Los papeles cambiados

La visita de un funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI) solía ser la pesadilla de todo gobierno latinoamericano hasta que llegó la crisis europea y causó una inversión de papeles, en que las economías emergentes ahora prestan ayuda a las naciones desarrolladas.

La reciente gira de la directora del FMI, Christine Lagarde, por México, Perú y Brasil tuvo un tono diferente en donde el mensaje de austeridad económica y reajustes brutales cambió por el de ser socios en el rescate de Europa. Tanto México como Brasil mostraron interés en reforzar el fondo de 390,000 millones de dólares del FMI que podría ser insuficiente para paliar la crisis en el viejo continente.

Esta no es una aberración del Siglo 21 sino el reflejo de una cambiante realidad económica en un mundo de mercados interconectados. Primero las cifras del FMI muestran que Latinoamérica ha estado en la vanguardia del crecimiento económico de este año, llegando al 4.5% en relación al 1.6% de las naciones desarrolladas. Al mismo tiempo, los datos de las Naciones Unidas estiman que la pobreza en la región está en sus porcentaje más bajo en 20 años (31%).

Esta tendencia continental positiva corre el riesgo de verse perjudicada si la economía europea entra en una depresión y no hay mercado que consuma especialmente las materias primas latinoamericanas. Perú es una de las naciones que ya ha sentido este golpe.

Europa se encuentra en un momento clave para salvar al euro, la moneda que comparten varias naciones, y el mercado común que mantienen por décadas. la meta, encabezada por Alemania y Francia, es lograr que estas naciones acepten cambios, regulaciones y la austeridad que garanticen la transparencia y la estabilidad fiscal colectiva.

Mientras tanto desde Latinoamérica, que no está libre de dificultades económicas, se dan el lujo de hacer recomendaciones de cómo debe ser el ajuste europeo y de aprovechar la coyuntura para expandir la influencia de la región en el mundo financiero.