Burbujas: El México que he vivido

En esta ocasión vamos a hablar de la situación en México como yo la veo, como yo la vivo y he vivido.

La imagen actual, siendo terrible, no es normal. Si le doy preferencia al aspecto trágico, a su origen y consecuencias, es para dejar claro que eso que está sucediendo no refleja el carácter, costumbres y cultura de México.

Algunas regiones del país sufren una lamentable violencia, guerra entre carteles de traficantes de drogas con sus negocios criminales, que usan el país, por su frontera con EEUU, como base para contrabandear drogas e importar armas.

¡Es un negocio sin patria!

¡Una sangrienta guerra comercial!

México era uno de los corredores por donde pasaban cocaína de Colombia a EEUU y producía marihuana hacia el mismo destino.

No sé qué tan importante era el negocio antes, pero sí que era más discreto y mucho menos violento.

Conforme el incontrolado consumo de drogas en EEUU fue creciendo, crecieron también, y brutalmente, los ingresos para negociantes del vicio.

Las tradicionales corruptelas (“mordidas”), una especie de “gratificaciones” deshonetas, para activar la burocracia o evitar penas por infracciones a las leyes, fueron superadas con grandes participaciones o protecciones corruptas de funcionarios y políticos en el “negocio”. A sus manos fluían grandes cantidades como “pago por paz y tranquilidad”.

Decía el general Obregón que no había general que resistiera un cañonazo de 50 mil pesos, y ese dicho de hace casi un siglo aún tiene validez, solo que ahora los cañonazos hacen ricos a algunos de la noche a la mañana.

La impasibilidad del presidente gris, Miguel de la Madrid, no sé si por desconocimiento o incapacidad, abrió puertas al crecimiento de este negocio. Salinas de Gortari, quien le siguió, no puedo asegurar si participó, pero permitió que su hermano Raúl hiciera una fortuna lavando dinero y protegiendo “el negocio”.

El presidente Cedillo, quien llegó de casualidad, tras el “asesinato politico” del candidato Colossio, no combatió con fuerza a nadie.

Este gigantesco grupo de participantes corruptos, de todos los niveles, evitó que se combatiera los carteles cuando todavía era tiempo y, además, como en EEUU se hacía poco o nada para abatir el consumo, el negocio floreció y hubo más recursos para corromper.

Fue hasta que la ambición de los participantes rompió la armonía entre los carteles que, para conservar su inmenso negocio, usaron sus muchos millones de dólares para matarse entre ellos.

La incolora actuación de Fox, mas interesado en los negocios familiares que en combatir a los carteles, la heredó Calderón, que llegó a la Presidencia en una elección dudosa, un país donde los carteles gobernaban varios Estados con sobornos y violencias.

La precipitada acción del presidente Calderón convirtió su deseo de limpiar “eso” en una costosísima guerra con varios frentes y miles de muertos.

Ante la corrupción policiaca -de todo tipo de policías- Calderón metió a las Fuerzas Armadas del país a esa guerra que se convirtió así en una lucha sin frentes de batalla; por un lado las Fuerzas Armadas del país contra los carteles de los que se sabían (saben) ciertos nombres pero hay miles de enemigos desconocidos más la lucha de los carteles entre si.

Esos carteles, enemigos de las fuerzas publicas, cuentan con inmensos recursos con los que corrompen a políticos, funcionarios y policías en ambos lados de la frontera y que con sus millones adquieren armas modernas en abundancia no solo para la defensa de su “negocio”, sino para acabar con los miembros de otros carteles o aquellos civiles, políticos o policías, que osan enfrentárseles.

Es una guerra inganable… No se sabe quiénes son los enemigos; no hay quien pueda rendirse, ni con quién pactar un armisticio y solo se cuentan los muertos, muchos ajenos al “negocio”.

¡Toda esa violencia es producto del crimen internacional!

El hampa, sabiendo que toda violencia va a ser atribuida a los negociantes de las drogas, ha hecho su agosto; los secuestros son el pan de cada dia.

¡Todo eso sucede en México, pero no es México!

Es un problema de ambos países, EEUU y México, más otros productores o consumidores, y los mexicanos pagan con miles de muertos.

Y ya hablaremos del verdadero México; el de su cultura milenaria, el del pueblo hospitalario, el de sus pobres que cantan y aman las flores, el de sus 11 mil kilómetros de costa, sus serranías y trópicos, sus frutas y vainilla, de pueblos de casitas de adobe pintadas de bouganvilias, el del respeto familiar, el de las ferias populares, el religioso con tintes de paganismo, el de diversas razas indígenas y el México del arte y folclore y el de su variedad de cocinas.

Ese México no violento que es música, sabor, color y calor humano…

México es, actualmente, la ultrajada hermana y novia de los mexicanos victimas de un “negocio” de corruptos.