Pequeños e invencibles

Nicolás Maquiavelo, en su obra seminal, El Príncipe, nos dice que el poder político, al final, está concentrado en la gente.

En su tiempo, los tiranos y algunos reyes déspotas controlaron a sus súbditos a puro “palo”. Creaban leyes a su antojo, imponían impuestos altísimos sin considerar los alcances económicos de la población.

Los tiranos modernos no cambiaron tanto con relación al despotismo del medioevo. Siguen actuando sin consideración de las mayorías y promueven sus políticas para consolidar su poder y para acaparar más capital.

Bank of America quiso imponer a sus usuarios un “impuesto” por la utilización de las tarjetas de débito. Con ello pensaron recaudar entre 500 millones y más 1,000 millones de dólares por año.

Una cantidad de dinero jugosa que aparentemente pretendía recapitalizar sus arcas por medio de la usura y después del decaimiento del uso de tarjeta de créditos.

Meses antes del receso económico, el abuso de los bancos ya se había hecho patente. Muchos usuarios de tarjetas de crédito fueron sus primeras víctimas. El atraso de un pago mensual concitaba el incremento de más de cien por ciento de los intereses. Algunos que pagaban 15% o 17% de interés (APR) llegaron a pagar más de 50%.

Ante esta arbitrariedad, los usuarios se movilizaron. Tal vez fue una de los primeros movimientos en contra de la usura bancaria.

El gobierno reaccionó. En mayo de 2009, el Senado aprobó una medida que puso fin a los abusos. Luego el gobierno de Obama obligó a los banqueros a notificar explícita y en forma escrita cualquier incremento en las tasa de interés.

Los tres bancos más poderosos sintieron el golpe. Bank of America perdió más de cinco mil millones de dólares, JP Morgan Chase otros dos mil millones y Citibank otra suma similar.

Los banqueros no se conformaron. Volvieron con su modalidad usurera. No hubo ningún tipo de consulta ciudadana cuando decidieron imponer un impuesto a las tarjetas de débito. Por el contrario, solo introdujeron programas pilotos tendenciosos. Brian Moynihan, máximo dirigente de Bank of America, dijo: “tenemos derecho a crear ganancias”.

El presidente Barack Obama criticó la medida. “Necesitamos una agencia de protección al consumidor financiero”, aseveró.

Empero, no fue el presidente o los políticos de Washington quienes hicieron temblar a los banqueros. Fue la gente común y corriente. Aquellos como tú y yo que día a día utilizan sus tarjetas de débito por el pago de los consumos diarios.

Mucha gente creó websites de discordia, otros se unieron al grupo de Ocupy Wall Street para externar su desacuerdo con el sector financiero y muchos simplemente sacaron su dinero de los bancos usureros, particularmente Bank of America, y abrieron nuevas cuentas en otros sistemas bancarios.

Nuevamente el gigante está postrado a los pies del pequeño y el más débil. Los déspotas modernos –políticos o económicos- no deben olvidarse que la unión hace la fuerza. Los pequeños son gigantes imparables a través de la movilización social.

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