Hispano fabrica ‘contenedores solares’

El puertorriqueño afirma que su producto sirve para compactar los desperdicios

Contenedores Big Belly en la esquina de la calle 149 con la Tercera Avenida de El Bronx.
Contenedores Big Belly en la esquina de la calle 149 con la Tercera Avenida de El Bronx.
Foto: Juan Matossian / EDLP

El Bronx – Franklin Cruz, de origen puertorriqueño y presidente de Direct Environment Corporation (DEC Green), presume de ser el único empresario hispano de Nueva York dueño de una compañía que se dedica expresamente a fabricar productos que cuidan el medio ambiente y se sirven de las energías renovables.

Su producto estrella es “Big Belly” (“Gran panza”), un contenedor de basura que tiene la cualidad de compactar los desperdicios que se depositan en él de manera automática mediante un sofisticado sistema informático que se alimenta únicamente con energía solar.

Cada vez que la basura llega a su límite en el contenedor, un dispositivo se activa en “Big Belly” que pone en marcha una prensa que compacta su contenido, permitiendo almacenar hasta cinco veces más desperdicios que en un contenedor de basura normal.

Además, cuando llega realmente al tope de su capacidad, emite una señal que es recibida por teléfono móvil, para que los camiones sepan a donde tienen que dirigirse para vaciarlo.

“No sólo es bueno para el medio ambiente al evitar que la basura se amontone en la calle, sino que además ahorra muchísimo dinero”, dice Cruz. “Los viajes en camión para recoger la basura se reducen en un 20%, por lo que la Ciudad gasta y contamina menos”.

Estos innovadores contenedores se empezaron a instalar hace cuatro años en distintas zonas de El Bronx, ya que, entre otras cosas, este condado tiene los índices más altos de asma de todo el estado de Nueva York. Se pensaba que reducir las emisiones de dióxido de carbono iba ir en beneficio de sus habitantes.

“Al principio lo mirábamos raro y algunos no nos atrevíamos a utilizarlo, pero ahora todo el barrio nos hemos adaptado al contenedor”, cuenta María del Amo, que vive en Melrose Avenue, en El Bronx, cerca de donde se encuentra uno de los “Big Belly”.

“Es verdad que notamos que la basura se acumula menos y a mis hijos les hace gracia el sonido que hace cuando aplasta lo que lleva dentro”.

Los contenedores se han ido poco a poco expandiendo por los cinco condados de la ciudad, hasta alcanzar la cifra de casi un centenar, pero Cruz asegura que están trabajando para que ese número aumente.

“Nuestro contenedor ha demostrado que puede ser instalado además en parques y espacios naturales porque está diseñado especialmente para que los pájaros y los pequeños animales no se queden atrapados en él”, dice el presidente de DEC Green.

“Y también tenemos un modelo que funciona en interiores consumiendo muy poca energía eléctrica y que sería ideal para ser instalado en el metro”, agrega.

Cada “Big Belly, que suelen ser instalados a pares –uno para desperdicios y otro para basuras reciclables–, cuesta unos $4,000, bastante más que un contenedor normal, aunque, como dice Cruz, “es como cuando te compras un coche: el que consume menos te va a costar más caro, pero a la larga te sale más provechoso”.