Un DREAM Act del GOP

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La elección primaria republicana aisló a un importante porcentaje de votantes latinos con posiciones recalcitrantres y punitivas en el tema de inmigración. Los precandidatos presidenciales compitieron en quien más duro -e irracional- para ganar el voto que resiente la presencia inmigrante.

Ahora, con la nominación prácticamente asegurada por Mitt Romney, llegó la hora para recuperar una parte del voto hispano, el cual es vital, como lo demostró George W. Bush para que un republicano llegue a la Casa Blanca. El problema, como todo lo que se improvisa, es la estrategia para disminuir el daño causado por la primaria; el conflicto interno dentro del campaña sobre el tema y la negativa del candidato para aclarar la confusión.

En principio el senador republicano, Marco Rubio, quien respalda a Romney, está explorando una versión distinta del DREAM Act que originalmente da un camino a la residencia y ciudadanía a los estudiantes indocumentados que fueron traídos al país de pequeños y ahora quieren estudiar en la universidad o servir en la Fuerzas Armadas.

La propuesta de Rubio, hasta el momento, otorga a estos estos estudiantes una visa de inmigrante renovable sin crear un camino especial a la residencia y ciudadanía. Nos preocupa que esto lleve a una nueva categoría de inmigrantes por tiempo indefinido sin un lazo que dé acceso a una tarjeta verde. En la práctica, estos estudiantes, que no conocen otro país más que Estados Unidos, quedarán como ciudadanos que aportan impuestos sin derecho a votar.

Rubio dice que hay que ser realista para lograr un acuerdo bipartidista. Creemos que el DREAM Act, aparte de ser una inversión nacional, es un acto de justicia que corrige un castigo inmerecido por estos estudiantes. La propuesta de Rubio es insuficiente en este aspecto.

No somos los únicos descontentos con esta propuesta. Kris Kobach, autor de la SB1070, asegura que la idea de Rubio es una amnistía y, asumiendo su papel de asesor del candidato en cuestiones migratorias, dijo que no espera que Romney acepte la propuesta de Rubio.

En resumen, la intención de mostrar un lado más razonable hacia los inmigrantes pasa a ser otro ejemplo de inflexibilidad en la campaña republicana. Sería útil que Romney exprese si está con Rubio o Kobach, pero el candidato conocido por sus cambios de posturas, hoy prefiere estar con Dios y con el diablo. Esto no es liderazgo.

La impresión que queda es que Rubio está perdiendo el tiempo en lo que es un maniobra política para remendar el daño realizado.

Es una pena que los republicanos no puedan vencer el extremismo antiinmigrante porque podrían ser una opción política para competir por el voto hispano. Sin embargo, todavía no se ponen de acuerdo si hay que deportar a estudiantes o darles una categoría indefinida de inmigrante a quienes arriesgan su vida en las Fuerzas Armadas. ¡Vaya opciones!