Pesadilla de La Russa

Teléfono viejo le arruinó la noche al piloto de Cardenales

SAN LUIS (AP).- El Salón de la Fama del Beisbol es muy vigilante a la hora de seleccionar artefactos e indumentarias para sus exhibiciones en Cooperstown.

Seguramente el bate de Albert Pujols de la histórica noche en la que bateó tres jonrones debe estar fijo en la lista.

Quizás deban pedirle a los Rangers que cedan el teléfono del bullpen del equipo visitante en el Ballpark de Arlington, Texas.

El teléfono de línea terrestre con el que Tony La Russa básicamente le costó a los Cardenales de San Luis el quinto juego de esta Serie Mundial.

Ironías aparte, el fiasco del teléfono exhibió que el mánager activo con más victorias no es infalible. También evidenció que el beisbol no debe depender tanto de una tecnología tan antigua para comunicar con precisión la estrategia para el uso de los relevistas en los últimos innings.

Como muchos ya saben, y abreviando un episodio novelesco, la versión oficial sobre la sucesión de errores de comunicación se resume en que el coach del bullpen de los Cardenales, Derek Lilliquist, no supo entender las instrucciones de La Russa durante un fatídico octavo inning del lunes en la noche. que le costó el revés, No fue sólo una vez, sino dos.

El resultado fue que el relevista zurdo Marc Rzepczynski debió quedarse en el montículo para tratar de sacar out a Mike Nápoli, un toletero derecho, con un out y las bases llenas.

Pasó lo que tenía que pasar con semejante mano a mano. Nápoli conectó un doble que produjo las dos carreras que adelantaron 4-2 a los Rangers.

También se atribuyó la culpa al ensordecedor ruido de los fanáticos que Lilliquist entendiera mal el pedido de La Russa de poner a calentar a Jason Motte para lanzarle a Nápoli.

La Russa trató de apaciguar la tormenta al asumir toda la responsabilidad por el fallo de comunicaciones que dejó a su equipo con la soga al cuello en el clásico, abajo 3-2.

“Lo de los teléfonos es algo que se puede prevenir”, dijo La Russa. “Fue culpa mía el no haberme cerciorado. Lo único que debí haber hecho era haber llamado de nuevo para asegurarme de lo que necesitaba”, reconoció.

“Quizás fue que susurré mis palabras, lo que sea. Pero alguien tiene que ser responsable cuando se dan estos problemas de comunicación, y ese soy yo”, añadió. “Derek no hizo nada malo y eso se lo he reiterado diez veces”,