‘Que se pongan en mis zapatos’

Ronnie McHugh estaba mirando el debate del Partido Republicano desde su hogar en Spring City, Pennsylvania. Cuando Gingrich recibió la ovación de pie, McHugh se puso tan furiosa que apagó la televisión.

“Daría un millón de dólares si pudiera encontrar un empleo. Tengo 64 años y nadie quiere contratarme”, dijo McHugh, que es una persona de raza blanca y divorciada, no tiene ahorros y vive con 810 dólares por mes que recibe del Seguro Social.

“Desearía que se pusieran un poco en mis zapatos”, dijo, refiriéndose a la audiencia que participó en el debate. “Les diría que tuve un esposo que ganaba 150,000 dólares al año, y yo tenía un buen salario. La misma empresa nos despidió a los dos al mismo tiempo, pero nunca pude protestar por eso”.

“Si tuvieran la oportunidad de ponerse en mis zapatos, estarían contentos de tener un programa que ayuda a las personas que trabajaron toda su vida”.

Sophia Clark es una estudiante de postgrado de la facultad de cinematografía de la Ciudad de Nueva York, que trabaja a tiempo parcial en Victoria’s Secret, mientras trabaja freelance en producciones de películas. En diciembre comenzó a recibir 130 dólares por mes ya que después de pagar el alquiler, los préstamos universitarios y el teléfono celular, no tenía dinero para comprar alimentos.

“Nunca en la vida fue mi intención necesitar de la ayuda pública”, dijo Clark, que es de raza negra, soltera y sin hijos.

Clark tuvo un invitado recientemente en el apartamento de Bronx que comparte con su tío, y durante la cena, la conversación viró hacia los cupones alimenticios. El invitado señaló enfáticamente que los dólares que contribuye en impuestos no deberían alimentar a las personas que prefieren recibir beneficios en vez de trabajar.

Clark le preguntó al invitado si le había gustado la pasta con pesto casero. Dijo que sí. “¿Crees que soy una perezosa?”, peguntó Clark. No, para nada, contestó el invitado.

“Bueno”, dijo Clark, “la cena que acabas de comer la compré con cupones alimenticios”.

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