Dodgers vive otro año para olvidar

Novena angelina cierra una temporada 2011 colmada de vergüenza y escándalos
Dodgers vive otro año para olvidar
Matt Kemp (izq.) y Clayton Kershaw, en sus respectivas posiciones, fueron de lo más destacado en el equipo blanquiazul.
Foto: AP

Aquel pequeño grupo (Garvey, Cey, Baker, Lopes, Scioscia, Russell, Guerrero, Hershiser… Valenzuela) símbolo de prestigio, ahora perdido, no se ha podido volver a formar.

Han pasado 23 años desde que los Dodgers ganaron una Serie Mundial y el horizonte del 2012 no luce esplendoroso.

El fantasma del fracaso ha escogido el Dodger Stadium como refugio y no parece renunciar a él. La temporada 2011 se agrega a la ya larga lista de campañas decepcionantes.

Después de tres años al mando de los Dodgers, Joe Torre decidió irse y entregó el timón a su pupilo Don Mattingly, quien trataba de no repetir el cuarto lugar de la División Oeste en el que terminó el equipo en el 2010.

A la hora de hacer cuentas en octubre, los Dodgers cerraron como terceros en su división con balance de 82-79, promedio de .509 y a 11 juegos y medio del líder Arizona.

Y pudo haber sido peor el fin de los Dodgers que lucharon contra muchas adversidades y sortearono derrotas (37-51) en la primera parte de la temporada, pero concluyeron con un récord positivo (45-28) gracias a un repunte en las últimas siete semanas de la campaña.

Aunque no todo fue calamidad, pues resalta el monumental desempeño del zurdo Clayton Kershaw, que lideró las Grandes Ligas con récord de 21-5, efectividad de .2.28 y 248 ponches para llevarse sin complicaciones el Cy Young de la Liga Nacional y como adorno la triple corona de pitcheo.

A Kershaw se unió Matt Kemp, quien exhibió su consistencia al jugar 161 de los 162 partidos.

El estelar jardinero central finalizó en el segundo lugar en las votaciones para el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional gracias a promedio de bateo de .324, 39 jonrones, 126 carreras impulsadas y 115 anotadas. Se robó 40 bases.

La cirugía para corregir un nervio en el cuello al lanzador Vicente Padilla, la lesión repentina del también derecho Jon Garland, ambos del cuerpo de abridores, y lesión del antesalista Casey Blake, al inicio de los entrenamientos primaverales, fueron un presagio de lo que ocurriría en la temporada.

Los malos augurios no esperaron mucho. Después del juego inaugural en el Dodger Stadium (31 de marzo) contra San Francisco, un aficionado de los Gigantes fue agredido salvajemente en el estadionamiento y tuvo que ser hospitalizado.

A causa de ese bochornoso incidente, los Dodgers enfrentan una demanda millonaria de parte de la víctima Bryan Show, quien pasó mucho tiempo en estado de coma.

El 20 de abril, el comisionado Bud Selig delegó a un representante de la MLB para que se hiciera cargo de las operaciones de los Dodgers, tras conocerse que el dueño Frank McCourt se vio obligado a solicitar un préstamo de 30 millones a la cadena de televisión FOX para cubrir la planilla del equipo.

Dos meses más tarde, el sonado divorcio de los McCourt culminó con un arreglo extra judicial mediante el cual su exesposa Jamie recibirá 131 millones de dólares como “indemnización” a más tardar el próximo 30 de abril.

Luego McCourt y compañía recurrieron a la vergonzosa bancarrota, que manchó a una de las franquicias de más abolengo en la historia de Grandes Ligas.

Ante esa situación, el gerente general Ned Colletti viajó a las reuniones invernales de Dallas con un plan modesto por problemas de liquidez y la quiebra de este invierno para trabajar dentro de un presupuesto reducido y lo ejecutó.

Entre las cinco contrataciones que hizo Colletti salta a la vista la firma del derecho Aaron Harang, mediante contrato de dos años y 12 millones de dólares. También logró los servicios del zurdo Chris Capuano por dos años y 10 millones.

Colletti se trajo a dos veteranos como Harang y Capuano, que darán profundidad al cuerpo de abridores, por la mitad del salario que devengó el año pasado Hiroki Kuroda.

“Mi propósito era reforzar el pitcheo abridor y creo que lo hemos logrado”, dijo Colletti a su regreso de Dallas.

Los Dodgers también retuvieron al jardinero venezolano Juan Luis Rivera, al joven Tony Gwynn y agregaron al veterano segunda base Adam Kennedy, al utility Jerry Hairston Jr., quien vestirá la franela blanco y azul por dos años y seis millones.

Así arrancarán los Dodgers la temporada 2012, buscando otra vez que los reflectores de la postemporada y sobretodo los de la Serie Mundial vuelvan a iluminar el estadio de Chávez Ravine.

La venta de Dodgers tiene como límite el mes de abril y la esperanza de la fanaticada angelina radica en que el nuevo o nuevos dueños reestructuren con todos los fierros el equipo después del Juego de Estrellas.

Para ello, Mattingly necesita llevar al club a esa segunda parte de la campaña en un lugar apropiado para un repunte como el del año pasado, si es que no puede alcanzar la cima de esa impredecible División Oeste.