¿Por qué los boxeadores insisten en arriesgar sus vidas?

Algunos críticos han descrito el deporte como "sin sentido"

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¿Por qué los boxeadores insisten en arriesgar sus vidas?
Una doctora atiende a un joven Oscar De La Hoya en su pelea ante Shane Mosley en 2003.
Foto: Getty Images

Han pasado cuatro años desde que los sueños de Kieran Farrell de convertirse en un campeón mundial se acabaron, luego de que una lesión cerebral lo obligó a retirarse a los 22 años de edad.

Farrell fue recientemente galardonado con la Medalla del Imperio Británico y el premio de la Junta de Control de Boxeo Británico por sus destacados servicios al deporte que casi lo mata.

Es una historia conmovedora, además, en un año en el que el boxeo sufrió la muerte del escocés Mike Towell después de una lesión fatal en la cabeza y fue testigo del retiro del inglés Nick Blackwell a los 25 años por una hemorragia en el cerebro.

Es quizás por eso que no sorprende que la Asociación Médica Mundial describael boxeo como una “muy mala idea” y un “deporte peligroso” que debe ser prohibido.

A pesar de tal consejo, miles de boxeadores entran al ring cada semana, y ninguno de ellos, ni los miles más que pagan por verlos, estarían de acuerdo en que esta práctica centenaria debe desaparecer.

“Mi madre básicamente vio a su hijo morir delante de ella”

Era diciembre de 2012 cuando Farrell resistió hasta el final frente a Anthony Crolla en su lucha por el título inglés en Manchester.

Farrell se derrumbó en su esquina antes de que los jueces pudieran anunciar la decisión, y cayó en coma a causa de una hemorragia cerebral.

Fue sólo al despertar en el hospital que se enteró de que el resultado no había sido a su favor.

Pasó una semana en cuidados intensivos. Le dijeron que nunca podría volver a pelear.

“Desde la quinta ronda ya sentía la hinchazón en la cabeza”, dice.

“Cualquier cosa que pasara cerca de ella me producía un dolor insoportable. Seguí luchando. Me pasó por la mente decir algo al respecto, pero decidí no mencionarlo porque sabía que mi entrenador me habría retirado de la pelea”.

A pesar de que la frustración de no ser capaz de hacer cosas cotidianas era suficiente para doblegar a un hombre acostumbrado a correr 12 kilómetros cada mañana, Farrell admite que su familia sufrió lo peor en las semanas y meses posteriores al combate.

“Mi madre estaba en la parte trasera de la ambulancia cuando yo estaba con convulsiones y vio a su hijo, básicamente, muriéndose frente a ella”, explica.

“A mi hermano le dio una depresión y ganó mucho peso. Haberme visto así todavía lo atormenta”.

“Yo, desde que desperté del coma, sólo quería salir del hospital. Pensaba que estaba en el lugar equivocado, que estaba bien”, cuenta.

“No haría nada distinto”

Cuatro meses después de la pelea, Farrell visitó a un neurocirujano que le dijo que “tenía mucha suerte” de estar vivo y que, afortunadamente, el sangrado en su cerebro se había dispersado.

Nadie lo habría culpado de alejarse del deporte. En lugar de eso, intentó tres veces, sin éxito, recuperar su licencia de boxeo.

“Empecé a hacer mi propia investigación sobre las lesiones cerebrales”, dice el joven, ahora de 26 años de edad y padre de dos hijos. “Sólo quería saber que podía pelear de nuevo si lo necesitaba”.

Desde combate final de Farrell, dos boxeadores británicos han muerto a causa de lesiones en la cabeza -Michael Norgrove en 2013 y Towell este año- pero el peso ligero no se arrepiente de haber aceptado la pelea que casi lo añadió a esa lista.

“No hay ninguna reflexión retrospectiva. De ninguna manera diría:Ojalá hubiera hecho otra cosa.

“Yo creía que iba a ser campeón del mundo. Así hubiera sido Manny Pacquiao o Floyd Mayweather (excampeones mundiales), me habría subido al ring creyendo que era el mejor y que nadie me podía vencer”.

“Lo único que conocía desde los 7 años de edad era el boxeo. Incluso en la escuela primaria, cuando mis maestros me preguntaban ‘¿qué quieres hacer cuando grande?’, respondía: boxeador profesional”.

“Eso fue lo que hice. A los 18 años me volví profesional y cuando estaba haciendo eso no pensaba en nada más”.

Nunca se me pasó por la cabeza que quería alejarme del boxeo porque es todo lo que conozco“.

Con casos como Farrell, Norgrove y Towell seguidos por la retirada de Tommy Martin en octubre debido a una hemorragia en el cerebro, algunos críticos han descrito el deporte como “sin sentido”.

Sin embargo, investigadores de la Universidad de Gales del Sur indican que elboxeo está “arraigado en algunas sociedades” y los combatientes pueden lograr un estatus heroico por encarnar “los valores e ideales de las comunidades de las que provienen”.

Farrell se dedica ahora a animar a otros a entrar al ring.

Cuenta con 10 profesionales en su gimnasio, The People’s Gym, donde entrenan a decenas de chicos, algunos de apenas 3 años de edad.

Además, se ha vuelto promotor.

“El boxeo es un deporte único porque podemos darnos duro pero nos respetamos. No hay odio en el juego: el 99% es amor”, asegura.

Louise Eccles, directora médica de la Asociación británica e Irlandesa de Boxeo, opina que los boxeadores deberían tener una exhaustiva revisión médica anual y un escáner de la cabeza, un examen óptico y análisis de sangre, así como un examen médico antes de las peleas.

Si el médico no está contento con el estado del boxeador, el encuentro debe suspenderse“, enfatiza.

Por su parte Dale Evans, el oponente del fallecido Towell en aquella fatídica pelea que le costó la vida al deportista, dice que los boxeadores erróneamente adoptan un aire de invencibilidad cuando están en el ring.

Uno piensa que está a salvo, pero no es así“, le dijo a la BBC recientemente.

“Nunca piensas que te va a pasar a ti. Conoces los riesgos, pero con el personal médico ahí, una ambulancia afuera y teniendo a tu gente que te puede auxiliar en tu esquina, un boxeador lucha hasta que no puede más”.

Evans pasó por días muy oscuros después de la pelea que causó la muerte de su oponente, pero lo animó el amable recibimiento que le dieron al llegar al funeral de Mike Towell.

El galés, de 24 años, dice que lo incentivó a tratar de lograr “el sueño de Mike” de ganar un título británico.

Al parecer, aunque la expresión “tirar la toalla” tiene su origen en el mundo pugilístico, ahí es donde menos se usa.

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