De Niro a la española

El realizador Rodrigo Cortés presentará su nuevo filme en Sundance
De Niro a la española
Rodrigo Cortés junto al actor Cillian Murphy ('Batman Begins') durante el rodaje de 'Red Lights'.
Foto: EFE / Warner

MADRID, España.- El cineasta Rodrigo Cortés vuelve al Festival de Sundance para presentar su tercera película, Luces rojas, un thriller que, aseguró, será “el regreso” del mejor Robert De Niro. “No lo hemos visto igual desde Cape Fear”, afirma el director español, aún fascinado por el famoso actor.

“De Niro es la carta que escribes a los Reyes pidiendo un tren eléctrico aunque sabes que te van a traer calcetines”, afirmó Cortés en una entrevista horas antes de partir hacia las montañas de Utah donde mañana comienza el festival más prestigioso del mundo de cine independiente.

Sin embargo, explicó, “fue su agente el que se puso en contacto conmigo”. Y contó un divertido encuentro “secreto” para preservar la intimidad del actor en un hotel de Sicilia, “el sitio más adecuado para hacer propuestas que no pueden rechazarse”, señaló entre risas, haciendo referencia al papel de aquel en The Godfather Part II, y aún sin creerse que De Niro aceptara el papel.

“Quería hacer la película; lo entenderías si supieras lo que ha cobrado”.

Luces rojas es la historia de un equipo de investigadores de fraudes paranormales formado por la jefa, Margaret Matheson (Sigourney Weaver) y sus ayudantes, Sally (Elizabeth Olsen) y Tom (Cillian Murphy), que trabajan desde el lado de la ciencia racionalista.

“Son profesionales escépticos que se dedican a probar el truco de las manifestaciones paranormales, ya sean auténticos fraudes o producto de una errónea interpretación de la realidad”, explicó Cortés, que adelantó muy poco más de la trama, si bien aclaró que “lo que explora la película son los mecanismos de percepción del cerebro”.

El filme, que debe permanecer inédita hasta su presentación el viernes en Sundance, resulta trepidante y emocionante con “cuatro detalles”.

Y no lo dijo en vano. Cortés escribió, dirigió y montó en 17 días la película más escalofriante de 2010, Buried, donde con sólo un cajón de pino, un mechero y un teléfono móvil hizo ver al espectador un atentado, un bombardeo, un secuestro, al FBI y un poblado iraquí acudiendo al rezo a la llamada del muecín.

“En cierto modo, el cine es lo mismo, por eso me apasiona tanto”, reflexionó Cortés.

“Jugar con las percepciones es la mayor preocupación de un director, hacer que las cosas se sientan reales, y guiar al espectador, darle pistas falsas para sorprenderle; al final, es lo que hacen los cineastas: ilusionismo”, siguió.

Si De Niro es Simon Silver, el mayor psíquico de todos los tiempos que reaparece después de 30 años, el personaje de Weaver es “un doctor House en femenino: cáustica, incisiva, con una ironía brillante, y a la vez muy atractiva”, detalló.

Y las luces rojas, añadió, “son las notas discordantes, las señales que avisan de que algo no va bien”.

Cortés deploró el cine “de consumo inmediato. Participamos con absoluta alegría de un entontecimiento general donde se trata al público como si fueran idiotas consiguiendo que año tras año lo sean más y más”, protestó.

“Es culpa nuestra que veamos cine como si fueran hamburguesas, estimándolas solo por un fin de semana de vida, sin recordar las películas que están ahí para siempre”.

Acababa de saber que se vendió todo el aforo para ver su nueva película en Sundance; no es de extrañar tras el revuelo causado con Buried -tuvo que conceder 1,500 entrevistas en dos meses de promoción en EEUU-, aunque el cineasta no se crea expectativas, “ni buenas, ni malas”. “No repetiré la experiencia de Buried”, zanjó, [dejando atrás el fracaso comercial de la cinta].