Una es tener clase, otra es ser clasista

Al presentarse como conferencista invitado a la FIL de Guadalajara, el precandidato del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto, aseguró que el escritor mexicano Enrique Krauze era el autor de La silla del águila, novela escrita en 2003 por el también mexicano y Premio Cervantes de Literatura, Carlos Fuentes.

En la Feria, Peña Nieto ofreció los lineamientos generales de su propuesta política para la Presidencia de México, durante la presentación de su libro México, la gran esperanza.

Me dio pena ajena saber que el candidato más fuerte para contender por la Presidencia de México no pudo citar tres libros que hayan marcado su vida. Peor aún fue escucharlo cantinflear por cinco minutos sin lograr responder.

Una personalidad con esas aspiraciones no debería caer en este tipo de dudas. Incluso, si fue a presentar un libro que marca su proyección en la carrera presidencial, ¿no había un autor de los que cita en su obra que pudiera mencionar?

Es decir, si no puede responder correctamente, se esperaba alguna astuta o inteligente salida como político candidato a la Presidencia. Si eso es por tres títulos o autores que en cualquier escuela enseñan, ¿qué nos esperaría cuando se le pregunte cómo piensa resolver el problema de la violencia o cuál sería su estrategia contra el narcotráfico? ¿Podrá responder directamente a la pregunta de cómo terminar con la piratería, el desempleo, la corrupción y la mala educación? Tampoco pudo responder de manera convincente su ignorancia sobre el costo del kilo de tortilla.

En su respuesta al periodista Salvador Camarena, al igual que en la defensa que hizo su hija Paulina Peña Pretelini, hay un sentimiento clasista que duele. A 200 años de la Independencia de México, carga el lastre del clasismo. De acuerdo con el diccionario, el clasismo es la “doctrina o actitud discriminatoria que defiende o mantiene las diferencias entre las clases sociales”.

El 2010 se vistió con celebraciones, invitados especiales y con fuegos artificiales. El México independiente llegaba a su Bicentenario. Pero ni esa inversión millonaria ni gritos patrioteros sirven de nada cuando los ciudadanos no se sienten en igualdad de oportunidades económicas, gremiales o hasta raciales. El México mestizo del que hablamos pareciera no enorgullecernos y menos ser incluyente.

La falta de cultura literaria de Pena Nieto o su capacidad para salir bien librado de una respuesta es una cosa. Es más, no estoy de acuerdo con pensar que sus “dilates”, como los ha llamado el aspirante a la Presidencia, sean poca cosa. Sin embargo, lo que sí debe preocuparnos es que abundan aquellos que desde el poder desprecian la cultura, a las mujeres y a los mexicanos en general.

“Un saludo a toda la bola de pendejos que forman parte de la prole y solo critican a quien envidian”, con esa frase Paulina Pena Pretelini, trató de defender a su padre en redes sociales. Nos “pendejeo” e intentó usar una palabra de orgullo y gusto por el trabajo como sinónimo de insulto diciéndonos “Hijos de la Prole”. Ah, porque yo si me puse el saco. Critiqué en mi estatus de Facebook al precandidato escribiendo: “Soy prole y qué”.

Soy hija de una señora de casa que también trabajaba, nieta de un líder sindical y leo libros de papel y aun electrónicos todo el tiempo. Internet no tiene porque disminuir nuestra capacidad de lectoría. Peor aún, a menos de una semana de que el tema se enfriara en redes sociales y en los cafés de México su propio padre vuelve a mostrar su clasismo al referirse que no sabe el precio del kilo de las tortillas porque no es la señora de la casa.

¡¡Aaaaah!! No encuentro la manera de expresar el enojo que tengo con ellos, porque representan un alto porcentaje de la población que en vez de ver en los valores culturales, en el trabajo o en el esfuerzo las posibilidades de salir adelante y recuperar el orgullo nacional y personal, son cuestiones sin ninguna valía.

Peña Nieto es el gran educador de la niña Paulina que considera a la prole como insulto y no como mayoría poblacional o como miembros de la clase trabajadora (la generación del esfuerzo, no de los falsos abolengos y aristocracia nacionales)

Entonces, me pregunto: ¿En qué creen? ¿Cómo piensa Peña Nieto y la gente que le rodea levantar a un país que está buscando la alternancia y que casi ya le dio el gane a la silla presidencial? Es más, ¿qué piensan cuando los hijos de la prole y las señoras de casa asisten a los mítines de apoyo?

Paulina y su papá no son los únicos que se expresan con desprecio de los demás. Lo han hecho las “ladies de Polanco” y en la calle no es difícil escuchar cosas como “mira ese con cara de zapoteco”, o “no seas naco, indio”. Ni siquiera nos valoramos en lo que somos o de donde venimos y que durante 200 años hemos enarbolado cada 15 de septiembre.

Las palabras ponen de manifiesto la forma de pensar de una persona que pretende dirigir a un país lleno de proles, pendejos y señoras de la casa. Si el México de las mayorías es visto con desprecio y no con el civismo y el amor inculcado con el que se levantó una nación hace 200 años, no tenemos nada sobre que construir.

Ya desde el 2006, también en pleno periodo electoral, se escuchaba de un bando liderado por Andrés Manuel López Obrador expresarse de los pirruris o hijos de papá y entre algunos panistas, también con total desprecio, se hablaba de la bola de nacos que apoyaban al “Peje”.

¿De qué valores o mexicanos estamos hablando? Esos son adjetivos y no argumentos para resolver.

El domingo 27 de noviembre, Peña Nieto entregó a la Comisión Nacional de Procesos Internos su solicitud de registro como precandidato a la Presidencia de la República. Ahí, declaró: “Como priístas tenemos que asumir la confianza que nos manifiestan millones de mexicanos, con gran madurez y responsabilidad. México quiere dejar atrás la división, el encono, el debilitamiento de nuestras instituciones y el deterioro de los valores de nuestra sociedad”.

No sé si después de sus dislates será el candidato. No sé si después de mostrar el clasismo y no la clase, sea él el que gane la Presidencia, lo cierto es que no quisiera como Presidente a alguien que no quiere a nuestra nación, a los mexicanos, a las mujeres, a la prole.

Quiero un Presidente que con su familia y su gabinete, que sin revanchismos y sin atavismos demuestre ser incluyente porque en este momento los mexicanos sentimos que nuestro país y nuestro orgullo como mexicanos están vulnerados. Es hora de mostrar la clase.