Dwayne Johnson: Un hombre de acción

El actor se une a la aventura de ‘Journey 2'

Dwayne Johnson: Un hombre de acción
Luis Guzmán, Vanessa Hudgens, Josh Hutcherson, Michael Caine y Dwayne Johnson durante una escena de la película "Journey 2: The Mysterious Island" .
Foto: EFE / Ron Phillips

Honolulu, HI.— Un brazo de Dwayne Johnson podría alimentar a la mitad de Los Ángeles durante una semana.

Así de corpulenta es la presencia de este luchador profesional convertido en actor californiano que, desde su debut en el cine solo hace diez años con The Mummy Returns ha mostrado su determinación a convertirse en, por un lado, el nuevo héroe de acción —en filmes como Doom, Faster, Fast Five o la próxima G.I. Joe: Retaliation— y, por otro, en un líder de la comedia familiar —en títulos como The Game Plan o Tooth Fairy—.

A partir de hoy, en las pantallas de cine de todo el país, Johnson, de 39 años, combina ambas ambiciones, como ya hizo en Race to Witch Mountain, en Journey 2: The Mysterious Island, secuela de Journey to the Center of the Earth, esta vez sin Brendan Fraser, en la que aquel acompaña a su hijastro en una espectacular aventura a un mundo desconocido. Y todo ello en tres dimensiones.

Con él habló ¡holaLA! durante la promoción de la cinta en la capital de Hawai.

‘Journey 2′ bebe mucho del cine familiar y aventuras de los años 80, como ‘The Goonies’ o ‘The Never Ending Story’. ¿A qué se debe ese regreso a ese estilo de cine?

Porque esas películas eran entretenidas. Por ejemplo, The Goonies. La vi hace unos meses otra vez. Los personajes son geniales, hay aventura, la química funciona, está bien hecha… Lo que aportamos fue el entusiasmo y la ideología de ese cine y estructurarlo todo en una plataforma tridimensional. Está hecha en tres dimensiones reales.

El director del filme, Brad Peyton, tiene solo 32 años. ¿Como es trabajar con alguien tan joven?

Con los directores te preguntas si va a resultar una experiencia divertida estar a su alrededor durante meses. Cuando me cité con Brad, le pregunté qué directores le inspiraron y me dijo: ‘Steven Spielberg, sin duda’. Nunca un director me ha respondido eso. A veces pretenden ser algo intelectuales en sus inspiraciones… quizás pensando que… ¡no importa! Lo que importa es que Brad se inspiró en Spielberg para hacer una película encantadora y entretenida, con un director que entendió el plano y las 3D. Brad me comentó que el secreto es que la audiencia, en cada plano experimente algo especial: quizás no lo vean, pero hay algo único.

Existe una sensación de inocencia en el filme; una falta de sarcasmo, algo inusual en el cine de hoy en día.

Es verdad. Por naturaleza somos una sociedad cínica y eso aparece en el contenido. Cuando hay una película que no es así, resulta algo refrescante. Hay inocencia, encanto, diversión…

¿Cómo se planteó reaccionar como actor frente a intérpretes tan diversos como Michael Caine o Luis Guzmán?

Tienes que instintivamente balancear [su estilo]. Luis puede ser Luis, alguien muy divertido. Y yo tengo que ser hipersensitivo a eso. Al principio de mi carrera solía ser muy histriónico, cuando hice la transición de luchador a actor. La lucha profesional es puro histerismo, excesos… Ahora me muestro mucho más atento a eso.

Ahora es un productor. ¿Cómo uno aprende a ser un productor desde su experiencia como actor?

Siempre he estado abierto a la colaboración, con guionistas, productores, directores, ejecutivos de estudios. Hacer cine es un acuerdo de colaboración. Cuando empecé no tenía experiencia alguna: nunca fui a [la escuela de arte] Juilliard y tampoco crecí en el mundo del espectáculo. Así que cuando empecé me propuse aprenderlo todo desde una perspectiva del negocio, de la industria, de principio a fin. Todo. Entenderlo todo, incluyendo la producción, me benefició como actor. Ser productor es una faceta importantísima: tener un productor con personalidad es determinante. A la hora de producir Journey 2, es algo que fue de sentido común. Me gustó la idea de tener más control. No tiene que suceder con cada película, porque entonces tu carrera resulta demasiado vanidosa. Yo personalmente, cuando tenga sentido y sea apropiado, seré también productor. Y cuando no lo sea, cuando solo sea actor, seguirá dando el cien por ciento, seguiré colaborando con los productores. Pero hay algo maravilloso a la hora de crear desde el principio, de la nada, los personajes, las historias… Es un proceso muy educativo ponerte el gorro de productor.

Es una labor muy poco apreciada…

Efectivamente. Pero cuando lidias con un productor poderoso, te das cuenta del poder y la importancia que tienen, porque, como actor, me permite concentrarme en el trabajo, porque sé que todo está bajo control.