Por los caminos del sueño

Estamos hechos de la misma tela de nuestros sueños, dicen que dijo Shakespeare. Y el adagio latino notifica: dormir es necesario, vivir no.

Ocho o nueve semestres después del Big Bang, el sueño hacía las veces de periódico. Una Internet de pedal.

Del sueño se valía Dios para dar las grandes noticias. Cuando se cansó de hablar solo, creó a Adán. Y para buscarle compañía le deparó el sueño. Cuando despertó, se encontró en lacompañía de Eva.

Dios lo inventó todo, incluidas las nubes. Desde una de ellas les habló a Adán y Eva para notificarles que se les acababa el Edén. A pagar arriendo, ¡carajo!

El ronquido no es más que el editorial del sueño. Roncar es soñar en voz alta.

Cuando apareció el eco, todo el mundo pensó que desaparecería el sueño como medio de comunicación. Luego ocurriría lo mismo con la TV: se les decretó la muerte a las radios. Ahora decimos que Internet anulará prensa, radio y televisión. No pasará nada al fin.

Cuando Jesús resucitó a Lázaro, aclaró que no había muerto, que apenas estaba dormido. La muerte, entonces, es una forma apocopada del sueño.

Es el mejor invento. Por encima de la mujer que es el segundo, sin discusión. Y el mayor regalo del homo sapiens.

Estar vivos toda la vida sería tan traumático como estar muertos para siempre. Lo mismo con el sueño: nada sería más aburridor que estar siempre despiertos.

Los especialistas consideran que lo normal es dormir entre 6 y 8 horas diarias.

Hay sueños minúsculos, bonsái: se llaman siestas -mitacas oníricas- y son pequeñas muertes ficticias. Un expresidente colombiano, César Gaviria, hacía varias al día para reinventarse. En esa medida, gobernar es soñar.

El sueño es una mezcla de siquiatra y de cirujano plástico. Y dormir es ahorrar en ambos profesionales. “El sueño es un tratamiento de belleza”. (Con las comillas me ahorro el crédito y notifico que estoy pirateando la frase).

Los hay que lo utilizan como herramienta de trabajo, conejillo de indias. Por ejemplo: Freud y sucesores leen el pasado en nuestros sueños, con la misma facilidad con que las gitanas desentrañan el futuro en nuestra mano.

El mejor consejero siempre ha sido el sueño. Y no pasa la cuenta. Nos guarda el secreto. Dejémoslo trabajar tranquilo.

También a veces nos levantamos de mejor semblante, nos sentimos pintosos. Tom Cruise o Brad Pitt nos quedan a la altura del betún. El primer desdén femenino nos pone en nuestro sitio.

Soñar dentro del sueño es poesía pura que escribimos dormidos.

Dormidos, se resetea el cerebro, para decirlo en términos cibernéticos.

Dormir es una forzosa primaria a través de la cual nos acostumbramos a la muerte. Cuando esta venga, no nos tomará de sorpresa. (Además, si todos nos hemos de morir, el asunto no es tan grave. Dicen).

“Felices sueños”, nos deseaba irónicamente el diminuto y rechoncho Hitchcock al final de sus películas. Lo mismo les deseo para cerrar este somnoliento artículo.