Exmilitar guatemalteco era un espía

Decidió que era más rediticio trabajar para el gobierno de EEUU

NUEVA YORK .- Un individuo que se hizo pasar por miembro de las FARC para atrapar a un traficante de armas ruso resultó ser un exmilitar guatemalteco que estuvo preso por tráfico de drogas y que decidió que era más rediticio trabajar como informante del gobierno estadounidense.

Exhibiendo enorme sangre fría y grandes dotes de actor, cobró más de nueve millones de dólares participando en osadas operaciones en las que fueron desenmascarados traficantes de drogas y de armas, y es uno de los informantes mejor pagados de que se tenga noticias.

Su nombre, y su historia, salieron a la luz en un juicio en que fue condenado un exoficial soviético dedicado al tráfico de armas, conocido como el Mercader de la Muerte. Carlos Sagastume, el guatemalteco que facilitó su captura haciéndose pasar por miembro de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) interesado en adquirir armamentos, fue el principal testigo en su juicio.

Sagastume es un ex militar guatemalteco de 40 años que estuvo preso cinco años por tráfico de drogas y que posteriormente trabajó 15 años como informante del gobierno estadounidense, facilitando la captura de bandidos de todo tipo a los que engatusó haciéndoles creer que era tan pillo como ellos.

Su trabajo en el caso del traficante ruso Viktor Bout se sumó a una larga lista de éxitos como informante. Bout, quien inspiró el personaje representado por Nicolas Cage en la película del 2005 “El señor de la guerra“, fue hallado culpable de tráfico de armas a principios de noviembre y espera su sentencia. Podría ser condenado a cadena perpetua.

El guatemalteco le hizo creer que era un miembro de las FARC y lo convenció de que viajase de Rusia a Tailandia en marzo del 2008 para arreglar el envío de armas a Colombia.

Sagastume cobró la mayor parte de sus millones a través del Programa de Recompensas por Narcóticos del Departamento de Estado. Percibió 7.5 millones de dólares en dos recompensas por trabajos que hizo para la Administración de Lucha contra las Drogas (DEA, por sus siglas en inglés). Y 1.6 millones por colaborar en otras 150 investigaciones, aunque parte de ese dinero fue para cubrir gastos.

Ganó 250 mil dólares por el caso de Bout.

El Departamento de Estado ha pagado más de 62 millones de dólares a informantes que ayudan a arrestar y condenar a traficantes desde que el Congreso aprobó este programa en 1986.

Myrna S. Raeder, profesora de la Southwestern Law School, dice que le resulta fascinante el que Sagastume haya durado tanto tiempo en esta actividad.

“Uno tiende a pensar que la identidad de esta gente sale a la luz mucho más rápido”, expresó. “Esto es digno de una película”.

Thomas Pasquarello, ex agente especial de la DEA que dirigió la operación de Bout en Tailandia, dijo que Sagastume fue uno de los mejores informantes de esa agencia.

“Si buscas un pescado grande, necesitas una carnada grande”, manifestó. “Eso es lo que hacen bien los tipos como Carlos. Son verdaderos profesionales y tienen muchas conexiones”.

Un buen informante arriesga su vida y puede fingir tener conexiones en el bajo mundo para ganarse la confianza de gente como Bout, indicó.

“Miren a Viktor Bout. No se iba a dejar embaucar por un informante novato. Gente como él detecta a un agente encubierto novato en cinco minutos”, expresó Pasquarello, quien es hoy jefe de policía en Somerset, Massachusetts.

Sagastume no parecía el candidato ideal para ayudar a los fiscales investigadores. Luego de servir en el ejército guatemalteco, como especialista en la recolección de información de inteligencia sobre actividades subversivas, estuvo cinco años preso por transportar drogas.

Hablando a través de un intérprete – pese a que en conversaciones grabadas se lo escuchó hablando en inglés – , declaró en el juicio de Bout que le pagaron 450 mil dólares por ayudar a transportar hastatres mil kilos de cocaína y tres millones de dólares en efectivo a ser entregados a organizaciones de traficantes.

El centroamericano indicó que a mediados de los 80 se puso en contacto con la DEA en Guatemala, ofreciendo sus servicios.

Hacia 1998, se había radicado en Estados Unidos y daba muy buenos resultados en las investigaciones de la DEA.

En enero del 2008 se le pidió que se incorporase a una operación en la que se trataba de capturar a Bout, conocido traficante de armas que fueron usadas en guerras civiles en Sudamérica, el Medio Oriente y Africa. Su lista de clientes incluía desde Charles Taylor, en Liberia, hasta Moamar Gadafi y el gobierno talibán de Afganistán.

Se le encomendó a Sagastume que se hiciese pasar por un miembro de las FARC interesado en adquirir 100 rifles tierra-aire, 20 mil rifles AK-47, 350 fusiles para francotiradores, cinco toneladas de explosivos C-4 y 10 millones de proyectiles, entre otras cosas. Su cómplice fue Ricardo Jardenero, un informante colombiano de 52 años que se hizo pasar por un “comandante” de las FARC.

Jardenero era otro de los informantes de la DEA mejor pagados y cobró 500 mil dólares en cuatro años de colaboración. La operación de Bout le generó 320 mil dólares.

Karen Greenberg, profesora de historia de la Fordham Law School, dijo que esas enormes recompensas se justifican cuando los blancos son gente como Osama bin Laden o Bout, pues el gobierno está usando gente que ha estado en el bajo mundo y sabe cómo manejarse sin ser detectada.

“Hay que tener cuidado con el dinero que uno paga. Uno no sabe en quién puede confiar”, acotó.

Anthony S. Barkow, ex fiscal investigador abocado a casos de terrorismo que hoy dirige el Center on the Administration of Criminal Law de la Facultad de Leyes de la Universidad de Nueva York, dice que no le sorprenden las sumas que se le pagaron a Sagastume.