Se ve la luz al final del túnel

Angels y una temporada de batallas en la transición de darle vuelo a los sueños

Se ve la luz al  final del túnel
Mark Trumbo, de lo más rescata- de los Serafines este año.
Foto: AP

ANAHEIM.- Una batalla sin tregua, de punta a punta en el calendario, y un final frustrante, fueron la suma de cosas que deja el 2011 a los Angels, de nuevo protagonistas en la guerra sin cuartel del Oeste de la Liga Americana que los dejó de nuevo como testigos de la celebración de otros.

La eterna batalla del querer y no poder, porque cuando Mike Scioscia fue al entrenamiento primaveral a preparar al equipo para la campaña 2011 tenía, como meta y prioridad, ganar la División Oeste que había perdido ante los Rangers de Texas, después de haberla dominado por casi una década.

Ésa, la ilusión que era un desafío para toda la tropa, encontró sus primeros obstáculos cuando se supo que su bateador de poder, Kendrys Morales, no estaba recuperado, y que en otro frente se le empezaba a quemar el rancho porque Fernando Rodney, el cerrador del equipo, no funcionaba y estaba más para echar a perder que para salvar los juegos.

Fueron los dos vacíos que enfrentó Scioscia, quien desde temprano debió variar sus planes.

Fue entonces cuando Angels empezó a ser un equipo que fabricaba sus triunfos por su pitcheo, pero que sufría por falta de poder ofensivo.

“Hacemos nuestro trabajo. Debemos tener respuestas. Lo bueno es que el pitcheo responde y nos mantenemos en competencia”, dijo entonces Jered Weaver, un hombre que explotó y pasó de ser un gran pitcher a una estrella del montículo. Ése fue el primer gran logro de los Angels versión 2011.

Jered Weaver, quien cerró la campaña con (18-8 y 2.41), lideró una rotación que tuvo en Dan Haren (16-10 y 3.17) un segundo abridor de lujo, para formar un binomio que mantuvo en la primera mitad de la temporada a los Angels en competencia.

Sin cerrador confiable, Scioscia inventó a Jordan Walden para cumplir esa misión, y el chico de 23 años dejó un digno (5-5) con 32 salvados en 42 oportunidades.

Ya era época de All Stars y el bateo seguía apagado porque Vernon Wells, que había llegado con un bate pesado, bateaba para .182, aunque cobrara 27 millones.

Pero de nuevo la suerte y el trabajo le daban réditos a Scioscia, y la aparición de Mark Trumbo, plantado en la primera base en el lugar de Morales y en plan de bateador de poder, le dio un tanque de oxígeno a la ofensiva, mientras Bobby Abreu y Torii Hunter se contagiaban de la anemia ofensiva de Wells.

“Son momentos… es así. Lo siento… Creo que vamos a volver a hacer contacto y a producir porque este quipo lo necesita”, dijo Torii Hunter cuando bateaba para .235.

Así de negro era el panorama, pero los Angels se mantenían cerca de la clasificación del “Expreso de Texas” en que se habían convertido los Rangers.

La segunda mitad marcó mejores cosas porque Ervin Santana (11-12 y 3.38) volvió a su nivel, y en su segunda mitad inmaculada incluyó un “no-no” (no hit, no carrera) contra Cleveland, una noche en la que 76 de 105 lanzamientos fueron a zona buena para meterse en la historia.

Y empezó a batear Vernon Wells, que dejaría al final de la campaña (.228 con 25 y 66 remolques), y reaccionó Hunter, que terminaría con (.262, 23 y 82), pero se desplomó Bobby Abreu, que (.253, 8 y 60) puso en sus registros el peor año de su historia.

Los mejores fueron Howie Kendrick (.285) y Alberto Callaspo (.288) para gritar que ningún toletero de Angels bateó para .300, y el equipo de manera global tuvo un .253 con el madero para quedar 16 entre los 30 equipos de la Liga. Los Rangers, su enemigo jurado en el salvaje Oeste, encabezaron esa lista con .283.

A puro corazón y con el valor de su pitcheo, que con 3.57 de efectividad fue el mejor de la Liga Americana, los Angels llegaron con vida a la última semana y -asombroso- todavía podían ganar la División.

Luego la historia contó que los Rangers fueron dominantes y barrieron la serie que debían barrer los Angels para adueñarse por segundo año del trapo campeonil del Oeste.

Dolido y maltrecho, Mike Scioscia le pondría el colofón a esa temporada.

“Las derrotas siempre duelen, pero con el año que hemos tenido y hasta donde hemos llegado, estoy orgulloso de estos muchachos”.

Tanto nadar y nadar para morir ahogados en la orilla podría definir la campaña 2011 de Angels, que fueron superiores a sus desgracias y con (86-76) dejaron pruebas de un año de batalla que les dejó la amargura del que pierde, pero también el camino abierto para mirar con ilusión lo que viene.

Saben que perdieron por 10 juegos la División ante Texas y que esos 10 fueron exactamente los juegos que botó el inexperto Jordan Walden (32 de 42, en salvados) en su primer año como cerrador titular.

Saben que asomó Trumbo (.254, 29 y 87), segundo en la elección del Novato del Año.

Con un “lineup” solvente, pero que admite reparos en varios puntos, Mike Scioscia tendrá que poner puntos de sutura en la tercera base y sumar algún relevista más contra bateadores zurdos, porque los dos grandes huecos que tenía el equipo: la necesidad de un abridor de élite y la urgencia de un cuarto bate para responder a las dudas, ya están resueltas y con nombres propios: CJ Wilson y Albert Pujols.