Pestilencia y basura fue todo lo que quedó

Trabajadores del municipio retiraron 25 toneladas de residuos de la zona

El olor a orina y a cuerpos sucios flotaba ayer sobre el campamento del movimiento Ocupar LA mientras trabajadores de sanidad con mascarillas retiraban 25 toneladas de residuos de los prados estériles alrededor de la municipalidad.

Carpas destrozadas y derribadas, ropa de cama desparramada, libros de tapas blandas, bicicletas, zapatos, comida y otras pertenencias fueron recogidos con palas u horquillas en los camiones de basura después de que un pequeño ejército de la policía irrumpió pacíficamente en el campamento de casi de dos meses.

Las autoridades municipales que habían tolerado la protesta económica durante semanas finalmente declararon la zona como una amenaza a la salud y a la seguridad a comienzos de esta semana.

Las cuadrillas instalaron barreras de hormigón y cercos de cadenas alrededor del mar de residuos y basura. Detrás quedó un mar de pertenencias. Palas mecánicas levantaban los artículos más grandes, incluyendo gabinetes de madera.

“Está tan contaminado que no tiene sentido clasificarlo”, indicó José “Pepe” García, de 49 años, superintendente del distrito centro-norte de sanidad de la ciudad.

Una docena de trabajadores de sanidad municipal lucían mamelucos, guantes y botas después de que informes indicaran que podría haber una infestación de piojos o pulgas, señaló García.

Los trabajadores de sanidad habían estado retirando del lugar unas 2 toneladas de basura al día, pero la higiene seguía siendo un problema a pesar de los inodoros portátiles, dijo. Se separaron las botellas plásticas de un galón con orina y las botellas más pequeñas para ser desechadas de forma especial.

“No tenían ninguna manera de asearse. No tenían forma de bañarse”, afirmó García.”Hay botellas de orina, ese es el mayor riesgo allí”.

Las cuadrillas habían limpiado campamentos de personas sin hogar en otras oportunidades, pero nunca en la escala del campamento de Ocupar L.A.”Nunca he visto algo similar”, señaló Elton Atkins, un supervisor municipal de recolección de basura.

“Es bastante repugnante”, dijo Pamela Thompson, una analista legal que trabaja cerca y vio el campamento casi a diario.

“Se tendrían que haber hecho cargo de esto hace mucho tiempo”, afirmó.

Sin embargo, una exocupante culpó a la redada policial de destrozar el campamento.

Samantha Schrepel, de 27 años, permaneció de pie junto al cochecito donde se encontraba su hijo de 5 meses, Kenny, en la acera frente al prado cercado y charló con los oficiales de policía que vigilaban el lugar.

Schrepel se había estado quedando en el campamento pero no se encontraba allí cuando éste fue allanado. Su carpa, mantas y otros artículos eran desechados mientras ella miraba.”Es un desastre”, dijo. “Cuando estaba allí, mi zona siembre estaba limpia. Teníamos gente que barría las aceras. Creo que todo se deshizo en el caos”.

Schrepel enfrentó su pérdida con filosofía. “Pienso que esto nos enseña que simplemente son cosas (materiales)”, reflexionó.

El campamento transformó el exuberante prado que rodeaba la municipalidad en terrenos de tierra colmados de residuos. Se pintó graffiti en algunas paredes de la Municipalidad. Una casa en un árbol construida con paneles de madera y sujeta a cuatro palmeras se erigía vacía. Estaba decorada con banderas de EEUU, una piñata, varios objetos de segunda mano y letreros que decían “abrazos gratis” y “hacemos música y soñamos sueños”.

Los manifestantes del movimiento Ocupar L.A. destruyeron el césped, dañaron árboles y pintaron graffiti en las estatuas antes de que éstas fueran cubiertas con tablas, dijo Leo Martínez, encargado de división del departamento de sanidad municipal.

“Comprendo la declaración política que están intentando hacer. Pero no me agrada la manera en que comunicaron el mensaje”, dijo.

“Miren el daño que causaron”, señaló Martínez mientras examinaba los montículos de residuos.