Para los desamparados no hay mucho que celebrar

Navidad en las calles
Para los desamparados no hay mucho que celebrar
Para Santos Cruz este es un día más donde tocando su armónica logra rescatar unas cuantas monedas.
Foto: Aurelia Ventura / La Opinion

En el bulevar Olympic, las actividades comerciales de un día típico, comenzaron desde muy temprano ayer, en vísperas de Navidad. Para Santos Cruz, también, era su mejor oportunidad.

El no es propietario de ningún negocio de Central Market. Lo es de cualquier banqueta, donde el cansancio le llegue o encuentre un buen cartón que lo abrigue en la noche.

Cruz tiene 68 años de edad y vive en el centro de Los Ángeles. No tiene dirección, no tiene nada más que una mochila donde lleva toda su vida. Y ayer, lo que podría parecer trabajo, para él era celebrar desde ya, la fiesta de Navidad. Al menos estaba acompañado. Recibió regalos -dinero que la gente le da- y alguien escuchaba los temas que por muchos años ha ensayado con su armónica.

“Yo escribo canciones, son buenas, pero ya ve se necesita suerte para a uno lo descubran esos que hacen los discos”, expresa.

Cruz, quien dijo ser mexicano, pero su acento más bien parecía centroamericano, dice que tiene once años de vivir en este país.

“No tengo familia, ni aquí ni allá, y uno solo pues tiene menos aspiraciones”, confiesa.

La noche de Navidad es como cualquier otra, explica. En esta fecha no hay nada para los que viven en la calle.

“Mi Navidad es está aquí, veo pasear a la gente, hacer sus compras, mientras yo toco la armónica y eso me hace sentir bien”, dice Cruz, quien cada que cae una moneda en su canasto, reparte bendiciones.

Su historia es larga. Ha vivido la mayor parte de su vida en la calle. Nunca conoció a su padre, y su madre murió cuando él era pequeño. Sin embargo Cruz, tuvo una esposa, un hogar y una profesión.

“Duré varios años casado, pero mi mujer quería hijos y yo soy estéril así que nos divorciamos; yo era electricista, pero decidí irme”, relata.

Cruz es muy creyente. Recita algunos pasajes de la biblia, sin embargo dice que no tiene religión.

“Los que vivimos en la calle somos de todas las religiones, porque vienen ayudarnos y nos llevan a sus iglesias; unos dicen que han encontrado la felicidad en algunas, pero yo todavía estoy en espera de eso”, expresa.

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