Intentan superar la muerte de sus hijos

Padres de familia reciben consejería que les ayuda a asimilar el dolor

SEGUNDA PARTE

Olivia Martínez va todos los jueves alrededor de las 5:00 p.m. al cementerio. Le lleva flores a Yanick, su hijo que tenía 6 años al morir, hace un poco más de un año.

En el panteón, Olivia se reúne con otras madres, que al igual que ella han perdido a sus hijos y han aprendido a vivir con su dolor.

En algunas ocasiones durante su visita semanal, Olivia se ha encontrado a su exesposo, padre de Yanick, visiblemente afectado por el enorme vacío.

“Ya me han dicho que él a veces hasta pasa la noche o se queda dormido sobre la tumba del niño”, dijo Olivia.

A diferencia del padre de Yanick, Olivia ha recibido consejería para ayudarle a asimilar la pérdida del pequeño.

Ella hace ejercicio todos los días, trata de comer saludablemente y duerme con un osito de peluche que fue hecho con la ropa de Yanick. El osito es un regalo del programa de hospicio Trinity Kids Care, que ofrece ayuda a toda la familia, y en donde elaboraron dicho peluche con las prendas favoritas del menor al morir.

Yanick pasó los últimos días de su vida en su hogar, rodeado de las cosas que le gustaban y le hacían feliz. Su madre cumplió los deseos de su pequeño, pero eso significó sumar otros problemas familiares a la ya difícil situación.

“El padre del niño no aceptó la decisión. El niño ya no quería medicinas ni quería estar en el hospital. Decía que quería regresar a la casa y estar tranquilo. Me decía que no me preocupara, que él iba a estar bien. Era como si ya supiera que iba a morir y quería que yo lo aceptara. El papá de él nunca lo aceptó y quería que lo inscribiéramos en un estudio clínico. Yo tomé la decisión de respetar a mi hijo y su padre se enojó conmigo”, explicó.

Olivia y su exmarido ya tenían problemas antes de la enfermedad de Yanick. La dolorosa situación terminó por separarlos definitivamente.

Dice que él aún la culpa por la muerte de su hijo, pero ella cree que tomó la mejor decisión para Yanick. El médico lo desahució y su misión entonces se transformó en hacer al niño feliz los últimos días. Esto a pesar de las fiebres, los dolores de cabeza, los vómitos ocasionales y otros síntomas que acompañaron a un tumor cerebral inoperable, mal que atacó a Yanick.

“Después de todo esto, la mitad de mí se fue con él. Es lo más horrible que te puede pasar. Él está en un mejor lugar. Su ausencia duele, pero me consuela que no está sufriendo. He aprendido que ese dolor no me va a abandonar. Ese dolor siempre va a estar ahí”, dijo Olivia.

“La gente me dice: ‘Tú estás joven, puedes rehacer tu vida. Casarte otra vez. Tener más hijos’. Me enojan tanto esos comentarios. ¿Quién se los ha pedido?” agregó.

Para la consejera Imelda Correa, quien forma parte del programa Trinity Kids Care, las personas atraviesan por diferentes etapas después de la pérdida de un hijo. Primero entran en shock. Después el cerebro lo entiende, pero el corazón no.

“Olivia estuvo muy cerca de su hijo durante el tiempo que estuvo en la casa, pero muchos tienen que regresar a trabajar y se sienten culpables de no haber estado presentes cada momento que el menor estaba con vida”, expresó Correa.

Los sentimientos de duelo se mezclan con la frustración de no haber podido salvar al pequeño. A veces se buscan culpables, señala la consejera. Otras veces el coraje se torna en contra del mundo porque todos siguen viviendo y el ser querido murió.

Correa explicó que las parejas que tienen problemas antes de la enfermedad de sus hijos terminan separados o se divorcian.

“Cuando se separan es cuando ya había problemas antes y se manifiesta en la falta de comunicación entre ambos. Ella se siente sola y él se siente impotente frente a la circunstancia y es posible que busque culpables”, dijo la consejera.

No hay datos estadísticos sobre cuántas parejas se separan después de la muerte de un hijo. Correa considera que no es frecuente, mientras que la directora de la revista Bereavement (actualmente Living with Loss) Andrea Gambill, publicó en su blog que en los 11 años al frente de un grupo de apoyo para padres, solo vio dos casos y una de estas parejas volvió a unirse después de un tiempo.

“Mi trabajo es darle esperanza a los padres. El dolor no se quita, pero hay esperanza al final del túnel. Se tienen que dar cuenta que la vida sigue…es una vida sin su hijo. Pero la relación nunca se pierde. Ella [Olivia] siempre va a ser su madre”, dijo la terapeuta.

A un año de la muerte de Yanick, Olivia ya tiene un trabajo. Se mudó a vivir con su hermana y su familia, pero aún llora de vez en cuando la pérdida del pequeño.

“El dolor es mío y no quiero que me lo quiten. Ayúdame a vivir con este dolor”, le ha pedido Olivia a Imelda.