El año 2011: más, pero peor

Estos últimos días del año me mortifican. No siempre me he sentido así. Es que ya todo estos compendios de lo que aconteció en los últimos 12 meses me ponen de mal humor.

Lo peor es que no hay manera de evadir los compendios que nos empujan la tv, radio, periódicos, revistas, facebook, twitter y cuanta madre nos hemos inventado para recordarnos cuán jodíos estuvimos.

Reconozco que compartir mi apreciación con ustedes pudiese ser peligroso.

Después de todo, lo que ustedes quieren leer es un análisis en que, en palabras sabias, yo les explique lo que vivimos. O sea, que me convierta en el experto económico que les diga por qué usted está más pelao que la cabeza de un calvo. Que les asegure que la cosa será mejor en el 2012. Lo siento, pues los únicos que van a estar mejor el año que viene son los mismos cuyo capital creció mientras usted no recibió aumento, le redujeron horas, perdió su hogar o tuvo que entregar el auto de la familia.

Olvídese de que aún con mis conocimientos políticos pretenda explicarles por qué al que usted le dio el voto resultó ser un pillo. Ni sé a qué se debe que con tantos miles de millones que se le dedican a la educación, el país cada día tenga más brutos. Tampoco sé por qué hay tanta gente que se acuesta con hambre, si a diario votamos tanta comida.

Y para qué necesitamos tantos albergues para proteger a mujeres de los que dizque las quieren y lo que hacen es usarlas como saco de golpes.

No sé a qué se debe que sigamos con más miedo que nunca de ser atacados, si por eso invadimos a Irak y seguimos en Pakistán. Sé que mi actitud hacia esta última columna del año no es lo que esperaba, pero es que no encuentro cómo explicarles algunos de los hechos que fueron titulares. La mayoría sabemos que el 2011 fue de madre. Y no hay que digan los astrólogos, brujeros, pastores, curas que cambie lo que fue.