Diabéticos con paso firme

Para evitar amputaciones las personas con este mal deben cuidarse los pies
Diabéticos con paso firme
Más de la mitad de afectados por la diabetes en Nueva York son hispanos.
Foto: archivo

Nueva York — Las amputaciones de dedos, pies y piernas constituyen una de las complicaciones más comunes y peligrosas entre las personas que sufren por largo tiempo de diabetes.

Según la Asociación Americana de la Diabetes (AAD, en inglés), en un año se realizan cerca de 66,000 amputaciones de extremidades inferiores en pacientes que padecen de esta enfermedad crónica e incurable.

Aunque las estadísticas no están divididas por grupos étnicos, se sabe que los hispanos presentan altas tasas de amputaciones causadas por la diabetes. La razón, según expertos, se debe a la falta de educación y conocimiento en torno a los cuidados que deben tener, así como a los tratamientos oportunos.

Este el caso de Emerita Drake, una panameña de 54 años que reside en Nueva York y quien, a causa de la diabetes tipo 2, ha sufrido varias amputaciones en sus pies.

“En 2004 mi circulación no estaba muy buena y me quitaron dos dedos del pie derecho, porque tenía una infección. (…) En el 2007 tuve otra infección grande en el pie izquierdo, que me estaba entrando en los huesos y me tuvieron que quitar todos los dedos de ese pie, porque ya no se podía hacer nada”, se lamenta la mujer.

Drake ha sufrido de diabetes por casi tres décadas y se enteró que tenía la enfermedad cuando estaba embarazada del primero de sus dos hijos (diabetes gestacional). Como muchos latinos que sufren de esta afección, la mujer comenzó a cuidarse cuando ya estaba presentando complicaciones serias por la enfermedad.

“La diabetes me afectó tanto, que comencé a tener complicaciones con la circulación de la sangre. A los cinco años me combinaron la insulina con pastillas, pero no podían hacer nada porque el azúcar ya estaba muy alta”, comenta Drake.

“La diabetes es una enfermedad silenciosa. Comienza a afectar todos los $u0243órganos por dentro y después va hacia afuera. Muchos latinos tienen la diabetes y no lo saben, por ello se deben ir a chequear cada seis meses”, exhorta la mujer que, además de amputaciones, tiene un riñón dañado, por lo que debe someterse a diálisis tres veces a la semana.

Según la AAD, los latinos tienen más del doble de posibilidades que los blancos no hispanos de sufrir de diabetes tipo 2. Se estima que más de dos millones de latinos sufren la enfermedad en EEUU (10.2% de todos los hispanos).

“A mí me gustaría ver una reducción en las amputaciones en los latinos, porque los porcentajes son muchos. Por eso queremos educar más a la comunidad hispana, porque este es un problema que no se puede ignorar”, dice el doctor Iván González, cirujano de los pies y especialista en diabetes del East New York Diagnostic and Treatment Center, en Brooklyn.

¿Por qué hay amputaciones?

Las personas que tienen diabetes, especialmente aquellas que la han padecido por más de 10 años, pueden sufrir una complicación llamada “pie diabético”. El exceso de glucosa en la sangre —hiperglucemia— produce deficiencia en la circulación y causa daños en los tejidos y en el sistema nervioso y vascular (de los miembros inferiores), lo que produce insensibilidad y cicatrización lenta de llagas e infecciones.

“Los diabéticos sufren mucho de enfermedades micro-vasculares, que son las que afectan las arterias y los capilares (vasos sanguíneos muy finos) en los dedos de los pies”, explica el doctor González.

“También produce neuropatías, una enfermedad por la que no se siente la percepción del dolor, es decir que los pies se sienten dormidos. Muchos de mis pacientes me dicen ‘doctor siento que estoy caminando en algodón, como que los pies no me pertenecen'”, comenta el doctor González, que también trabaja en el Kings County Hospital.

“Esos mismos son los pacientes que van a la playa y aunque la arena esté caliente no la sienten. Yo tuve una paciente que estaba acostada al lado de la calefacción toda la noche y como tenía neuropatía no sintió que sus pies se estaban quemando y vino con quemaduras muy graves y hubo que amputarle los dos pies”, narra González.

Según el especialista, cuando una persona tiene neuropatía y falta de circulación es más propensa a desarrollar lesiones en los pies que muchas veces terminan en infecciones. “Por falta de circulación cualquier cortadura en el pie no se puede sanar. Si el paciente no tiene sensación puede que tenga una úlcera y sigue caminando y el hueso se infecta, y si eso pasa hay que hacerle la amputación”, agrega el experto.

“El 70% de las amputaciones en este país, que no son causadas por accidentes, se deben a la diabetes. Las am$no sólo ocurren en personas mayores, porque la diabetes es una enfermedad que no discrimina”, informa el galeno, quien dice ser un apasionado de la educación de los latinos para que prevengan la diabetes, enfermedad que mató a su tío.

Hispanos pagan un alto precio

Muchas mujeres y hombres hispanos que sufren amputaciones debido a la diabetes son jóvenes en edad productiva. Este es un precio muy alto que deben de pagar no sólo ellos sino toda su familia.

“Se ven muchos hispanos jóvenes, activos, que trabajan en construcción o en empleos en los que tienen que estar de pie, y que debido a las amputaciones se convierten en discapacitados y pierden sus trabajos y por ende no pueden mantener a sus familias”, se lamenta el doctor González.

Esta dura realidad la vivió en carne propia Emerita Drake, quien debido a sus amputaciones tuvo que dejar de trabajar y comenzar a recibir ayuda por discapacidad. “Fue un cambio muy grande en mi vida porque después de la amputación estuve en una silla de ruedas por seis meses. Yo era muy activa. Era trabajadora social de la ciudad, en el Departamento de Hogares de Crianza para Niños y caminaba hasta 30 cuadras. Ahora estoy muy limitada y no puedo caminar mucho porque al amputarme los dedos de los pies ya no tengo el mismo soporte”, comenta Drake.

Otras complicaciones de la diabetes son alta tensión arterial, ataques cardíacos, apoplejías, deficiencias renales, ceguera y hasta la muerte.

pedro.frisneda@eldiariony.com