace es una bajada de línea de la ideología del ninguneo, desviando la atención hacia una constante tensión que propone hasta el episodio final. Porque, resumiendo pero simplificando lo que realmente se puede ver, Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía persigue y termina cumpliendo con tres marcados cometidos: por un lado, ser un mero recopilatorio de dimes y diretes de una causa / caso global, la del atentado a la AMIA, enmarcada en una causa hija, digamos, el fallecimiento del fiscal Nisman; por otro lado, de manera hasta sensacionalista y tomándose la libertad de realizar un revisionismo en extremo moralista, acrecentar la grieta entre aquellos que están a favor o en contra de las políticas de los diferentes gobiernos que pasaron por la Casa Rosada de Argentina desde 1994 hasta la fecha de su producción, sobre todo, y por lógica temporal, con respecto al matrimonio presidencial Kirchner; por último, demostrar que Argentina, pese a lo que una gran parte de su población piensa, termina siendo un digno aunque triste país dentro de una Latinoamérica que cada vez se siente y se vive más oscura, desprolija, poco seria si es que pensamos en tantos pero tantos reveses sociopolíticos y hasta económicos vividos tanto en el pasado cercano con las sangrientas dictaduras acaecidas en gran parte de la región durante la década de 1970, como en el pasado reciente representado en el levantamiento en armas de Hugo Rafael Chávez Frías en aquél Febrero de 1992 en Venezuela, y también en la “revolución permanente” y salvaje socialista en la Cuba castrista desde 1959 hasta hoy mismo.

Todo lo anterior es la fiel representación que lo concreto es lo aparentemente blando y viceversa en las más de 6 horas documentadas.

Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía es una buena serie documental que merece ser vista porque el relato es firme más allá de algunos que otros saltos temporales que se repiten por el mero hecho de refrescar un poco los datos al espectador distraído.

Esperemos que en algún momento, en pocos o muchos años, algún director argentino, al mejor estilo Scorsese, pueda cerrar este misterio, aunque muchos sepamos que la luz de la duda seguirá prendida por ser un mero ejercicio de ficción.