Jóvenes en centros de detención buscan amor

Un nuevo libro relata la experiencia de pandilleros y drogadictos de California que no encontraron afecto ni atención en casa.
Jóvenes en centros de detención buscan amor
Foto: Archivo

San Diego, California.- La educación y el desarrollo son las herramientas más efectivas para prevenir que jóvenes terminen en centros de detención, afirma el nuevo libro “Nacidos pero no criados- Voces desde el Centro de Detención Juvenil” de la fotoperiodista Susan Lankford.

El libro, dijo Lankford a Efe, presenta una crónica de la vida detrás de las rejas de los jóvenes detenidos en San Diego a través de sus testimonios, contextualizados con análisis de psiquiatras, neurocientíficos y expertos en el campo de la justicia juvenil.

“Queremos que el público esté más consciente de cuán desesperados estos jóvenes están por obtener amor y afecto, que no quieren estar involucrados con drogas pero que cada vez más los jóvenes en EE.UU. carecen de educación y sufren los efectos de familias de padres o madres solteros sin tiempo para ellos por trabajar en dos empleos”, dijo Lankford.

Para la autora, más importante que la etnicidad de los jóvenes o cuestiones de inmigración, son las fallas en las relaciones familiares los factores más importante que hacen a alguien caer en el sistema de detención juvenil, pues la falta de madurez lleva a estos jóvenes a pandillas, utilizar drogas o huir de la casa.

De acuerdo con un reporte de la Asociación de Gobiernos de San Diego (SANDAG), durante los últimos dos años cerca de 5,000 jóvenes en San Diego han pasado por el sistema correccional, más de la mitad de ellos hispanos, acusados de estar involucrados con pandillas.

El 76 por ciento de los jóvenes procesados está involucrado con alguna de las 170 pandillas que operan en el condado y que cuentan con alrededor de 7,700 miembros.

Este es el tercer libro de una trilogía en la que Lankford ha explorado la situación de indigentes y mujeres encarceladas en San Diego, en este caso visitando instalaciones tanto de hombres como de mujeres menores de edad en la ciudad a fin de hallar de propia voz el porqué del encarcelamiento.

“Les dimos fotografías mostrando tanto problemas sociales como de líderes y les pedimos que escribieran sobre sus sentimientos y pensamientos; en el caso de las mujeres pudimos trabajar con grupos pequeños de entre ocho y 12 personas por un período extendido, mientras que en el caso de hombres, que representan la mayoría de la población, trabajamos con grupos de hasta 60 personas, con cerca de 200 en total”, señaló.

Los jóvenes coincidieron en señalar que sus oportunidades de educación han sido limitadas, que necesitan fortaleza en sus relaciones, y que no saben como confiar en la gente, dijo Lankford.

Añadió que el testimonio de una joven hispana, cuyos nombre se reserva por razones de confidencialidad, muestra los retos que también los padres enfrentan, pues a sus 13 años fue retada por su madre a la ruleta rusa como una consecuencia de no saber cómo manejar la ira en su relación mutua.

Los jóvenes en el sistema se enfrentan a retos difíciles, que en el caso de otra joven hispana de 14 años, dijo Lankford, la cual había trabajado como prostituta desde que tenía 12 años y que es hija de una madre adicta en prisión, se extienden a desórdenes alimenticios.

“Los centros de detención pueden ser varias cosas para diferentes jóvenes; para algunos les da estructura y un sentido de pertenencia, incluso cometen pequeños crímenes a fin de volver, mientras que para otros es una continuación de su vida caótica afuera”, señaló.

En el libro, Lankford enfatizó la importancia de la educación y el desarrollo de jóvenes para romper con el ciclo de la violencia y de la conducta de alto riesgo, además de programas que una vez que están en problemas puedan ayudar a “una figura de apoyo consistente, suficiente, y que dé amor en la vida de los jóvenes, particularmente para aquellos en sistemas de crianza y hogares con padres solteros”, señaló.

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