Azota soledad al HDC

El monstruo de las mil cabezas se queda dormido y cunde la tristeza
Azota soledad al HDC
Con un Home Depot Center vacío se realizó ayer la jornada final del Grupo B del Preolímpico de la Concacaf.
Foto: FOTO: ABRAHAM NUDELSTEJER / La Opinión

No hubo motivación alguna que lo hiciera reaccionar de su letargo.

Lozas de concreto, vigas de acero, gradas de aluminio, asientos de plástico, es el panorama desolador que prevaleció ayer en el Home Depot Center.

A pocos, muy pocos, les interesó acercarse al coloso de Carson para ver la jornada final del Grupo B del Preolímpico de la Concacaf.

Conforme se acercaba la hora del primer partido de la jornada entre Honduras y Trinidad y Tobago, el sentimiento de soledad se hacía más grande en el estadio.

Agentes privados de seguridad vestidos con chamarra roja se apostaron en los cuatro costados de la cancha.

Sus ojos, como lo requiere su manual de entrenamiento, estaban concentrados en la gradería, ahí donde suelen congregarse miles de personas.

Ayer, los encargados de vigilar el comportamiento de los aficionados, no tuvieron nada más que hacer que observar butacas vacías.

Los encargados de crear un ambiente de fiesta en este tipo de competencias no desfallecieron en su intento de hacer pasar un buen rato al puñado de fanáticos presentes.

El sonido local dejaba escapar música de mariachi, batucada brasileña, rock inglés, pop estadounidense.

Ni las canciones de Ricky Martin, Juanes, Chayanne o Cristina Aguilera fueron capaces de hacer desaparecer el sentimiento de tristeza por la falta de público.

Las notas musicales se las llevó el ligero viento que soplaba en el lugar y que hacía hondear las banderas de los países participantes en el torneo.

Ayer, el escenario en donde generalmente existe un ambiente electrizante, donde la pasión es compañera inseparable de los gritos de ¡gooool!, se convirtió literalmente en un verdadero cementerio.

La ausencia de los fanáticos que suelen asisitir a los partidos con pancartas de apoyo, con camisetas multicolores, con trompetas de plástico para hacer ruido, dejó muy en claro que el futbol no es nada sin ellos.

Los que ponen el talento en la cancha son los futbolistas, pero los que despiertan al gigante dormido, al monstruo de las mil cabezas, los que hacen correr la adrenalina de los protagonistas de un juego de balompié son los aficionados.

La gente que paga su boleto, que avienta porras, que abarrota los puestos de comida y recuerditos, la gente que grita de emoción, la gente que le da vida al futbol, esa gente, ayer, no estuvo presente.

Los encargados de revisar los boletos en los diversos accesos del estadio, se quedaban viendo los unos a los otros, no había trabajo que realizar.

Los empleados de los puestos de comida y bebidas, que suelen correr de un lado a otro para atender de la manera más rápida a sus clientes, estaban apoyados en sus respectivas cajas registradores con la cabeza reclinada en una de sus manos.

Al caer la noche y encenderse el alumbrado para el juego México-Panamá las gradas del estadio estaban más pobladas.

Aún así, los seis mil espectadores que asistieron al HDC, que tiene aforo para 27 mil, no lograron crear la magia de otras ocasiones.

El de ayer fue un martes triste en Carson, fue un día en donde el Home Depot Center se convirtió en un cementerio sin cruces, sin epitafios, sin tumbas, pero al fin y al cabo, en un cementerio.